Opinión

Lo nuclear y los prejuicios

Fuente: https://wikieconomica.com/.

Ayer me hicieron una RMN (Resonancia Magnética Nuclear) dado que mi cuerpo se empeña en recordarme (cada vez con más frecuencia y contundencia) lo lejos que estoy de ser una joven promesa.

Mientras estaba dentro de ese extraño artefacto, que durante media hora estuvo generando ruidos intensos y molestísimos, entre berrea de otoño y palmípeda cabreada, intentaba concentrarme en lo que fuera que me ayudara a pasar el ratito (largo) que ya me había anunciado el gentil personal del Mesa del Castillo que duraría la fiesta.

Y me puse a mirar el artefacto desde la inmovilidad absoluta que se me indicó. Extraño chisme. Una anilla enorme de color blanco roto, con el logo de la firma que creó Edison que graznaba en un claro intento de romperme los tímpanos a pesar de los tapones que me proporcionaron.

Aun así, me dio por pensar a quién se le pudo ocurrir y, sobre todo, cómo se hace para que te metan en un dónut aullador y salgan en una pantalla las entrañas de mi rodilla con sus ligamentos, meniscos y demás estructuras internas.

Y ese pensamiento me llevaba a finales del XIX y principios del XX cuando un extraño fenómeno inquietaba a los científicos, concretamente los físicos, del momento. Entonces no estaba tan delimitado el ámbito de la física, química, matemáticas, biología, ingeniería, etc.

Habían descubierto que ciertos minerales, de manera natural, emitían “cosas” que resultaban invisibles pero que tenían efectos medibles. Y esas cosas eran capaces de atravesar estructuras ligeras como tabiques y revelar (en este caso inutilizar) películas fotográficas correctamente protegidas.

Wilhelm Conrad Röntgen. Fotografía: Nicola Perscheid (Fuente: Wikimedia).

Como estos materiales “radiaban”, se les llamó radioactivos y ya se generalizó la palabra “radioactividad” para denominar este fenómeno tan natural como sorprendente y de origen completamente desconocido.

Poco se tardó en hacer pasar esas emisiones por el cuerpo humano para ver si también sería transparente a esos rayos. Y resultó que parcialmente sí. Los tejidos blandos eran atravesados con relativa facilidad, pero los huesos no tanto. Tampoco se tardó en buscarle aplicación al asunto. Célebre es la primera radiografía, la de la mano de Berta, esposa de Wilhelm Roentgen, el descubridor de esta radiación.

En su modestia infinita, Roentgen, al desconocer por completo la naturaleza de esos “rayos” los llamó “X”, letra utilizada históricamente para las incógnitas en matemáticas. Lejos estaban de saber que esos rayos tan energéticos eran producto de cierto tipo de desintegración del núcleo atómico en una época en que ni siquiera se conocían los átomos y, muchísimo menos, que tuvieran un núcleo.

Trabajos anteriores y sobre todo posteriores a este descubrimiento dieron con la comprensión profunda de estos fenómenos. Y las contribuciones tienen la firma de lo más granado de la historia de la ciencia. Becquerel, Bunsen, Kirchoff, los Curie (Marie, Pier, Irene, Joliot), Einstein, Rutherford, Dirac, Meitner, Fermi, Heisenberg y otros muchos gigantes capaces de enseñarnos caminos que estarían vedados para nosotros, simples mortales.

Y además se descubrió el protón, el neutrón (del electrón ya se ocupó Thomson), sus correspondientes antipartículas y qué papel desempeñaban en la naturaleza. A su vez se postuló y calculó la enorme (pero muy enorme) cantidad de energía que se escondía tras los diminutos átomos, y más aún en sus incluso más diminutos núcleos.

Primera radiografía médica de Wilhelm Röntgen de la mano de su esposa Anna Bertha Ludwig (Fuente: Wikipedia).

