Opinión

Las tertulias políticas

Tertulia política en el programa La noche en 24H (Fuente: RTVE).

A comienzos del siglo XIX y hasta el siglo XX, burgueses, escritores, librepensadores, políticos o artistas adoptaron los salones diversos y otros lugares de encuentro y de tertulias en donde se debatían los principales acontecimientos de tipo político y artístico de la época que circulaban por Europa para conocer y sentir nuevas experiencias.

Diversos estudiosos asocian la palabra tertulia con Tertuliano de Cartago (Quinto Septimio Florente Tertuliano) gran padre de la lglesia del siglo III, que era un orador y apologeta con gran dominio de la retórica en su forma de argumentar. A este gran retórico se le llamaba “Tre Tullim”, “tres veces contertulio”, como homenaje a Marco Tulio Cicerón, el gran orador romano.

La palabra tertulia refleja la idea de algo abierto, que favorece el intercambio de opiniones sobre diferentes temas donde todas las opiniones son importantes. El término y concepto de tertuliano alude a amistad, apertura, cercanía, exposición de conceptos o intercambio de opiniones.

En el diccionario de María Moliner y otros, se dan definiciones que enmarcan y precisan el concepto de tertulia. En esencia, podía definirse este término, refundiendo, como reunión de personas que se juntan conscientemente para conversar o recrearse.

Grabado en madera alegórico de Tertuliano, de André Thevet, Lyon, 1584 (Fuente: Wikipedia).

Las primeras tertulias propiamente dichas, y en un sentido más moderno y actual, fueron las de carácter literario. Celebradas sobre todo en los fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, las de la Fonda de San Sebastián, las del Ateneo, el Café de Levante, el ParnasiIlo, el Gato negro o Revista de Occidente, por solo citar unos pocos casos. Personalidades eminentes de la vida española intervenían dando gran prestigio a las tertulias: filósofos, catedráticos, científicos, ilustres periodistas y escritores. Nombres como R. J. Michel, Lorenzo López Sancho, Bordás o el filósofo Gustavo Bueno fueron grandes contertulios.

A nivel nacional, Madrid y Barcelona fueron dos de los epicentros tertulianos. Y a nivel local, nuestra ciudad de Alicante albergó notables tertulias, muy especialmente en la época de la Restauración, verdadera edad de plata de la cultura alicantina. Una de ellas, en el Casino de Benalúa, ese barrio entrañable para mí donde vivieron escritores como Gabriel Miró, catedráticos ilustres y pintores de los más destacados de la terreta. Allí nació la emblemática sociedad “Los Diez Amigos”. Más adelante trataremos de los diversos establecimientos lucentinos.

Es prácticamente imposible reseñar en unas pocas líneas el nombre de los cafés tertulianos de la ciudad de Alicante. Por solo nombrar algunos de los más conocidos, citemos “El Panderetes”, el “Café de Gourmet”, el “Café de Chaumet”, el del “Universo” y el de “Los dos reinos”. Con la inauguración de la línea férrea entre Madrid y Alicante, en el año 1858, hay una revitalización de estos establecimientos, con esmerados servicios y un lujo desplegado que nada tenían que envidiar a los más afamados establecimientos de la Corte y de la Ciudad Condal. Se trata de una notable mejora de calidad no solo en las instalaciones sino también en la altura intelectual de los tertulianos.

Casino de Benalúa. (Fuente: Alicante Vivo).

Sigamos profundizando ahora en las tertulias de nuestra ciudad. El café “Español” estaba ubicado en lo que hoy es la Explanada de España. Fue acaso el más afamado café-tertulia alicantino de su época. Su periodo de vida se extendió desde fines del siglo XIX hasta el primer cuarto del siglo XX. La famosa tertulia de escritores y periodistas dinamizó la vida cultural alicantina de la época. En el conjunto de las páginas del diario “El Luchador” se recoge importante documentación referente al contenido y caracteres de esta actividad.

