Deportes

La Roja perdió vistiendo de blanco

La selección española tras caer contra Italia. (Fotografía: Perfil de @sefutbol en Twitter).

El deporte fue lo que me acercó al periodismo: yo había jugado primero baloncesto, después hockey y acabé en voleibol, y hasta obtuve las licencias de entrenador y árbitro en estos dos últimos deportes. Con estos conocimientos llegué a la redacción deportiva de Información, y luego a la Hoja del Lunes, entonces en papel. Y empecé a entender algo de fútbol por dos caminos: viendo cuatro y cinco partidos de la Copa San Pedro los fines de semana y oyendo a aquel maestro del periodismo que fue Rafael González Aguilar los domingos en la redacción, explicándonos cómo, casi siempre de mal, había jugado el Hércules, y leyendo su atinada crónica al día siguiente. Por cierto, ya entonces las presiones existían y al director de la Hoja –que era mi hermano Fernando– el presidente blanquiazul le pidió –este verbo aquí es un eufemismo– que relevara a Rafael como cronista. Obviamente lo mantuvo.

Ahora, con la Eurocopa, asisto impertérrito al espectáculo de la selección nacional, primero viendo las magníficas relaciones que Luis Enrique mantiene con gran parte de los colegas de la prensa, radio y televisión a cuenta de la lista de convocados, primero; de las alineaciones, segundo; y tercero, del juego discreto, que no obstante la llegó a clasificar hasta la semifinal,  haciendo recular a más de uno en sus críticas. No he percibido que desde la Federación –sus jefes– se le haya llamado la atención por sus modales, poco ortodoxos para hacer fructíferas las relaciones entre ambas partes. El asturiano tiene un genio que debería afinar cuando se sienta ante un micrófono.

Pese a mi intención de no dejarme llevar, me ha producido cierta estupefacción lo relacionado con los colores de las camisetas que la selección española ha vestido en los seis partidos disputados. Veamos: en la primera fase, la Roja lució la ropa tradicional, color que se ha convertido en el mundo del deporte casi como “marca” nacional, española, medio embajadora de nuestra forma de ser, de origen de nuestros productos y de importante destino para turistas. Y con el colorado sólo lograron empatar a cero con Suecia y a uno con Polonia. Para mi sorpresa, en el último partido de la liguilla, vistieron de blanco y endosaron una “manita” a Eslovaquia. Después repitieron  y otra a Croacia –ésta sí que iba cuadriculada de rojo– en los octavos de final y, aunque por penaltis, también eliminó en los cuartos a Suiza –que iba toda de “colorao”– vistiendo en ambos casos como de “de primera comunión”.

Encaré el partido del martes, contra Italia, con la esperanza de que por la noche volviera a salir la selección “blanca y radiante” para mejor resultado, ya que parecía que el rojo no le era propicio. Yo no sé qué escribiría hoy Rafael González, pero a mí no me gustó la selección: demasiado juego horizontal, balones justo al pie en lugar de un metro adelante para iniciar el avance, demasiados pases atrás al portero –si un guardameta supiera jugar bien con los pies su puesto no estaría bajo los palos–, apenas disparos desde fuera del área, el esperpento de dos jugadores para sacar los córneres y, para rematar, fallos en los penaltis. Los que tanto atacaban a Luis Enrique en las ruedas de prensa, ahora dicen que esta selección, de su mano, tiene futuro. Evocando a Isidro Vidal –otro fino periodista, que presidió también esta casa– que en una crónica de ambiente, en un partido del Hércules, calificó una jugada de “vicegol” para definir una oportunidad que debió acabar en el marcador, cabría decir que España en esta Eurocopa ha quedado “vicefinalista”.

Creo que voy a volver al baloncesto y al vóley: ahí las jugadas acaban siempre en ataque.

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Toni Gil

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