Entrevistas

Evelyn Mesquida: “Hemos conseguido que Francia reconozca el papel de la Nueve”

Evelyn Mesquida en la sede de APPA junto a Mariano Soriano, Rosalía Mayor y Benjamín Llorens.

Evelyn Mesquida es una periodista alicantina con experiencia tanto en prensa como en radio, que ha pasado la mayor parte de su carrera en Francia. Llegó a París siendo muy joven y pronto desarrolló su labor como corresponsal para el grupo Zeta, grupo mediático para el que trabajó durante treinta años, tanto en Interviu como la revista Tiempo, . Adquirió importancia y reputación y, entre 1991 y 1992, fue presidenta de la Asociación de la Prensa Extranjera de París.

Reconocida en Francia, ha publicado dos libros sobre el papel de los españoles junto al bando francés en la II Guerra Mundial. En su primer libro, La Nueve, analiza el batallón español que combatió junto al general Leclerc y liberó a Francia de los nazis. En su segundo libro, Y ahora, volved a vuestras casas, repasa la vida y la labor de los españoles que se incorporaron a la resistencia francesa.

El próximo 25 de junio, a las 18:30, presentará por segunda vez en la librería Pynchon & Co, situada en la calle Segura, 22, en Alicante, el libro Y ahora, volved a vuestras casas junto al investigador Rafael García Meseguer. Repite presentación un mes después debido al éxito de la primera y a que muchos interesados no pudieron acceder por las limitaciones de aforo. Puedes reservar tu plaza en contacto@libreriapynchon.es

Evelyn Mesquida estuvo en la sede de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante y habló con nosotros sobre su historia periodística, su paso por Francia, su trabajo junto a los exiliados españoles y cómo su trabajo ha conseguido que aquellos combatientes sean hoy reconocidos en París.

Evelyn Mesquida

—La mayor parte de su carrera la ha ejercido en Francia. ¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el periodismo y cómo llegó a París?

—EM: Empecé a colaborar con La Verdad de Murcia cuando todavía vivía en Alicante, aunque mis primeros pasos fueron en Radio Popular, en aquel momento que surgía la radio. Colaboraba los fines de semana. Hasta que en un momento determinado, cuando ya era independiente, quería irme a descubrir el mundo y llegué a París. Yo quería irme a Alemania, pero me enamoré de París. Conocí a Pedro Rodríguez, le envié un reportaje. Cada vez que llegaba un español a París, yo le hacía entrevistas, las enviaba y me las publicaban. Hasta que en 1977 nace el grupo Zeta y me contratan. Entonces comencé  como periodista y he trabajado 30 años para el grupo Zeta. Primero 15 años en Interviu y después en Tiempo, donde estuve otros 15 años. Entrevisté a Kirk Douglas, fue una etapa muy interesante.

En París, hasta que hablé francés, estuve haciendo entrevistas a españoles. Por ejemplo, entrevisté a Dalí para Arriba. Ese día, al principio jugó con su locura, pero al rato se sentó y estuvimos hablando. Fue muy interesante conocer a la persona, más que al personaje.

—Ha entrevistado a figuras muy reconocidas y a anónimos como aquellos exiliados españoles. ¿Cuál es el tipo de entrevista por la que se decanta?

—EM: He aprendido de todo. Me ha gustado conocer a figuras importantes, sobre todo cuando rompen la parte exterior, como con Dalí. Sin embargo, como no tengo Periodismo, me costaba decir que soy periodista. Curiosamente, después de publicar el libro La Nueve, dejó de costarme. Me di cuenta que era capaz de hacer un reportaje de 300 páginas.

A mí, en las entrevistas, me interesa llegar, descubrir los personajes. Descubres cantidad de cosas de las personas. Yo estoy contenta de haber ido a buscar a los hombres de la Nueve, porque la historia estaba escrita y no existían. Todo empieza cuando descubro en los archivos de París una fotografía que pone “primera tanqueta militar llegada a París”, y pone “Guadalajara”. La historia estaba allí, ¿por qué no está en los datos oficiales?

En el libro Arde París, lo cita brevemente y, en la película ves que en una tanqueta pone “Teruel”. Hay una historia escrita que molesta a los franceses: Amado Granell era de Burriana y fue el primero que llegó.

—Los franceses, poco a poco, aceptan su historia. ¿Cómo es posible que en otros lugares quieran reescribirla?

—EM: En Pynchon, en la primera presentación del libro, vino Kiko, un antiguo guerrillero que vive en El Campello. Hablaba de la memoria y yo decía que a mí me da mucho miedo cuando se habla de la memoria. Me pregunto si hablamos de ella verdaderamente o queremos construir una nueva.

A mí me da miedo la imposibilidad de hablar de ciertas cosas, pero tampoco quiero que vengan a explicarnos que hay otra memoria. Yo permaneceré en estado de alerta contra estas cosas y trataré de decir lo que considero.

Si quieres reescribir la historia, tienes que aportar todas las pruebas. Allí había una historia y yo he ido aportando lo que descubría gracias a los testimonios, porque yo fui a las fuentes, a los que lo habían vivido.  Me he dado cuenta de lo difícil que es trabajar en los archivos y, sobre todo leyendo, me he dado cuenta de que muchos reproducen libros. Yo he ido a las fuentes y tengo muchas más cosas. Los entrevistados me han dado sus fotos, sus cruces de guerra… todo el material. Nadie ha podido discutirlo.

Jardín de los combatientes de la Nueve. Fotografía: Cahtls (Fuente: Wikimedia).

Gracias a esto hay un jardín en París que se llama ‘Jardín de los combatientes de la Nueve’, un reconocimiento histórico.

