Impulso irresistible

No esperemos a que todo vuelva a ser como antes

Fotografía: Avi Chomotovski (Fuente: Pixabay).

Hace tiempo que ya era la hora de volver a empezar. Si aún estamos así, con dudas, con miedos, con permanentes sobresaltos cuando nos vamos enterando de nuevas cosas negativas que nos siguen sucediendo a causa de la pandemia que nos reina o gobierna, es que no le hemos cogido todavía el “tranquillo” que nos permita levantar la cabeza y el cuerpo entero que está más arrugado que un acordeón. Nos hemos entendido siempre (y hasta nos hemos enamorado) con el famosísimo Begin the beguine, un himno para ser bailado en cualquier tiempo y lugar, pase lo que pase, venga quien venga, salga quien salga, gane la copa o la recopa quien haya sabido hacerlo entre tanto barullo y pillería. O sea, que lo que tenía que hacerse (aunque no todo) se ha hecho con los mimbres de que han podido beneficiarse otros que a lo mejor no constaban en ninguna lista de esperanzados o hacedores de cola para ver al médico, para ver si estamos inscritos como adjudicatarios del suministro de la vacuna, en este lugar y en este día y esta hora.

El médico psiquiatra nos recuerda, con expresión de convencimiento, que no esperemos que todo vuelva a ser como antes, que hagamos las cosas de una manera nueva, partiendo de una estrategia de futuro que se apoye en aprovechar las oportunidades que siguen estando en su sitio, incluso otras que acabamos de descubrir observando con el curioso rabillo del ojo que siempre acaba por descubrir que teníamos ingenio y le sabemos dar vueltas a las cosas para sacar el hilo de alambre por donde nos parecía imposible e inaudito. Muévete, te dicen, y sabes que tienen razón, y tú, dale que dale con el aguijón o con la aguja de marear. Hay que salir del agujero en el que nos han metido las noticias, los datos negativos, lo que vemos.

Los amigos y los voluntarios (personas que nos quieren aunque no nos conozcan y que su consigna primera consiste en recordarnos que ser supervivientes es tener gente a nuestro alrededor que está bien dispuesta para ayudarnos, tanto en lo físico como en lo moral o intelectual) nos están sugiriendo que hagamos (con el doble sentido de no mirar hacia atrás y levantar de una vez la cabeza despejando las moscas que se habían adherido y acomodado a lo que no estábamos usando de nuestras propias energías). Nos aconsejarán que probemos con hacer cosas nuevas dándole a la imaginación como si nos hiciéramos una estrategia de futuro, aprovechando la oportunidad de no haber cogido manías ni vicios en la enfermedad que habrá que reconocer que hemos tenido porque si no lo hacemos no vamos luego a poder presumir de haberla vencido.

Fotografía: Pexels. (Fuente: Pixabay).

Así, pues, pongámonos a hacer cosas nuevas siguiendo el estatus de vida que nos brinda la realidad de tener consciencia y saber manejarnos en lo físico lo poco que podamos (y que, sin duda, podemos). El doctor psiquiatra con el que hemos hablado (gracias a sus interesantes consejos y razones que tiene escritos para que los ojeemos cuando mejor nos venga) nos dice desde el principio: el miedo es el mensajero. Muy bien, quédate con su mensaje y luego despídelo. Eres relacional desde el primer instante de tu existencia. Establece un equilibrio sano entre darte y cuidarte, ayudar y ser ayudado. No te olvides de que eres un mamífero que necesita sus horas de sueño, comer con orden, ver por dónde va este día el astro sol y darle algunos saludos de tu parte, lleva precaución ante los cambios ambientales, y deja en libertad tu pensamiento para que invente aventuras o discursos necesarios. Pienso que este tiempo no está perdido, sino que se puede invertir a dedicar y ofrecer en lo que de verdad da fruto. Y que no se nos olvide dar gracias a la vida y celebrarlo con la creatividad que seas capaz de aportar, pues hablamos de todos los que somos sensibles y estamos tocados y nos sentimos asustados, porque no queremos perdernos ni que nadie nos pierda. Valoremos este gesto diario, tantas veces repetido, de los familiares que nos cuidan, nos hablan, nos miran; nos quieren. Agradecemos su esfuerzo por venir a vernos, por traernos y llevarnos de aquí para allá. Esto es jubileo.

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Demetrio Mallebrera

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