Balones a la olla

La mano de Manu, el ojo del árbitro y el fondo de armario

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

Un partido de futbol son noventa minutos de juego más el descuento y detrás hay mucho más. Parecería anecdótico, pero lo cierto es que, sobre esos tres pilares del encabezamiento, se podría asentar y resumir la derrota de ayer domingo del Hércules en propia casa frente al filial del Levante. El mismo fútbol que una vez te da, otra te quita, el que a veces te premia, otra te penaliza; y cierto es que ayer todos los componentes del fútbol fueron especialmente crueles con el Hércules, precisamente cuando más falta le hacía, cuando más lo necesitaba. Tanto que finalmente terminó desquiciando al equipo. Un gol encajado por desajuste, más de siete a ocho ocasiones reales de peligro sin materializar ninguna de ellas, más un gol probablemente legal, que el contrario no protestó, pero el colegiado vio mano de Manu Garrido donde nadie vio nada. Todo ello más un cacareado fondo de armario en la confección del equipo que, a la hora de la verdad, no está a la altura, cuando han llegado las desgracias en forma de lesiones. Opinión ésta, muy particular mía, con la que el entrenador Manolo Díaz mostró su disconformidad en la rueda de prensa. Pero nada que objetar, la prensa tiene su papel y el técnico el suyo.

Sesión matinal. Jornada diecisiete. Domingo, doce del mediodía, 19 grados centígrados de temperatura, mañana soleada y primaveral. Se disputaba la jornada decimoséptima. Varios no habituales fueron titulares por las malditas lesiones de los más aventajados. Las precauciones hicieron de inicio ver el partido a Moyita desde el banquillo. Ciento cincuenta aficionados en las gradas, a puerta abierta, pero con mil limitaciones. Fue emocionante ver gente. Volvió el ánimo de la afición, los insultos e improperios al árbitro, los ¡¡¡Aayyyyy!!!  Y los ¡¡¡Uuyyyyy!!!, los gritos de ahogo y de desahogo, los de “Fuera, fuera, fuera”, el ¡Venga! Y el ¡Vamos! E incluso al final hubo tiempo y cabida para el ¡Vete ya! En este caso, “¡Carmelo vete ya!”, en alusión al secretario técnico herculano. La propia esencia del futbol, pero a cuentagotas.

Vista de la grada de preferente con los 150 aficionados que pudieron asistir al partido (Fotografía: Ferrándiz).

Hércules 0 – Atco. Levante 1

La semana en la que ya se confirmó la grave y esperada lesión, del “Toro” Acuña fue la misma en la que el Hércules, con refrendo de la propia Federación Valenciana de Fútbol, pidió a Sanidad la posibilidad de acoger público en las gradas. Solicitó un 11% del aforo total del Rico Pérez, algo así como diez mil espectadores sobre una capacidad total de treinta mil. La respuesta de la administración fue negativa, y aunque el viernes se anunció por parte del Gobierno Valenciano, que se relajaban algunas medidas, no fue precisamente ésta una de ellas. Paradojas del covid-19. Finalmente se dio el visto bueno a la entrada de ciento cincuenta espectadores.

“Doctores tiene la Iglesia”; pero es curioso, en cualquier supermercado o gran superficie, y no precisamente al aire libre, un viernes o sábado, en Alicante, se concentran más de ciento cincuenta personas. Sin embargo, curiosamente, en un recinto deportivo al aire libre, de más 7.000 metros cuadrados, se pone el límite en la misma suma. Nunca lo entenderemos. Pero lo dicho “Doctores tiene la Iglesia”. No es ni mucho menos, la primera vez que incido en esto, pero nunca me cansaré. 

Al Hércules no le cabía otra, salió de inicio a por el partido y el Atco. Levante, con solo un hombre en punta, le esperaba agazapado. De puro hastío, no relacionaré, minuto a minuto de forma pormenorizada todas las oportunidades de esta primera parte, pero sí hay que decir lo siguiente: El medio centro Armando tuvo dos disparos espectaculares, uno a la base del poste que sacó el portero con apuros; casi acto seguido, Borja le deja otra y en esta ocasión por arriba el cancerbero se la vuelve a sacar a córner. También seguido, el francés Appin acomoda el cuerpo y lanza una con el portero frente a él que rebota a la desesperada en un defensa cuando se cantaba el gol. Eso, más un balón de cabeza que de espaldas peinó hacía atrás Benja, y paró milagrosamente Pablo Cuñat, y casi al final otro remate frente a frente entre el holandés Sidoel y el portero, que la detuvo a bocajarro. Para haberse ido a la caseta con goleada. Pero lo desgraciado fue, que unos minutos antes, concretamente en el treinta y dos, llegó el gol visitante. Jugaba el Hércules con relajo, seguro de sí mismo, y el Levante lo mató en una contra. Pase en profundidad, por el centro, el delantero Cantero gana en carrera a la pareja de centrales, Falcón se siente vendido y retrocede, y el jugador valenciano sólo tuvo que rematar bien, fuerte y por el centro. Fue el cero a uno, con el que se fue al descanso y a la postre el resultado final. Formas de jugar, formas de entender el fútbol, y la fortuna que un día está de frente y otro de cara.

