Opinión

Ingleses

Bandera del Reino Unido. Fotografía: Jack Pete Linforth (Fuente: Pixabay).

Hará cosa de treinta años mi empresa la desaparecida CAM– me seleccionó entre unas cuantas decenas de directivos medios para un curso de formación: actualizar nuestro nivel de inglés, olvidado por el poco uso tras haber aprendido de joven lo justito. El sistema fue enviarnos a una escuela sita en unas instalaciones deportivas de Jávea durante una semana al mes, tres seguidos. Llegábamos domingo en la tarde, entre quince y veinte, y una vez recibidos nos daban –individualmente– alojamiento con una familia inglesa, residente en la cercanía. Desde el primer momento el lenguaje era todo en inglés, eso sí muy sencillo para que todos pudiéramos situarnos. Cenas y desayunos con la familia, casi siempre de jubilados, que debían percibir unos ingresos adicionales por su hospitalidad. Y a las 9 de la mañana, primera de las siete clases de una hora con solo cuatro alumnos; cuatro, por la mañana y tres después de comer. Cada hora nos cambiaban de profe, para que nos acostumbráramos a su acento, y en el almuerzo –en las mismas instalaciones– tres alumnos y un invitado, otro jubilado británico por mesa, cuya labor era preguntarnos en qué trabajábamos, dónde vivíamos, cuánta familia teníamos, y dale que te pego a la hebra. Y a las seis de la tarde… ¡libres! Hasta las siete, hora de cenar en casa de nuestros hospitalarios ingleses.

Aquella inmersión dio sus frutos, sobre todo porque nos espabiló a movernos en el idioma de Shakespeare con alguna soltura en los temas básicos cuando viajábamos al extranjero. Recuerdo que una familia de las que me acogió era una pareja con una niña de diez años: él era arquitecto de unos cincuenta años y viajaba de media una vez al mes a Londres para entregar un trabajo y recoger otro encargo. Cuando le pregunté porque había elegido España para residenciarse la respuesta fue: “Aquí puedo beber un Rioja todos los días…” Alguna noche salíamos a tomar una copa y, obviamente, visitábamos un auténtico pub ¡¡¡en Jávea!!!

Será por nuestros costes o por nuestro clima, son miles de hijos de la Gran Bretaña los que residen habitualmente en nuestra provincia. No se integran entre nosotros habitualmente, han generado sus propias zonas, sus propios comercios, peluquerías, restaurantes… y hasta consumen en los supermercados muchos productos que se hacen traer desde su país de origen. Incluso se prestan servicios entre ellos, como aquel otro que me dio cobijo una semana y me dijo que cuidaba de las piscinas de sus vecinos, ingresando así unas pesetas adicionales a su pensión de libras esterlinas. Aun así han adquirido viviendas, apartamentos, adosados, chaletitos o bungalós casi expresamente construidos para ellos en la costa o en el interior, y aportan a este país los ahorros generados en toda su vida y hasta sus pensiones actuales que aquí gastan.

Ahora, gracias al bréxit, se encuentran con el problema de su residencialidad, que han de ir renovando periódicamente, sin que el estado español –al que le viene bien esta transferencia de riqueza– haya gestionado una solución más sencilla; desde luego, no esperemos que la Embajada inglesa lo vaya a poner fácil. Por otro lado, los productos que ellos añoran de su país y que venían con cierta facilidad hasta sus hogares, ahora han de pasar controles sanitarios, lo cual ralentiza su llegada. Eso casi no nos debería preocupar –si prefieren la mantequilla inglesa en lugar de la española, pues allá ellos– pero a la inversa esta nueva situación también afecta a nuestras exportaciones.

También hay que tener en cuenta los millones que sólo nos visitan como turistas, aunque haya que enseñarles de vez en cuando los buenos modales y los límites de la cerveza, porque muchos de ellos cuando lleguen a la edad de jubilarse bien podrían elegir nuestra tierra como nueva residencia.

Cuando viajé a Londres por primera vez, en los años 70, en los pubs a las 23:55 sonaba una campanita anunciando que en cinco minutos se dejaba de servir alcohol, y todos corríamos a la barra a reponer la última copa. Una campanilla similar está sonando ahora para avisarnos que si estos ingleses nos interesan, y no corregimos lo necesario para adaptarnos todos a la nueva situación, corremos el riesgo de quedarnos a secas.

Sending
User Review
3 (2 votes)

Toni Gil

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Pactos