Opinión

Libertad de prensa*… y de empresa

(*) 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa

En los años 80 y primeros de los 90 tuve la responsabilidad de gestionar importantes presupuestos de publicidad y patrocinio en la CAM. Lógicamente ello atrajo numerosísimas peticiones, solicitudes… y presiones. Ahora que se acerca el Día de la Libertad de Prensa, que parece que sólo se reclama por y para los profesionales de la pluma, quizás convenga ampliar el contexto o sugerir que se dote de una libertad similar a las empresas para decidir cómo gastan –o mejor, invierten– su dinero en publicidad.

Sólo recordaré dos sucedidos. Uno: tras un almuerzo de algunos directivos con el president Zaplana en un afamado restaurante sito en la av. Oscar Esplá, se me trasladó la “petición” del molt honorable de que retirara las inserciones de la Caja en el diario Información, que se mostraba ciertamente crítico con él. Naturalmente, con una cuota de mercado en torno al cincuenta por ciento, ningún planificador eliminaría o minoraría la presencia en las páginas de un medio. Y dos: ya dentro de casa, un miembro del comité de dirección prácticamente me ordenó retirar la publicidad a ABC edición Alicante porque alguno de sus redactores criticaba ridículamente a Juan A. Gisbert, a la sazón director general. Como quiera que este periódico vendía alrededor del diez por ciento de los que se comercializaban en la provincia, se siguió incluyendo en la planificación de las campañas publicitarias. Obviamente, además de la cuota de mercado los expertos, también tienen en cuenta el perfil de lectores, oyentes o televidentes, y en ambos casos se justificaba cómo distribuíamos los anuncios.

Por aquellos entonces –supongo que ahora también habrá algún que otro ejemplo– las presiones, la insistencia, los argumentos a favor de su propio medio se esgrimían, como es lógico, por sus gerentes y/o responsables comerciales, lo cual no solo es casi obligado sino hasta casi profesional; lo realmente incómodo era cuando las sugerencias te llegaban de miembros de la redacción, periodistas que quizás también recibían presiones para ayudar a sostener la economía de sus medios.

Hoy día existe un modelo de empresa, de supermercados, que no parece tener presupuesto de publicidad en medios –yo, al menos, jamás he visto un anuncio de Mercadona– es no solo bien, sino magníficamente, tratada por periódicos, emisoras y televisión. Así que al felicitar a sus responsables de relaciones externas, hay también que hacerlo a los medios de comunicación, si es que también han evolucionado hasta respetar las decisiones de las empresas, y si éstas quieren o no publicitarse, dónde, cuándo y cómo, reivindicando su propia libertad.

Y habrá que inventar un “día” para ello.

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Toni Gil

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