Pero no solamente la mala suerte exime al Hércules. Se abusa de toque y de fútbol horizontal una y otra vez, no hay verticalidad. Todo es empuje, arrojo y ambición, pero pocas luces e ideas, tanto Armando como Appin son más obreros que arquitectos, y a su lado necesitan algo más. A eso hay que sumarle que la profundidad de Borja y Alfaro por una y otra banda es la que es y tiene sus límites.

Tras el descanso, entró Teo Quintero por Romain que estaba amonestado. Sea como fuere ninguno de los dos es Moisés, que ayer tampoco pudo ser de la partida, y ya estamos en aquello del fondo de armario. En la segunda parte, con unos minutos de diferencia, el Hércules más dominador y controlador del juego, gozó de dos ocasiones a balón parado, en saque de falta, que ejecutó el lateral Alex Martínez. La primera impecable, un defensa la despejó a saque de esquina, la segunda más impecable, se estrelló contra el larguero. A los pocos minutos, Manolo Díaz, se jugó una carambola a tres bandas, quitó a Appin, Alfaro y Sidoel y dio paso a Moyita, Manu Garrido y Abde.

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

El guion era idéntico al de la primera parte, pero ahora con mayor monólogo herculano. Y entonces en el minuto sesenta y seis llegó ese tic-tac que pudo suponer el empate, el aclaramiento del partido y un final feliz o al menos diferente, pero entró en juego otro de los condicionantes principales del fútbol, en este caso el árbitro, el andaluz de Granada, Manrique Antequera. Centro por la derecha y Manu entra como un tanque, con su gran corpulencia, entre cuerpo y pecho remata a la portería, gol, nadie protesta en el Levante, todo el mundo lo celebra en el Hércules, y cuando ya se corría hacía el centro del campo, el colegiado anula el tanto y se toca su propia mano, haciendo gestos ostensibles de que el tanto había sido ilegal. Manu no lo entiende, protesta y encima se lleva la tarjeta. Pasan los minutos, el Levante se rinde, solo defiende. El Hércules lo intenta de mil formas, con más corazón que cabeza. Moyita busca el recurso del tiro lejano, una y otra vez, y en el ochenta y nueve recibe la respuesta del meta visitante con otra gran intervención. Todo quedó en un ¡Quiero y no puedo! Cinco minutos de descuento para no llegar a ninguna parte. Derrota por la mínima, la primera en casa, pero en el peor momento. Lo que casi no hubiera hecho daño a principio de temporada, en este caso, mortal de necesidad. Algo así como perder una final. El Atco. Levante lo celebró como si hubiesen ganado la Copa de Europa.

Por cierto, una curiosidad o una maldad. El capitán levantinista, no es otro que Pablo Iñiguez, jugador del Hércules las pasadas temporadas y también esta. Se marchó a la mitad, porque no tenía sitio. Lidera el equipo, lo manda desde atrás, lo organiza, y es el líder de sus compañeros. Moisés y Tano eran insustituibles, inamovibles. Cuando han llegado las lesiones y las sanciones, ha sido el turno de Teo Quintero y el recién llegado Romain. Está acaso Iñiguez, jugador contrastado de Segunda División A, por debajo de estos otros. Fondo de armario.

Sala de prensa

Alesio Lisci, entrenador italiano del Atco. Levante (Fotografía: Ferrándiz).

El joven técnico italiano del Levante, Alesio Lisci, sustituto de García Tevenet, entró feliz a la rueda de prensa. Puso en valor el triunfo para el equipo. Calificó el partido de raro, pues ambos estaban obligados a ganar por sus necesidades. Reconoció que si tienen el balón hacen daño, porque el Hércules juega y deja jugar y por ello les dejó espacios para la contra. Dijo no haber podido ver ni repetida la jugada del gol anulado a Manu y reconoció que, de haberse concedido, el guion podría haber cambiado.

Manolo Díaz, entrenador del Hércules (Fotografía: Ferrándiz).

Después apareció Manolo Díaz, cara larga y de circunstancias, como la de todos los que estábamos presentes, empleados del club e integrantes de la prensa local.

Asumió la decepción, el estado de ánimo del vestuario lo calificó de fastidiado por no emplear otro término. Se lamentó de la cantidad del trabajo desarrollado y la cantidad de ocasiones fallidas. Dijo seguir creyendo en la plantilla y que nunca se deben bajar los brazos, y significó que el querer optar a la Liga Pro de forma directa era toda una utopía. (Todavía por la mañana y a esa hora) ya conociendo la victoria del Alcoyano en Atzeneta, discrepó sobre las reservas ocasionales y el fondo de armario, como no podía ser de otra forma, defendiendo el potencial de toda su plantilla. Y finalmente sobre el gol anulado a Manu, donde el árbitro vio mano del atacante, aseguró que Manu, repetía una y otra vez que no le había dado con la mano.

El Alcoyano hizo los deberes, venció en Atzeneta, y el Villarreal B hizo lo propio, venció en Orihuela. Ibiza con 37 puntos, y Alcoyano y Villarreal B, con 28 puntos, jugarán en la Pro. El Hércules lo tendrá que luchar en segunda ronda.

El caso es que entre, MANUS, MANOS, EL ÁRBITRO Y EL FONDO DE ARMARIO, el Hércules si quiere una plaza en la Liga Pro, la tendrá que luchar por otra vía, ya no será de forma directa. Y eso quiere decir que las posibilidades se reducen.

Por lo que se refiere a un hipotético ascenso a Segunda División A, ayer esa posibilidad se fue por la borda.

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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