Llegó al Ayuntamiento en un momento complicado. El pueblo soberano había decidido cambiar de alcalde, quitar a Ángel Luna y poner a su gran amigo Luis al frente de la ciudad. Cuando nadie salió a alegrarse, él sí, en Información y a toda página.
Le tocó Turismo y Fiestas, dos concejalías con mucha visión y exposición pública. Le echó bemoles; Turismo venía de una auténtica revolución en la ciudad. Alejandro Bas y Ángel Cano lograron poner el Patronato de Turismo en un lugar no alcanzado todavía a nivel promoción nacional y, además, juntar al sector por primera vez desde tiempos muy pretéritos.
Pepe llegó a los bajos del Ayuntamiento, según se entra a la izquierda, a Turismo, con ansias renovadoras, como era normal pero, como persona inteligente que era, supo aprovechar lo bueno del legado anterior como debiera ser siempre y casi nunca es. Lo cierto es que con esa voz suya peculiar y grave empezó a defender su ciudad y a difundir por ferias nacionales e internacionales las bondades de nuestra terreta. Molt alacantí, promocionaba Alicante igual en la BBC que tomando vinos y cerrando las tabernas de Valladolid, en esto no había otro como él.
En Fiestas sé menos de su gestión, pero recuerdo que le encantaba la Semana Santa y que alguien quiso venderle un ciclo de música sacra para hacerle la pelota y le mandó a freír monas. También recuerdo que a los organizadores del carnaval (gente generalmente poco dada a que la controlaran) les mantuvo la importante subvención anual pero les dijo que quería estar en todos los actos y en todo aquello que hicieran. Rieron, ya que pensaban que aquel “abuelete” no aguantaría ni un día de marcha; los tumbó a todos. Era así.
Otro día de muchas risas fue cuando le propusieron organizar un campeonato internacional de culturismo y le presentaron el vídeo del anterior certamen y dijo “bueno, os ayudaremos, pero a mí estos tíos me parecen alacranes”.
Hay personas que sobresalen por sus conocimientos, por su posición o por lo que dicen ser. Pepe sobresalía, y mucho, por su cercanía y por su siempre buen humor y simpatía tanto para halagar como para criticar. Era esa persona siempre rodeada de amigos, sin etiquetas y sin importarle mucho lo que pensaran de él; una envidia y una excepción hoy en día.
La Feria de Valladolid de 1996, por otros motivos, cambió mi vida y yo estaba allí por orden y encargo de Pepe, visitando colectivos, agencias de viajes y hablando bien de Alicante entre vino y vino.
Pepe, si te ponen una calle que sea cerca del Capri.
¡Pito, que la tierra te sea leve!
Haciendo amigos.













Lo mejor de Pepe Pamblanco es que era una buena persona, ‘más bueno que el pan’… del color que sea.