Nadie nunca hubiera imaginado que iba a ser tan trascendente, que desvelaría un secreto determinante para sus circunstancias. En breve le contaré el motivo de estas palabras.
Nació como una casa de muñecas con todo lujo de detalles. Era una pequeña obra de arte que representaba perfectamente el inmueble que copiaba y le servía de inspiración, así como la vida cotidiana de sus habitantes. Tan buena era la copia que es fácil imaginar las fiestas que se celebraban en sus grandes salones, las reuniones que se hacían bajo las arañas de sus lámparas, los enormes espejos bañados en oro donde hombres y mujeres se miraban para verse guapos, los balcones desde donde ver pasar el tránsito de vehículos y personas, el mobiliario de estilo modernista que daba distinción y personalidad a sus dueños…
Esta casa de muñecas era el calco de una vivienda que existía en realidad. El inmueble original, la casa de ladrillo, fue proyectada a principios del siglo XX por un empresario venido de tierras lejanas para emprender sus negocios en Alicante y alrededores. Hizo fortuna, pero no la guardó para sí y el solo disfrute de los suyos, sino que también tuvo una activa vida social colaborando con muchas organizaciones locales con su patrimonio y su tiempo, como el Hércules C.F. y el Real Club de Regatas de Alicante.
No quiero extenderme mucho en el perfil de este personaje para no desviar la atención de lo que seguidamente les voy a contar directamente relacionado con el título de esta crónica. Pero sí permita unas pinceladas sobre él. El protagonista al que me refiero es Renato Bardín Delille, cultivador de vides en el sur de Francia a finales del siglo XIX. Cuando la filoxera hizo estragos en sus viñedos, trasladó su negocio a España, primero se instaló en la Rioja, después se trasladó a Alicante influenciado por la bondad de su clima, la riqueza de sus tierras y el pujante puerto desde donde exportar el fruto de sus uvas, su vino embarcado en grandes toneles de roble francés.
Tuvo varias viviendas. Vivía en una casa en la calle Maisonnave en Alicante, se construyó un palacete en la huerta de Campello que llamó “Villa Marco” y en 1901 encargó al arquitecto Enrique Sánchez Sedeño una gran casa en la calle San Fernando, nº 44. “Se trata de un auténtico palacete urbano”, nos dice Santiago Varela Botella en su libro La arquitectura de Enrique Sánchez Sedeño y el modernismo en Alicante donde detalla este y otros inmuebles construidos por este arquitecto. Pensado inicialmente solo como vivienda, Bardín instaló también allí su despacho desde donde atendía todos sus negocios.
Del arquitecto diré que lo fue de la Diputación Provincial de Alicante desde 1892, cargo del que disfrutó más de veinte años. Sánchez Sedeño realizó diversos y nombrados inmuebles en Alicante destacando por sus líneas y adornos modernistas como la llamada casa del ascensor en el Portal de Elche esquina Rambla Méndez Núñez o el situado en la plaza Dr. Balmis, por citar tan sólo dos de ellos.
La niña que recibió como regalo esta casa de muñecas fue Rosario Guardiola Pérez (1918-1984), sobrina de Renato Bardín. Este inmueble sigue en pie, se salvó de la piqueta y ambición urbanística. Alberga actualmente la sede del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert dependiente de la Diputación Provincial de Alicante desde el 29 de mayo de 2008 siendo José Joaquín Ripoll, presidente de la Diputación Provincial de Alicante; Pedro Romero, diputado de Cultura; Joaquín Santo Matas, director del IAC y Rafael Pérez, arquitecto de la Diputación. Este inmueble está incluido dentro del Plan Especial de Edificios Protegibles del Ayuntamiento de Alicante. Por todo ello y para adaptarlo a sus nuevas necesidades se propusieron hacerle una restauración en toda regla, después de la reforma que sobre el inmueble hizo el arquitecto Miguel López en 1940 añadiéndole una planta.
Para esta segunda reforma tenían un serio problema, no tenían los planos originales, no tendrían información de las particularidades de su estructura y construcción.
Ante aquella incertidumbre surgió una solución. Ya sabe que la esperanza es lo último que se pierde. En aquel cúmulo de casualidades, María Jesús Paternina —directora del Archivo— se acordó que su prima Amelia Bono Guardiola, hija de Rosario, tenía una casa de muñecas que quizá pudiese resolverle algunos de sus problemas porque reproducía con detallada exactitud las dependencias de la casa original de Renato Bardín.
Los responsables de la restauración se encontraron en la vivienda de Amelia con la maqueta de una casa de muñecas “muy fiable basada en el aspecto exterior y organización espacial interior de la Casa Bardín tal como era alrededor de 1925”, según se describe en el monográfico que sobre este inmueble hizo la revista El Salt en 2008. “La maqueta está construida con maderas diversas y acabada con pinturas de varios colores, blanco-marfil, rojo-cerámica, negro y marrón. Reproduce el edificio partiendo de una proporción o escala de 1:15 aproximadamente”.
Pues ya ve, fue la exactitud y distribución de las diversas dependencias de esta casa de muñecas la que les dio confianza para emprender las obras de reforma de este inmueble. Durante esta reforma se encontraron con otra sorpresa. Dieron con una caja fuerte y en su interior, entre otras cosas, encontraron los planos originales con lo que afrontar esta reforma con mayor seguridad y respetando la planificación original.









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