Al paso

Historias eucarísticas milagrosas, algo casi increíble incluso para creyentes (I)

Custodia del Milagro Eucarístico de Lanciano. Fotografía: Junio (Fuente: Wikimedia).

Casos avalados por investigadores: hostias consagradas con trozo de corazón de un ser humano vivo y sangre del tipo AB.

Tenía que escribir sobre lo que yo llamo ‘milagros eucarísticos científicos’. Lo había prometido a los lectores de Hoja del Lunes. Lo prometido es deuda y ésta hay que saldarla. El asunto es delicado y si me ocupo de él es porque llevo mucho tiempo intrigado y me siento interiormente empujado a compartir con los demás algo que me parece altamente interesante. Ustedes, mis amigos, dictaminarán si mi atrevimiento mereció la pena.

Narro algunos milagros eucarísticos y confieso humildemente que me ha sido fácil trasladarles a ustedes unas historias que pueden encontrar en internet. La primera maravilla eucarística de que se tiene noticia sucedió hace algo más de doce siglos, en torno al año 700, en un pueblo de Italia llamado Lanciano. El milagro que sucedió entonces ha sido ‘validado’ (es una manera de decir) por científicos universitarios a finales de siglo pasado (1971-1972).

Vayamos a lo ocurrido al iniciarse el siglo VIII. “En Lanciano, en el monasterio de San Longinos, vivían los monjes de San Basilio, entre ellos uno que creía más en su cultura mundana que en las cosas de Dios. Su fe era vacilante y a diario le perseguía la duda de que la hostia consagrada fuese el verdadero cuerpo de Cristo y el vino la verdadera sangre del Señor.

Milagro Eucarístico de Lanciano. Panel iluminado por el frente (lateral). Fotografía: Junior (Fuente: Wikimedia).

“La gracia divina, sin embargo, nunca lo abandonó y rezaba para que esa insidiosa espina de la duda saliera de su corazón. Cierta mañana, celebrando la santa misa, atormentado más que nunca por la duda, vio, tras pronunciar las palabras de la consagración, que la hostia se convertía en carne viva y el vino en sangre viva. Se sintió muy confuso y, dominado por el temor ante tan asombroso milagro, permaneció cierto tiempo transportado en éxtasis espiritual. Hasta que, en medio de gran alegría y con el rostro bañado en lágrimas, se volvió a los presentes y les dijo:

“¡Oh bienaventurados testigos, ante quienes, para confundir mi incredulidad, el Santo Dios quiso revelarse en este Santísimo Sacramento y hacerse visible a nuestros ojos! ¡Venid, hermanos y admirad a vuestro Dios que se acercó a nosotros! ¡Aquí está la Carne y la Sangre de nuestro amado Cristo! Ante estas palabras los testigos se precipitaron hacia el altar y empezaron también a llorar y a pedir misericordia. La noticia se esparció por toda la ciudad”.

“La Hostia-Carne presenta, como aún hoy se puede observar, una coloración ligeramente oscura volviéndose rosácea cuando se la ilumina por el lado opuesto y tiene apariencia fibrosa. La sangre es de color terroso, entre el amarillo y el ocre, coagulada en cinco fragmentos de forma y tamaño diferentes. Serenada la emoción del pueblo y dadas al Cielo las gracias debidas, las reliquias fueron custodiadas en un tabernáculo de marfil. A partir de 1713 y hasta hoy, la carne pasó a ser conservada en una custodia de plata finamente cincelada al estilo napolitano. La sangre está contenida en una ampolla de cristal de roca.

“A los reconocimientos eclesiásticos del milagro, hay que añadir el pronunciamiento de la ciencia moderna a través de minuciosas y rigurosas pruebas de laboratorio. En noviembre de 1971 los Frailes Menores conventuales, a cuyo cargo está la iglesia del milagro y que desde 1252 es llamada de San Francisco, decidieron confiar a dos médicos de renombre profesional y de idoneidad moral el análisis científico de las reliquias. Invitaron al doctor Odoardo Linoli, jefe del Servicio de los Hospitales Reunidos de Arezzo y profesor de Anatomía e Histología Patológica y de Química Orgánica y de Microscopía Clínica, para que junto con el doctor Rugero Bertelli, profesor emérito de Anatomía Humana Normal en la Universidad de Siena, procedieran a los exámenes.

“Después de algunos meses de trabajos, el 4 de marzo de 1971 los investigadores publicaron un informe con el resultado de los análisis:

  1. La Carne es verdadera; la Sangre es verdadera.
  2. La Carne y la Sangre pertenecen a la especie humana.
  3. La Carne es del tejido muscular del corazón: miocardio, endocardio y nervio vago.
  4. La Carne y la Sangre son del mismo tipo sanguíneo: AB
  5. Coincidencia extraordinaria: es el mismo tipo sangre (AB) encontrado en el Santo Sudario de Turín.
  6. Se trata de Carne y de Sangre de una persona viva o sea que vive actualmente; están como si acabaran de ser retirados de un ser vivo.
  7. En la Sangre se encontraron, además de las proteínas normales, los siguientes minerales: cloratos, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio.
  8. La Carne y la Sangre han permanecido nada menos que doce siglos en estado natural y expuestos a los agentes físicos, atmosféricos y biológicos y aun así se conservan, lo que constituye un fenómeno absolutamente extraordinario.

Otro detalle inexplicable: al pesarse los glóbulos de sangre coagulados (y todos son de tamaños diferentes) cada uno tiene el mismo peso que los cinco glóbulos juntos. ¡Dios parece alterar el peso normal de los objetos!”.

San Francesco del Miracolo Eucaristico (Piazza Plebiscito). Fotografía: Zitumassin (Fuente: Wikimedia).

Antes incluso de redactar el documento con el resultado de las investigaciones realizadas en Arezzo, los doctores Linoli y Bertelli, estupefactos, enviaron a los frailes un telegrama en los siguientes términos: “Et Verbum caro factum est” (Y el Verbo se hizo carne), palabras sacadas del prólogo del Evangelio de San Juan.

La ciencia, llamada a manifestarse, estaba dando así una respuesta concreta y definitiva sobre la autenticidad del milagro eucarístico lanciano. Aunque parezca increíble, incluso para creyentes, hay que ser víctima voluntaria de prejuicios antirreligiosos para no admitir hechos científicamente comprobados. Pero es cierto el dicho popular: no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.

Larga es la historia de las reliquias de Lanciano y tienen acceso a ella los lectores a través de internet. Para no alargar excesivamente este artículo, desistiré de narrar ahora otros milagros eucarísticos. Y no vienen del siglo octavo. Son de este siglo casi recién estrenado; son de estos últimos veinte años. Si Dios me da una semana más de vida, se los contaré la próxima semana. Hasta luego.  

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Ramón Gómez Carrión

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  • Increíble el milagro eucarístico de la Hostia de carne de Lanciano. Esto me recuerda que el 28 tenemos la Santa Faz, que documentó nuestro historiador Enrique Cutillas, al que seguramente conociste.

  • Eres un auténtico palmeral, que regalas deliciosos dátiles literarios a quienes quieran degustarlos, en especial tus amigos. No sólo recuerdo a Antonio Cutillas Bernal, sino que estoy leyendo uno de sus libros sobre la Santa Faz porque mi próximo artículo versará sobre la sagrada reliquia y el milagro de la lágrima. Un abrazo.

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