Alejandro Harmsen (1840-1898) fue miembro activo de la tertulia alicantina del escritor Juan Vila y Blanco. Colaboró con él junto a otros ilustres tertulianos lucentinos. Harmsen y Vila y Blanco eran grandes colaboradores en artículos de prensa y autores de obras interesantes.

Juan Vila y Blanco fue secretario del Liceo Artístico y Literario de Alicante. Fue cronista de Alicante poco antes de la Revolución de 1868. Colaboró este tertuliano en los periódicos “La Tarde”, “El Constitucional”, “El Diario de Alicante” y “El Graduador”. Muchos de los periodistas y colaboradores de estos diarios figuran dentro de los participantes en la tertulia de Vila y Blanco.

Mención aparte en el movimiento restauracionista de Alicante son las tertulias celebradas en el domicilio de José Antonio Sánchez Manzanera, el creador de la Sociedad Literaria de Alicante. A ello hay que añadir las tertulias en los domicilios de Guillermo Campos y de Matías Torres.

La denominada Tertulia de Alicante tenía gran trascendencia y contaba con su propio reglamento. Era casi una “tertulia oficial”. Los diarios “El Luchador” y “El Correo” se hicieron amplio eco de la misma.

En la obra de la Sociedad Literaria de Alicante, “sesión celebrada en la noche del 18 de marzo de 1889”, se comentan importantes aspectos tertulianos alicantinos. Igualmente podemos citar otras publicaciones de la sociedad literaria mencionada, foco cultural lucentino de primer orden y que merecería un estudio en profundidad.

Las tertulias forman parte de una de nuestras mejores tradiciones. El café “Gijón”, madrileño, es uno de los más significativos e ilustres ejemplos. Para conocer mejor las tertulias del “Gijón”, son proverbiales las obras de Francisco Umbral y de César González Ruano, de las que haremos un comentario posterior.

El café Gijón en Madrid. Fotografía: Roberto García (Fuente: Wikimedia).

El café “Gijón” se fundó el 15 de mayo de 1858 por Gumersindo Gómez, un asturiano afincado en la capital de España, ferviente de los cafés. De entre las innumerables tertulias desarrolladas en este establecimiento pueden destacarse la Tertulia de los poetas, la Juventud creadora y la Tertulia de escritores y lectores. Resaltemos la obra de Francisco Umbral “La noche que llegué al café Gijón”, que permite conocer muchos detalles del establecimiento que comentamos. El gran César González Ruano es otro de los eminentes cronistas y comentaristas.

Recordemos la famosa frase de este último escritor, siempre de salud delicada: “Tengo una mala salud de hierro”.

A la manera del “Gijón”, el “Pombo”, “Els quatre gats” y otros ejemplos, nuestra ciudad mostró siempre una riqueza inusitada en el tema tertuliano. Intelectuales alicantinos de esta edad de plata de nuestra cultura dieron una gran altura a la actividad tertuliana. La Casa Bardín fue, asimismo, lugar de encuentro intelectual y cultural lucentino.

De entre los tertulianos del café barcelonés “Els quatre gats”, cabe citar a Ricardo Opiso, Antonio Gaudí e Isaac Albéniz. Ello prueba la categoría de este centro catalán.

Si hay un café verdaderamente emblemático de lo que significan estas actividades y reuniones, es sin duda el madrileño café Pombo, inmortalizado en la obra pictórica de José Gutiérrez Solana, titulada “La tertulia del café Pombo”. La cafetería de Pombo se abrió a comienzos del siglo XIX. En los primeros años del siglo XX, el escritor Ramón Gómez de la Serna decidió abrir su tertulia literaria de los sábados por la noche. Ramón la bautizó como “La sagrada cripta del Pombo”, que atrajo a intelectuales y artistas, en su mayoría jóvenes y de espíritu vanguardista. José Pla definió el local como “café silencioso y ochocentista, con mesas rectangulares de mármol para cuatro personas”. El cuadro célebre de Solana sobre la tertulia de este café inmortalizaría esta actividad. En el mismo aparecían algunos de los más notables participantes, entre ellos el propio Solana, Gómez de la Serna, Bergamín, Bartolozzi y Calvo. En la obra de Pla titulada “Madrid 1921. Un dietario”, se describen interesantes aspectos de la “sagrada cripta”.

