Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

Metaverso, descansa en paz

Mark Zuckerberg cierra Metaverso (Fuente: Facebook).

Por la puerta trasera, y con 80 000 millones de dólares menos, el presidente y director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, da por finiquitado el metaverso que anunció a bombo y platillo en 2021. La revolución tecnológica que pretendía elevar la veterana red social al siguiente nivel “traspasando los límites de las pantallas 2D hacia experiencias inmersivas con realidad aumentada y virtual”, según abanderaba con vehemencia la firma de Menlo Park, nació muerta al chocar con el escepticismo generalizado de quienes sintieron que intentaban colarles vestigios cual novedad, pues la cara más visible de ese cibermundo —‘Horizon Worlds’—, con sus avatares de estética cartoon, ya lucía añeja en su presentación y similar a ‘Second Life’ (Linden Lab, 2003), otro bluf vendido como la evolución de las relaciones humanas.

No importó el entusiasmo pospandémico exhibido en círculos profesionales y corporativos por el teletrabajo, los eventos y ecosistemas en línea; o que Zuckerberg advirtiese de que era un proyecto de desarrollo prolongado a erigir en una década: su metaverso no despertó entusiasmo y nunca logró despegar. Y que el dispositivo de acceso —las gafas RV— provoque migrañas y cinetosis a gran cantidad de individuos tampoco ayudó demasiado.

Sin embargo, más que centrarse en cómo y por qué, lo interesante es recordar cuándo surgió el metaverso de Facebook, en unos años de sangría reputacional en los que la efe blanquiazul quedó retratada como insegura para la privacidad y el bienestar de sus usuarios. Con el caso Cambridge Analytica, por el cual Zuckerberg debió comparecer ante el Congreso de los Estados Unidos en 2018, se confirmó la recolección y utilización sin permiso de datos de personas registradas en Facebook con el objetivo de que, mediante mensajes diseñados a medida para espolear deseos y temores íntimos, acabaran respaldando opciones radicales y contrarias a sus intereses, llámense Brexit o Donald Trump, en un ejercicio más próximo a la manipulación masiva que al marketing online. Incontables escándalos, denuncias y multas después, en 2021, la exempleada Frances Haugen filtró los ‘Facebook Papers’, que evidenciaron la toxicidad de los algoritmos: desde dar alas al extremismo y los discursos de odio a potenciar los contenidos violentos y las noticias falsas, sin olvidar los efectos perniciosos que tienen sobre la salud psíquica de los menores. ¿Lo peor? Que la cúpula de la empresa estaba enterada y se cruzó de brazos en aras de maximizar beneficios y el engagement.

Los productos de Facebook, aseguró Haugen, «dañan a los niños, avivan la división y debilitan la democracia». El genocidio rohinyá en Myanmar, el conflicto de Tigray en Etiopía o el asalto al Capitolio son algunos de los truculentos episodios en los cuales la red social sirvió de altavoz y sus responsables, conscientes de ello, no hicieron nada. Esto último, cabe insistir, es lo que probó Haugen con los documentos internos entregados a la prensa y a las autoridades. Semanas más tarde, Zuckerberg se sacó de la manga el metaverso junto a una gigantesca operación de rebranding: La multinacional, asimismo dueña de Instagram y WhatsApp, pasó a llamarse Meta y a querer reinventar internet con muñequitos y coloridos escenarios tridimensionales. Visto lo visto, cualquiera diría que fue una macrocampaña de lavado de imagen.

Las redes sociales, «máquinas de enganchar»

A pesar de todas las veces que Zuckerberg ha reconocido equivocaciones y pedido perdón, con el segundo advenimiento del hombre naranja a la Casa Blanca, él y sus colegas tecnobros se quitaron las caretas y pisaron el acelerador de las malas prácticas. Continuando la estela de X, Meta relajó sus políticas de moderación en 2025, lo que supuso el despido de miles de trabajadores subcontratados para la revisión de publicaciones. Eso sí, las familias con hijos damnificados por Facebook e Instagram se propusieron arruinarle la fiesta a su CEO y han iniciado una ofensiva legal en diferentes puntos de la geografía estadounidense gracias a la senda marcada por Haugen. En marzo, un tribunal de Los Ángeles declaró culpable a Meta —y a Alphabet por YouTubepor generar adicción, mientras que un jurado de Nuevo México condenó a la compañía a pagar 375 millones por facilitar la explotación sexual infantil. Los demandantes hablan de ambas redes como «máquinas de enganchar» a los más jóvenes, con testimonios de vidas rotas por la ansiedad y las depresiones, los trastornos de la conducta alimentaria, el acoso, las autolesiones, los suicidios… Para Zuckerberg son sus primeros reveses judiciales de envergadura, y sin metaverso al rescate. Aunque, actualmente, se encuentra experimentando con agentes de inteligencia artificial y con TRIBE v2, un turbio modelo neuropredictivo.

‘Horizon Worlds’ permanecerá abierto de manera temporal a fin de complacer a los cuatro gatos que por allí rondan. Y tal vez goce de otra oportunidad en smartphones. Pero la ambiciosa apuesta de Zuckerberg por la realidad virtual ha quedado en aguas de borrajas. Así que, metaverso by Meta (sic), tanta paz lleves como descanso dejas en tu ascensión al tecnoparaíso donde moran el blockchain, los NFT y demás ideas cancamuseras o adelantadas a su tiempo, depende de a quién se pregunte. Y ahora que es impepinable construir y consolidar alternativas a los servicios digitales del «amigo» americano ante sus desplantes y maniobras, es hora de meter en vereda las redes sociales extracomunitarias al ser herramientas de desestabilización e injerencia de magnates y potencias que tratan de minar los valores y el futuro de la Unión Europea. Es necesario por cuestiones de seguridad e higiene mental.

José Filiu Casado

Periodista.

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  • Educación libre e independiente necesitamos en las escuelas…
    para crear mentes
    y personas
    con vocación de propagar en libertad el criterio reflexivo propio y humanizado…

    Abrazo virtual que vuela hacia ti…
    Pedro