Y como no existe en la historia (ni en la prehistoria) de nuestra especie, avance, conocimiento o descubrimiento alguno que no haya tenido una derivada (cuando no directamente un origen) militar, este campo no fue la excepción.

Tras la que es quizás la fórmula más conocida de todos los tiempos, sí, ésa que vemos hasta en camisetas con la imagen burlona de su creador (Einstein) sacando la lengua y que se escribe E=mc2, se esconde una información tan excitante como pavorosa. Es la relación entre masa y energía y viene a decir que una pequeña cantidad de masa, si se transforma en energía supone una cantidad de ésta inimaginable. Pero no se sabía cómo explotarla (en el buen sentido de la palabra) ni siquiera si sería posible hacerlo.

Pero llegó la guerra que resulta ser una motivación importante. Los rumores de que la Alemania nazi estaba dando pasos para la fabricación de una bomba basada en este principio se fueron concretando durante la Segunda Guerra Mundial. Esos rumores devinieron en convencimiento de que un arma de semejante poder decantaría la victoria hacia el bando poseedor instantáneamente. Y así se implicó Estados Unidos en la mayor empresa científica y tecnológica jamás realizada.

Respondió al nombre de “Proyecto Manhattan” y aglutinó posiblemente la mayor cantidad de inteligencia, talento científico y organizativo (curiosamente buena parte procedente de la misma Alemania y de exiliados europeos) y recursos que se hubiera puesto jamás al servicio de una sola causa. Desarrollar y producir un artefacto explosivo basado en la energía encerrada en el núcleo atómico.

El resultado es de todos conocido y se concretó en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Las exóticas teorías que unos tipos “raritos” habían desarrollado en el primer tercio del siglo XX se habían confirmado plenamente y el mundo fue conocedor del poder incomparable de la nueva tecnología.

La prueba Trinity, desarrollada en el marco del Proyecto Manhattan, fue la primera detonación de un arma nuclear de la historia (Fuente: Wikimedia).

Pero el trasvase de información y tecnología entre lo “civil” y lo militar fluye en ambos sentidos y ese conocimiento que se desarrolló para destruir ha sido también base (junto con otras muchas contribuciones) de buena parte de los grandes avances en producción de energía y técnicas de diagnóstico en prácticamente todas las áreas de la ciencia con especialísima incidencia en la rama sanitaria.

Hoy manejamos con cierta naturalidad términos como radiografía, TAC, la misma resonancia con la que inicié este escrito. Pero hay muchas más: gammagrafías, PET (basado en antimateria), etc. Estos días hemos podido saber de la donación que el nunca suficientemente bien valorado Amancio Ortega ha hecho para proveer a la sanidad pública española de equipos de “protón-terapia”. Todas estas técnicas y bastantes más son las que constituyen la ya especialidad de “medicina nuclear” que ha permitido a los médicos “ver” lesiones en todo tipo de tejidos y aplicar técnicas terapéuticas que están salvando y salvarán miles de vidas.

Por otro lado, la energía eléctrica que se ha extraído y se extrae de las centrales nucleares ha contribuido de manera determinante a nuestro actual desarrollo y de manera más limpia (en términos ecológicos) y de confort para sus vecinos que cualquier otra en la actualidad. Incluidas las renovables en el estado actual de la técnica.

Los desgraciados accidentes de Chernóbil y Fukushima han puesto en el disparadero a esta tecnología que, junto con la historia (y realidad actual) armamentística hacen fácil que falacias y planteamientos demagógicos calen en la sociedad. Lo verde es Antinuclear, como lo son las desaladoras frente a los trasvases.

Somos una sociedad desinformada y maniquea incapaz por formación o por pereza de entrar, al menos un poquito en harina, en las cosas que nos afectan.

Soy plenamente consciente de los riesgos que supone la energía nuclear. Tanto en la producción como en la gestión desde la extracción del mineral hasta los residuos. Y es necesario considerarlos y ponerlos en relación con los beneficios que producen.

