Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Socialmente inquieto

¿Lustró los zapatos de Machín?

Salvador García Gilabert (Fuente: Pascual Rosser).

Parece que sí, o ¿es una leyenda urbana? Se cuenta que lustró los zapatos de Antonio Machín. Cuando se le preguntaba si era cierto respondía con una sonrisa de oreja a oreja dando pie —nunca mejor dicho— a que cada uno pensara lo que quisiera. Sí que era un gran admirador suyo, lo conoció personalmente, tuvo ocasión de conversar con él en diversas ocasiones, además decía que era el más grande en el mundo de la canción.

Salvador García Gilabert, que así se llama uno de los protagonistas de esta crónica, lustró los zapatos de mucha gente famosa. Y no tan famosa, eso daba igual. Lo importante era limpiarlos y darles vida de nuevo para lucir por calles y plazas, salones y cafeterías, de la capital alicantina, para dar fe de su destreza.

¿Qué hacía Antonio Machín en Alicante para que tuviera ocasión de lustrarle sus zapatos? Antes, deje que le diga que este ilustre cantante cubano nació de padre gallego y madre cubana. Es importante este dato por lo que le contaré enseguida. Con los nazis en las puertas de París, Machín puso pies en polvorosa, como diría aquel, no quería ser presa de las garras de esos fanáticos, ni tampoco ser utilizado para su propaganda política, y puso tierra de por medio. Se fue al país de su padre. Pasó por Barcelona, Madrid, Sevilla… Y llegó a Alicante, le gustó y compró una casa muy cerca de la playa de San Juan. Tenía buen gusto, ¿a que sí?

En Alicante Antonio Machín hizo lo que mejor sabía hacer: cantar. Ejercía su arte muy cerca del Paseo de la Explanada, en el Café Aitana, donde interpretaba sus grandes éxitos como “Toda una vida”, “Dos gardenias”, “Angelitos negros”… Era inconfundible escucharlo con su voz característica, acompañado por sus dos rítmicas maracas.

Donde estuvo el Café Aitana después se instaló el restaurante Delfín. Y allí, cerca de la puerta, Salvador ejerció su profesión tan singular: limpiador de botas y de zapatos. Fue su principal actividad. Tuvo la suerte de ser contratado como limpiador de botas por el restaurante citado con alta en la seguridad social. Al cambiar este de dueño, pasó a serlo de la Pizzería Da Carlo allí cerca. Después haría la ronda por diversos restaurantes de fama en aquel Alicante, lustrando los zapatos a todo aquel que se lo pidiera. Su instalación era sencilla, no le hacía falta mucho, además de su destreza.

Permita unas pinceladas de su biografía. De pequeño quedó huérfano de padre. Como todos en casa, muy pronto se puso a trabajar. A los 14 años ya se ganaba su jornal con regularidad. A esa edad entró en plantilla de la empresa concesionaria del servicio de limpieza urbana de Alicante para trabajar por la noche.

Fue entonces cuando el insomnio de la mañana y la inquietud de cubrir las necesidades de su familia, no siendo suficiente con lo que ganaba por la noche, cargó con una caja de madera donde llevaba ceras, betunes, tintes, gamuzas, cepillos. Aumentaría su jornada laboral con esta actividad en los alrededores del Mercado Central y se demostró a sí mismo que el que la busca, la consigue. Su afán de superación y su esfuerzo para el mejor bienestar de los suyos, fue una constante y una lección de vida. Fue un luchador, vaya, una persona que no se rindió ante la adversidad sino todo lo contrario, tiró hacia adelante.

Por sus manos pasaron zapatos de personas de toda condición. Imagine a su cliente sentado en un sillón y a él inclinado sobre sus zapatos sacándoles brillo mientras hablaba de lo que se le ocurría. El tiempo, seguro, era tema recurrente, junto con los acontecimientos locales, los artistas que actuaban en el Teatro Principal, el fútbol, los toreros que llenaban la plaza de toros… A uno de ellos también le lustró sus zapatos, a Paquirri nada menos. Seis veces salió por la puerta grande de Las Ventas. Todo un genio de la tauromaquia. Le limpió sus zapatos en Alicante poco antes de su fallecimiento en la plaza de toros de Pozoblanco por una cornada de un toro de nombre Avispado.

Corpulento, bonachón, dicharachero, vio que su principal profesión fue languideciendo con el paso de los años. En su recuerdo y en el de muchos queda para siempre su figura encorvada sobre los zapatos de sus clientes sacándoles brillo.

Ellos se han convertido también en su propia leyenda. Se llevaron a la tumba lo mucho que se habló con ellos o delante de ellos mientras lustraban los zapatos cuando lo hablado o escuchado no trascendía fuera de esos pocos metros cuadrados. La discreción era otra de sus virtudes. El 21 de mayo de 2022 el diario Información hizo en su periódico una necrológica manifestando que unos días antes Salvador García Gilabert había fallecido a los 89 años. Con él se llevó una profesión que ya sólo se ve en algunas películas del séptimo arte. Otra actividad desaparecida que ha quedado para la literatura, el cine y el recuerdo.

Pascual Rosser Limiñana

Escritor, autor de tres libros, dos novelas y un ensayo; el último titulado "Personajes y personajillos en Alicante". Articulista en varios medios, ha escrito para Alicante Press, "Alicante Plaza", "EsDiario" y actualmente escribe también en "El Consistorio", periódico digital del que forma parte de su directiva.

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