Hoy en día podemos escuchar por televisión o en otros medios de comunicación una serie de tertulias que denominamos políticas. Estas tertulias, aunque se denominan políticas tratan muchos temas de gran interés, como son los culturales, económicos o educativos, por nombrar algunos. Uno de los mejores ejemplos es el anteriormente mencionado café Gijón, en Madrid, donde eminentes figuras de la vida española intercambiaban impresiones sobre diversos aspectos de la vida nacional. Estas tertulias en diversas ciudades españolas fueron perdiendo fuerza, pero en la actualidad van cobrando protagonismo en los medios de comunicación social, sobre todo la radio y la televisión. Algunas de ellas gozan de gran predicamento y son seguidas por millones de personas. Este tema es hoy en día “de primera fila” del movimiento renovador y contribuye de forma notable a guiar a los ciudadanos, tanto en aspectos sencillos y conocidos como en otros de mayor complejidad y trascendencia. En ocasiones se invita a estas tertulias a una persona o autoridad en la materia para que aconseje con la mayor entidad para el adecuado contenido.

Casa Bardín (Fotografía: Basilio F. Martínez).

Resulta siempre muy interesante ver los comportamientos de los tertulianos. Hay en realidad diversos tipos de tertulianos. Unos quieren monopolizar todo el tiempo y es tarea del moderador el saber controlar estos aspectos. En otras ocasiones el tertuliano, por respeto, apenas hace uso de la palabra y ahí está otra función importantísima de quien dirige la tertulia diciendo por ejemplo: ¿quiere decir algo respecto a lo que estamos hablando? De esa manera, la posible timidez de algún tertuliano queda rota porque muchas veces sucede que esa persona que habla poco es la que dice las cosas más interesantes. Hay otros componentes que considerar, por ejemplo, los que monopolizan la palabra y entonces el moderador ha de interrumpirles para que dejen espacio a sus demás compañeros.

En las tertulias suele casi siempre haber dos tipos generales de tertulianos: unos defienden el tema a tratar y otros hacen una crítica sobre el mismo, y eso da dinamismo y hace la actividad más agradable para el espectador o para el radioyente. En el caso tratado y para mejor información hacia los seguidores del programa en el tema que se está desarrollando. Muchas veces en las tertulias se intercalan documentos, videos y otros elementos de cara a una mejor ilustración a los oyentes. Aunque nos referimos sobre todo a las tertulias televisivas, no obstante, esto puede servir también para las radiofónicas.

Componentes de una tertulia

Actualmente, las tertulias se inscriben dentro de un contexto muy completo e ilustrativo. Aunque me refiero sobre todo a las televisivas, lo expuesto puede extenderse asimismo a las radiofónicas, cada vez de mayor predicamento, por su agilidad.

Una tertulia-base completa, debe contar con los siguientes componentes esenciales:

  • Los tertulianos propiamente dichos, que suelen ser periodistas, si bien cada vez más se recurre a personajes famosos o conocidos, y en todo caso de clara influencia mediática.
  • El moderador.
  • Los politólogos, expertos en ciencias políticas, que dan evidente altura técnica a los debates.
  • Los asesores científicos, que según el tema proporcionan a los espectadores o radioyentes una información muy documentada y de solvencia y aseguran esa necesaria “neutralidad”. Así en aspectos tecnológicos, sanitarios o económicos.
  • Los reporteros, que muestran documentales breves que ilustran el debate; por ejemplo, una manifestación.

