Me encanta escuchar al padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, organización creada en 1962 y centrada en la atención y promoción social de personas desfavorecidas en España y en otros 79 países. “Nunca hubo tanta solidaridad como ahora, ni tantas personas buenas”, decía. “Los políticos hacen un mundo mejor. No es que haya mucha gente mala, hay gente enferma”. Y digo yo: enferma de codicia, de soberbia, de inferioridad.
Te suelta eso en un momento en que la inmensa mayoría piensa que el mundo no puede estar peor. Y viene Chencho Arias y te dice que de eso nada, que en un mes y medio lo de Irán se resuelve y que Trump no aguanta dos meses más con el petróleo subiendo. Rosalía Mayor, como moderadora, no se moderó mucho y no confiaba en tan pronta solución. Ja vorem. La verdad es que el mundo lleva milenios en crisis total.

Los pompeyanos vieron su fin creyendo que era universal. En el año mil hubo quienes anunciaron el apocalipsis por el cabalístico fin de los tiempos, aunque la mayoría de la población apenas sabía en qué año vivía. El Medievo era maravilloso en eso: se sabía cuándo sembrar, cuándo labrar, cuándo pagar diezmos y primicias, cuándo se podía cazar o pescar… pero no la fecha exacta. Los días sí, porque se contaban de domingo en domingo, con misa y descanso obligatorio.
Volvió el temor entre los intelectuales en 1033, por el milenio de la crucifixión de Jesús. Tampoco pasó nada. Pestes, epidemias y guerras globales nos llevaron desde 1348 hasta nuestro COVID con la misma sensación recurrente de que ahora sí, que esta vez nos vamos al garete. Pero no.
Como escribió Ana Frank: “A pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena de corazón”.
Claro que ahora tenemos además el conocimiento y la certeza de que Atila tiene nombre y apellidos, y de que estamos bastante locos en general. El mundo es antropocéntrico, geocéntrico y estupicéntrico sin aparente solución.
Pero hay días en que, gracias a gente como María Parra, Ginés, Tomás y tantos otros voluntarios, te llegan a los oídos palabras de un casi nonagenario que sigue siendo optimista con el futuro y que, según su experiencia, afirma que el mundo está cada vez mejor. Porque quizá tenga razón.

Como dijo Ángel Expósito en su visita a Alicante el año pasado: “El mundo actual está en su mejor momento si tienes un dolor de muelas”. Y no le falta lógica. Es cierto que la tecnología que hemos desarrollado no sabemos muy bien si se nos ha ido de las manos. Pero creo sinceramente que lo que tenemos delante con la IA es, sobre todo, una gran oportunidad. Coincido en eso con gente como Arturo Castelló, responsable de Las Naves en Valencia, que también ve en este avance una oportunidad aunque implique costes y fricciones. Porque en realidad es una renovación. Una forma forzada de desnormativizar maneras de funcionar carpetovetónicas que deberían haber sido erradicadas hace décadas: el “vuelva usted mañana”, el “primero mande un email y le contestamos” —ni de coña normalmente—, el “¿tiene cita previa?”.
Todo trabajo que una máquina pueda hacer mejor que quien lo hace hoy merece, como mínimo, una reflexión seria. Les hemos entregado los datos. No del todo el conocimiento, como bien apuntó en los prolegómenos de ese mismo acto Manuel Desantes. Claro que es mejor verlo todo con esperanza, con optimismo y con esa perspectiva que muchas veces solo da la experiencia. Aunque luego llega el telediario, flipas, y piensas: el padre Ángel no ve la tele. O quizá sí. Quizá simplemente ha vivido lo suficiente como para saber que el ruido siempre parece más grande que la esperanza.
Y que, pese a todo, el mundo sigue avanzando porque hay más gente construyendo que destruyendo, más personas ayudando que gritando y más bondad de la que solemos estar dispuestos a reconocer.
Como decía Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Y probablemente ya lo esté haciendo.
Haciendo amigos.
PD. Apúntense al curso gratuito del voluntariado que han puesto en marcha estas buenas personas. La info aquí: escuelaoficialvoluntariado.org













Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo. Hay muchas buenas personas. Llevan razón el padre Ángel, Ana Frank y… Pero los que tienen poder y más poder, desgraciadamente, son malísimos. Eso no impide que mantengamos la esperanza. Gran artículo y muy oportuno.
Un abrazo Sr
Acciones acciones acciones necesitamos para mejorar la convivencia humana… Si existe la maldad por debilidad enfermiza (lo descubrí y sufrí en esta vida) más todavía existe y crece la bondad y la valentía de amar y la implicación individual…
Abrazo fuerte…
bravo