Impulso irresistible

Hay muchísima más gente buena que mala

Fotografía: Marc Oliver Jodoin (Fuente: Unsplash).

Algunos, en la distancia, no nos estamos enterando mucho de lo generosa que es la gente cuando le toca palpar los desafectos y las ruinas en las personas, en las casas, en el sentido de dependencia geográfica que nos hace ser antes que de Rusia o de Ucrania, “personas que están en peligro y han perdido bienes, empleos, ilusiones y panoramas de futuro, ensombrecidos por el humo y el trueno de las armas bélicas que se están utilizando para destruir a aquellos que no han podido defenderse mucho”. Porque desde el principio de esta guerra europea, ya eran objeto del más cruel y crudo ataque de quien escogió la bandera y el protagonismo de este conflicto, creyendo que aún llegaba a tiempo de proclamarse el rey del viejo continente, que ya tuvo sus años de fulgor (en lo bueno o en lo malo) a principios y a mediados del siglo XX. Había un corazoncito escondido entre las grandes potencias, llamado Ucrania, que supo avanzar con sigilo con su educación, su preparación y su sensibilidad. Parecía que este país estaba entre ceja y ceja de quienes podían vivir de los recelos y las miradas antiguas y ambiguas del pasado. Pero había que añadir con todo su mérito a los polacos. Es que la respuesta de Polonia al conflicto está siendo necesaria y ejemplar. Así lo manifiesta la periodista Blanca Ruiz Antón en sus páginas “necesarias” de la revista mensual y veterana Mundo Cristiano. Directamente da comienzo a su intervención diciendo: “La respuesta de Polonia al conflicto de Ucrania está siendo ejemplar. Han cruzado por sus fronteras unos 3,2 millones de ucranianos y los ha acogido a todos (subráyelo, por favor, señor director) sin construir ni un campo de refugiados como ha sucedido en otras crisis humanitarias. Han sido bienvenidos en casas particulares, acogidos en las escuelas, contratados en empresas polacas, los ucranianos que huyen del horror viven sus primeros días sanos y salvos lejos de la guerra de la mano de un país que está dando una verdadera lección de generosidad y entrega”.

Esta guerra que parece pillarnos tan lejana, empezó en Ucrania y contra Ucrania el 24 de febrero pasado, y ahora ya han tenido que estar fuera de su país cerca de cuatro millones de personas. Una gran mayoría, que salió hacia Polonia, sigue estando allí mostrando al mundo entero la gran generosidad y la increíble solidaridad polaca, con las personas que han tenido que salir y abandonar su país y su casa. “Allí, en cada una de las estaciones de tren, en los puntos de inscripción de refugiados o en los albergues temporales confluyen historias de dolor y superación, de quienes vieron peligrar su vida de la noche a la mañana y se vieron obligados a huir. Esas historias hablan de temor, de miedo y, a la vez, de valentía. Porque no se dejaron paralizar por las bombas y explosiones, sino que tomaron unas pocas cosas y huyeron para salvar la vida. Ninguna de estas personas quería dejar los lugares en donde nacieron, criaron a sus hijos y vivieron toda su vida. Pero el avance inexorable de la guerra las obligó a huir”.

Luego, la salida hacia Polonia no resultó ser tan dramática. A estas personas les esperaba en Cracovia un pequeño piso de 40 metros. Estas personas fueron afortunadas, pues los testimonios de dolor y lágrimas (hay que suponerlos) fueron numerosos. Cuando llegaban a la estación de tren de Przemysl, fronteriza, sólo podían llevar una pequeña maleta con un poco de ropa y algún recuerdo de una “vida mejor”. Actualmente, la enorme mayoría de ucranianos están acogidos de manera temporal en casas de polacos. Los albergues son lugares de paso para evitar que se formen cuellos de botella en las fronteras y permitir así la entrada fluida de quienes huyen del horror. Casi un mes después de que comenzara la guerra, el gobierno polaco ha aprobado una ayuda de 3,8 eslotis (unos 0,80 euros por día y persona para quienes acogen a ucranianos en sus casas). Una medida que nadie esperaba y que se agradece tanto porque responde económicamente a la ayuda desinteresada que los polacos están dando a quienes sufren este éxodo obligado. Como decíamos: “Hay muchísima más gente buena que mala”.

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Demetrio Mallebrera

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  • Amigo Demetrio: ¡Adelante propagando buenas noticias! Está claro que hay más gente buena que mala, pero nos sale un hijo de Putin y nos la lía parda. Lo que no tiene nombre es ver a ese criminal en una ceremonia religiosa al lado del patriarca ortodoxo ruso. ¿Me lo puedes explicar? Un abrazo.

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