Realización de una tomografía axial computarizada o TAC (Fuente: https://www.webconsultas.com/).

Todas las tecnologías de la energía tienen riesgos y peajes; antes, durante y después. Lo militar no tiene arreglo, sólo la propia disuasión ante la certeza de destrucción mutua nos protege.

Accidentes como los mencionados no tienen cabida con la tecnología actual. Los residuos nucleares son víctimas tanto de la desinformación como de la ralentización tecnológica que ha sufrido lo nuclear por el cortoplacismo y lo timoratos de los gobernantes en general. Hasta Merkel, de sólida base científica, claudicó parando centrales nucleares alemanas tras Fukushima porque le supondría perder las elecciones. Claro, a cambio de quemar carbón… y en ello siguen, aunque empiezan a reconsiderar la cuestión.

No soy pronuclear, me considero antiestupideces. Hemos parado la construcción de un almacén temporal de residuos nucleares por cuestiones que poco tienen que ver con la ciencia o el riesgo. Los pocos reactores que funcionan actualmente en España producen unos pocos m3 de residuos (ojo, residuos que serían un recurso en las nuevas centrales de tercera y cuarta generación). Pagamos una fortuna diaria a Francia por la custodia de nuestros residuos nucleares y generamos un volumen varias veces superior de los de baja intensidad procedentes de la medicina y también de la industria que tampoco tenemos donde meter.

Los franceses están encantados.      

Increíblemente, nosotros también.

Defiendo que las decisiones se tomen por criterios objetivos, que se evalúen riesgos y consecuencias. Y si de esas evaluaciones se entiende que hay que parar lo “nuclear” pues se asume y punto. Pero no porque tal o cual colectivo, con argumentos espurios pueda mover la silla del que manda.

Ya para ir acabando, e incluso con las tecnologías nucleares actualmente en servicio en nuestro país, preferiría vivir con mis seres queridos dentro del recinto de una central nuclear que aguas abajo de cualquier presa del mundo. Y más aún que a varios km de cualquier central que queme combustibles fósiles.

Valoremos pros y contras, todos los tienen. Lo nuclear tiene cosas muy peligrosas, pero también beneficios inmensos además de no emitir, de no emitir nada.

C. N. Trillo (Fuente: Centrales Nucleares Almaraz-Trillo).

Y les propongo que, cuando alguien les cuente sobre los riesgos de lo nuclear les pidan algún dato o detalle. Probablemente les mientan, sabedores de que nadie lo va a verificar dado lo asentado que está en la sociedad después de tantos años de “toletole” catastrofista o, lo que es peor, ni les mentirán. Simplemente repiten el dogma o el argumentario correspondiente sin tener ni idea de lo que dicen.

Espero que en no muchas décadas la energía nuclear por “fusión” apoyando a las renovables mucho más desarrolladas que ahora, acaben con el problema actual de una demanda energética creciente y que crecerá mucho más.

Mientras tanto, abandonemos prejuicios e intentemos opinar por datos contrastados e imparciales y, sobre ellos decidir lo que se considere mejor para producir con las técnicas y los medios disponibles hoy, más energía y más sostenible. La demanda no hará sino crecer. Por demografía y por el acceso de mucha población a estándares más altos de desarrollo, o sea a consumir más energía.

Hay 20 países que acaban de poner en marcha o tienen en construcción nuevas centrales, entre ellos Finlandia, Corea del Sur, Francia, Japón, Taiwán, EE. UU.

¿Están todos locos? ¿Ponen en peligro a sus paisanos? O simplemente se están sacudiendo prejuicios.

Es una reflexión que tendremos que hacer y posiblemente dentro de no demasiado tiempo tal como se están poniendo las cosas.

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Juan José Martínez Valero

Nacido y criado en Melilla y afincado en San Pedro del Pinatar (Murcia) desde los 15 años. Dejé los estudios para desarrollar la empresa familiar de la que todavía vivimos. Muy aficionado desde siempre a temas científicos y de actualidad.

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