A mí me encantan las tertulias porque entretienen, dan cultura y permiten al espectador estar al día de los temas de actualidad. Es muy difícil que concrete cuáles son para mí algunos de mis tertulianos preferidos. Sin embargo, sin menospreciar al resto, tengo mis preferidos y sobre todo son personas con juicio equilibrado y ponderado. Un ejemplo está en Fernando Ónega al que da gusto escuchar por su buen sentido, su moderación y su acierto en los temas que trata por lo ameno que enfoca lo que ocurre. Pero podrían esgrimirse otros muchos ejemplos (Quintana, Vallés, Herrera…).

Fernando Ónega en La Brújula de Onda Cero (Fuente: Onda Cero).

Hay diferentes tipos de tertulia política dependiendo muchas veces del canal, su orientación ideológica y otros aspectos similares. Yo prefiero aquellas tertulias más equilibradas en que se respeta el uso de la palabra, no se superponen las voces y el tono general es de crítica constructiva, procurando eliminar por parte de los contertulios los insultos, las descalificaciones y las subidas de tono que desprestigian el acontecimiento que estamos tratando. No voy a aplicar nombres porque están en la mente de todos. Para una buena información que oriente o guíe al ciudadano es fundamental la labor del moderador y este no debe dar su opinión, cosa que muchas veces sucede, ya que el moderador no es tertuliano y su función principal es llevar el debate por el camino correcto. Una buena tertulia exige un poco de tensión sin sobrepasarla; ello causa impacto para que no sea algo de carácter anodino y aburrido. No es fácil conseguirlo y de ahí que para mí lo fundamental, aparte de elegir tertulianos bien preparados, es que al elegir el temario este diera al debate interés, actualidad y oportunidad.

Las tertulias, a mi modo de ver, son una fuente de información para el oyente, en el caso de la radio, o el espectador, en el caso de la televisión; es un epígrafe que resulta esencial en el tema que estamos estudiando. Un hecho muy curioso que sucede en las tertulias es que muchos de los participantes creen saber de todo e igual hablan de energía nuclear como de la biosfera o de los temas más difíciles y complejos. Naturalmente, esto lleva a que se escuchen muchos disparates, ya que es imposible que una persona, por preparada que sea, pueda saber de todo. Por eso últimamente a las tertulias se invita a especialistas en la materia, lo que tiene la ventaja de dar gran altura y calidad al contenido. Sin embargo, como dice Aristóteles, el hombre es un “zoon politikon”, lo que quiere decir que es un animal político. No se puede ser apolítico; aunque alguien diga que es neutral esa misma afirmación ya es una postura política. Lo que hay que procurar es ser coherente con la ideología o punto de vista de cada uno de los participantes.

Es esencial que al final de una tertulia se haga un resumen de lo más importante que se haya dicho o tratado porque, de esta manera, el radioyente o el espectador puede tener una idea completa de todo lo tratado; en caso contrario todo sería un desbarajuste y, más que ayudar, la tertulia contribuiría a la confusión. Hay que destacar como rasgo de esta centuria que se pide más calidad con participantes más preparados y seguido de más reglas completas del juego. Uno de los mayores errores que se cometen es cuando se interrumpen la palabra unos a otros y se escuchan tres o cuatro voces al mismo tiempo, es decir, que se convierte la audición en algo ininteligible. Por eso yo recomendaría que al inicio de la tertulia, el moderador o moderadora establezca las reglas del juego para que de esta forma nadie se deje llevar por los impulsos, dentro de lo que cabe, y el desarrollo de las ideas sea más pausado y coherente; en resumen, las tertulias constituyen uno de los programas más interesantes en los medios de comunicación.

Tertulias en periodos electorales

Un apunte que creo es del mayor interés es el referente a las tertulias que se celebran en periodos electorales o preelectorales. Intervienen destacados tertulianos. En nuestro país hay numerosos momentos electorales. Dado el elevado número de autonomías, las elecciones locales o municipales, las mociones de censura…, estamos ante un tema fundamental. Son un rico veneno de aportaciones para tener al ciudadano bien informado antes de decidir su sentido del voto.

