Tenía en mi agenda mental varios ‘temas menores’ para mi escrito de esta semana; asuntos diversos, de no gran calado, que decidí comentar con los lectores. Unos me vinieron a la cabeza paseando por la calle o viajando en autobús y otros leyendo periódicos digitales, como acontece con el primero de la serie. Se trata de un artículo de opinión con título muy llamativo: “El ‘Guernica’ de Ayuso y la Dama incómoda de Elx”. Estaba claro que el autor no iba a atribuir a la presidenta de la Comunidad de Madrid la autoría del cuadro de Picasso, pero sí la culpa de que la obra no vaya a viajar al País Vasco como exige su presidente. ¿Es lógico tratar de culpar a Isabel Díaz Ayuso de una decisión que ha tomado Ernest Urtasun, ministro de Cultura del Gobierno de Pedro Sánchez? No parece ético castigar a Isabel por algo que ha hecho Ernest. Dice el articulista: “La polémica por el traslado del famoso cuadro de Picasso revela la habilidad de Madrid para convertir sus intereses en un supuesto sentido común central”. Y en el mismo saco mete las negativas al traslado de la Dama de Elx al municipio de su origen ibérico. El no distinguir entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España radicado en la capital de España y no en la capital de la Comunidad de Madrid, hace desbarrar, por último, al autor del artículo con este desafortunado texto: “Al final, el verdadero provincianismo consiste en creer que el origen legítimo de todas las cosas sigue estando en Madrid”. Evidentemente el autor confunde el culo con las témporas (gravísima confusión) y muestra una no justificada animadversión a Ayuso y a la capital de la Comunidad de Madrid, dejando inmaculados a Ernest Urtasun y a su presidente Sánchez.
Mi segunda reflexión tiene que ver con la Junta de Hermandades y Cofradías de Alicante y con lo que considero pequeños fallos en la organización de la última de las procesiones de Semana Santa, la del ‘Encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen de la Alegría’ en la Plaza del Ayuntamiento. El lugar, excelente. Una plaza muy bonita, aunque pequeña, incapaz de acoger a la multitud de fieles que se congregan para disfrutar del fin de la pasión de Cristo y de su manifestación triunfante tras la muerte en la cruz. Baja la Virgen por las escaleras de la cercana Basílica de Santa María y espera la llegada de su hijo que viene por el arco próximo a la Plaza de la Santísima Faz. Y cuando llega a la del Ayuntamiento no se entiende que las imágenes permanezcan quietas unos pocos minutos que a los espectadores se les hacen muy largos y sin sentido, pues lo normal es que nada más aparecer la imagen del Resucitado vaya la Virgen a su encuentro y suenen las notas del himno nacional mientras miles y miles de aleluyas caen de los balcones de la casa consistorial lanzadas por manos humanas y no por unos cañones que hacen humo y un ruido infernal que impide escuchar las notas del himno.
La tercera de mis ‘comparecencias’ tiene que ver con la conquista, por las mujeres, de espacios ocupados tradicionalmente por los hombres. Y ahora me refiero a las conductoras de los autobuses urbanos de la capital de la provincia. Hasta hace tres o cuatro años era raro ver a mujeres al volante de esos recorrecalles que tanto facilitan el desplazamiento por la ciudad. No conozco el porcentaje, pero se las ve ya con frecuencia. Señal de que vamos avanzando por el sendero de la igualdad de oportunidades. Yo las saludo cuando subo al ‘bus’, incluso antes de marcar con la tarjeta. Casi nadie, ni mujeres ni hombres, saluda a conductores y conductoras. Tampoco saluda nadie al sentarse al lado de otro viajero o viajera. Yo lo hago siempre, lo mismo cuando llego que cuando llegan y no dicen ni ‘mu’. Generalmente contestan y sonríen. Les extraña, pero hasta te cuentan, como el autónomo de ayer, que no puede contratar a un trabajador porque la Seguridad Social está por las nubes. Me gusta hablar y compruebo que a casi todo el mundo le gusta que le saluden y le hablen. Pero reconozco que, por principio, la gente no es habladora, como si pensara que lo que diga puede ser utilizado en su contra. Hay mucha incomunicación… salvo por las redes sociales, que pueden ser muy peligrosas.
Acaso todo es peligroso, incluso el ‘No a la guerra’. Yo prefiero el ‘Sí a la paz’. Incluso más, el ‘Sí al amor’ entre todos los seres humanos y ‘a’ todos. Grandes pequeñeces.













Sí a la paz, sí al Amor, sí a la curiosidad innata (más si buscamos la verdad y la convivencia) del ser HUMANO…
Gracias
Pedro Jesús… y Silvestre…