Opinión

Hércules e Intercity, ¡qué lástima!

Fotografía de fondo: Michael Schwarzenberger (Fuente: Pixabay).

Según recogió mi hermano Pepe en su opúsculo “Pregón de dichos tobarreños”, esta expresión se solía utilizar en su pueblo en aspectos contradictorios, tanto para celebrar un acontecimiento positivo, bien para lamentar un hecho doloroso.

Sería por 1990 cuando el diario ABC abrió edición y delegación en Alicante, con Manolo Mira y Blas de Peñas al frente; los colegas pidieron a varios amigos y conocidos que colaboráramos con una columnita semanal, entre ellos a Demetrio Mallebrera y a mí mismo. Por mis responsabilidades empresariales, mis colaboraciones eran sobre temas poco o nada comprometidos, de carácter cultural, festivo, sin ánimo de crear controversia, nada críticos.

Sólo una vez parece que lastimé los sentimientos de algún lector o de varios, quizás– cuando reflexionando sobre las fusiones en la historia de la Caja de Ahorros del Mediterráneo –1940, 1976, 1989, y aun habría otra en 1992, por no hablar de otras anexiones– sugería con ironía que se fusionaran el Elche y el Hércules.

Creo recordar que uno de los argumentos que sopesé fue el de rentabilidad económica de sus inversiones: dos magníficos estadios a 20 kilómetros de distancia que únicamente se utilizaban cada catorce días. Ya sabemos del “alejamiento” tradicional de las dos capitales, que no de sus gentes de a pie, tratando de competir en universidades, palacios de congresos, y cualquier otra cosa que se tercie, pero donde más se evidencia este enfrentamiento es en el terreno futbolístico, donde la bandera franjiverde ha ondeado por encima de la blanquiazul, si en estadísticas históricas nos basáramos.

Broma aparte, porque soy consciente de que ante estas dos sensibilidades futboleras no hay nada que hacer, vuelve ahora al tema fusionador, aunque con otra alternativa. Por un lado hay un equipo que parece bien dirigido –y no me refiero exclusivamente a lo deportivo–, que cotiza en bolsa aunque parece que a la baja, que juega en un campo casi impresentable y que ha ascendido de categoría de la mano de una pequeña afición. O sea, un proyecto y una realidad incontestable. De otro lado, un club desarbolado, con un propietario incapaz, con una deuda enorme, con jugadores que parecen más mercenarios que deportistas comprometidos, con entrenadores y directores deportivos de ida y vuelta, y una afición donde cunde el desánimo aunque sus únicas acciones son de protesta. Eso sí, con un estadio del que se ha apropiado, más útil para los desarraigados que duermen bajo sus techos que para el lucimiento de su fútbol.

Y por si fuera poco, un personaje que ha sido clave en el ascendido parece estar próximo al que se quedó sin plumas y cacareando. Así las cosas, no creo que pudiera darse una fusión entre un club centenario –con una “marca” reconocible– y otro casi advenedizo, con un nombre poco alicantino. Entre gestores que saben hacer las cosas y otros que quizás sólo saben encender habanos, quizás sólo quepa decir ¡qué lástima!

Ya veremos en qué sentido.

Sending
User Review
5 (1 vote)

Toni Gil

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Pactos