Y ni que decir tiene que unas elecciones, en que vota el pueblo soberano, constituyen el frontispicio de una democracia sana.

Modernamente, son tertulianos que gozan de gran predicamento, entre otros, Fernando Jáuregui, Isabel San Sebastián, Nativel Preciado, Jesús Cintora, Casimiro García-Abadillo, Esther Palomera, Melchor Miralles, Jesús Maraña, Juan Carlos Girauta, Alfonso Rojo, Carmen del Riego, I. Escolar. F. Garea, Pedro J. Ramírez, Vicente Vallés, Carlos Herrera…

Las cosas claras, programa de Jesús Cintora (Fuente: RTVE).

Un grupo de amigos, escritores e investigadores crearon “Politikon”, un proyecto para propiciar y proponer detalles basados en el conocimiento de datos básicos y técnicos de tipo político o electoral. Cada vez más, los politólogos intervienen en las tertulias, asesorando a los contertulios. Aplican los conocimientos de las ciencias políticas a la actividad mediática. Iván Redondo asegura que los economistas aparecen en época de crisis pero hoy en día se recurre ampliamente por la complejidad del tema, a expertos politólogos. De este modo hay un asesoramiento más completo y de calidad a los intercambios de opiniones; los politólogos han llegado para quedarse. Pablo Simón, uno de nuestros más ilustres politólogos, en su obra “La urna rota” describe muchos de los aspectos del tema que tratamos. Elena Cortés, el equipo de “El Confidencial”, R. Senserich, Jorge Galindo, I. Monge y otros, son buenos ejemplos de expertos politólogos.

Aportaciones positivas de las tertulias

  • Contribuyen a tener bien informados a los ciudadanos y ciudadanas.
  • Elevan el interés y la motivación de radioyentes y televidentes.
  • Suponen un complemento cultural muy importante.
  • Desarrollo del espíritu crítico.
  • Son una parte fundamental de la sección de informativos.
  • Contribuyen a una correcta educación política.
  • Suelen incluir los comentarios de personalidades expertas y con autoridad en el tema de que se trate.

Posibles defectos o fallos (a atenuar o eliminar) de las tertulias

  • No respetar el turno de palabra.
  • Poco respeto a intervenciones que vayan en contra de la opinión del contertuliano en cuestión.
  • Alargar en demasía la intervención de un contertuliano.
  • Que la tertulia se le vaya de las manos al moderador.
  • Falta de agilidad en el desarrollo de la actividad.
  • Que un tertuliano esté poco preparado en el tema del que se trate y ello dé pábulo a que se cometan inexactitudes o errores de bulto.
  • Que se convierta la tertulia en algo dentro de un ambiente de encono y de odio. La objetividad y la ponderación son siempre la guía.
  • Evitación en las tertulias de la interrupción casi constante de la opinión del contertulio.
  • Componentes de la misma ideología o creencia. No hay debate: la actividad se convierte en una aburrida repetición.
  • Tendencia a la visión de demonizar todo lo que no sea la opinión contraria a la del contertuliano.
  • Que el moderador se convierta en tertuliano y así renunciar a su papel esencial en el logro de un programa con “clase” y autoridad.
  • No terminar con un resumen esencial de lo tratado, que habría de ser realizado por el moderador. Ese resumen, si es de configuración y significación positiva, supondría una aportación muy valiosa.

Como se puede apreciar por todo lo antedicho, una buena tertulia política, de una parte, ha de ser elemento de pedagogía para los ciudadanos, y de otra, una contribución a fin de hacer una radio o una televisión del mayor nivel técnico.

Todo ello es difícil y ambicioso, pero absolutamente necesario. Da calidad, altura y “clase”, si está bien concebido, a los medios de comunicación social.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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