—Gracias a su trabajo tanto institucional como con sus libros, la Nueve fue reconocida en Francia. Inauguraron un jardín en París dedicado a este batallón. ¿Cómo describe ese momento?

—EM: Cuando fui a verlo y entré en el jardín de la Nueve fue una emoción enorme. Muchos murieron mientras yo trabajaba. Pensé en qué dirían ellos, que habían sido olvidados. Estoy convencida de que estarían muy contentos porque el jardín está justo por donde ellos entraron, al lado del Sena, al lado de la plaza del Ayuntamiento.

Es un jardín con más de cincuenta rosales diferentes, árboles inmensos de más de 50 años… un jardín pequeño, pero encantador.

Yo también estoy contentísima. Sentí mucha emoción.

—¿Dónde se reconoce más a la Nueve, en Francia o en España?

—EM: No creo que en Francia se conozca tanto como en España, pero en la televisión ya nombran a la Nueve. Ahora, en Le Figaro o en Libération dicen ‘los soldados republicanos de la Nueve que entraron’, comienza a instalarse en la memoria colectiva.

—¿Por qué cree que a los franceses les ha costado reconocerlo?

—EM: En Francia está instalado el discurso de que fueron liberados por la resistencia francesa, unos héroes, pero cuando entras, lo descubres. Todos los años, en París, celebran la Liberación de París el 25 y el 26 de agosto, uno dedicado al general Leclerc y otro al general De Gaulle. ¡Estos hombres entran el día 24 de agosto! Aquel día, alguna agencia inglesa lo hizo público y la gente salió a la calle para celebrar la liberación de París. En Nueva York, en Australia, en México… el mundo celebró la liberación porque los nazis habían perdido. Sin embargo, el 24 no aparece en ningún sitio, siempre es el 25 porque entra Leclerc con sus tropas y Alemania se rinde. Si la liberación del 24 la hubieran protagonizado franceses, la cantarían al mundo entero. Sin embargo, hay silencio.

Actualmente, gracias a la asociación que he creado, la alcaldía de París lo celebra el 24, pero oficialmente todavía es el 25 y el 26. Algún día se instalará, pero debe entrar en los libros de historia.

—Los hechos históricos solo se pueden tomar con la verdad…

—EM: Es lo que yo reprocho a los historiadores, que un hecho histórico lo hayan dejado de lado. En aquel momento, la historia francesa era la resistencia, pero cuando entras no es cierto. De Gaulle estuvo solo los cuatro años que estuvo en Londres, no le apoyaron hasta que desembarcó. Él llegó el 25 de agosto y dio su famoso discurso “París liberada por sí misma, Francia liberada por los franceses”. Lo escuchas todos los 25 de agosto. Sin embargo, había más de 32 nacionalidades luchando al lado de los franceses contra los nazis.  Los españoles eran mayoría porque, debido a la Guerra Civil, migró más de medio millón de personas. Había más de 300.000 militares españoles.

¿Dónde están? Esa fue mi primera pregunta. Ellos no tenían armas, pero sí la experiencia de la guerra de España. Batallaron hasta abril de 1939 y en septiembre comenzó la II Guerra Mundial. En 1940 los alemanes entran en Francia, cogen a 1.800.000 franceses y se los llevan a Alemania. Francia perdió muchísimos hombres y los españoles estaban allí con su experiencia de guerra y son los que van con el ejército francés. Donde lucha el ejército francés, hay españoles. He encontrado trazas de españoles en Libia. El que no estaba en el ejército estaba en la resistencia. Ellos crearon grupos de trabajo extranjero con 250 o 300 cada grupo, y los enviaron por toda Francia para hacer los trabajos que los franceses no podían hacer. Estuvieron en todo el territorio galo.

Cuando los alemanes quisieron cogerlos, se escaparon a los montes y bosques. En Francia dicen “comienza la resistencia”. Fueron los españoles los que instruyeron a la resistencia, los que daban las armas, los que enseñaban a tirar, los que enseñaban a comer hierbas del bosque, a hervir bellotas… a sobrevivir.

—Las guerras son terribles…

—EM: A mí me daban mucha pena, hay muchísimos muertos. Los alemanes cogían grupos y los fusilaban. A muchos los tenemos perdidos para siempre porque los enterraban en el bosque, en cualquier sitio. Fueron miles durante cuatro años.

Esto me impulsó al trabajo, lo consideraba tan injusto…

—¿Qué fue de ellos cuando terminó la guerra?

—EM: La mayoría no hablaba francés. Habían sido reconocidos como combatientes extraordinarios, pero era sobre todo por experiencia. Porque como me dijo uno de ellos, en España habían luchado casi sin armas y en la II Guerra Mundial tenían las armas de los americanos, cedidas por los aliados.

La mayoría eran agricultores o profesores antes de la guerra. Después, cuando terminó, los mandaron a sus casas: campos, cuevas, bosques… porque a España no podían volver. Pero descubrí que eran magníficos técnicos. El general Leclerc era durísimo, todo tenía que estar en perfectas condiciones, por ejemplo, no permite entrar en París hasta que la tanqueta esté arreglada. Esto les hizo ser muy buenos mecánicos, por lo que, sobre todo, trabajaron en fábricas francesas como Citroën.

Todos son ya mayores de 80 años y viven en casas de campo con jardín. Fernández, un asturiano, se había hecho su jardín de manzanos como los de sidra asturiana. Casi todos se integraron en la normalidad francesa. Solamente uno, que se casó con una joven de alto nivel, adquirió un nivel de vida elevado.

De izquierda a derecha Manuel Fernández Arias y Luis Roll. Fotografía: www.mve2gm.es (Fuente: Wikimedia).

Entre los hijos de los excombatientes hay diputados, pero sobre todo profesores. Los combatientes salieron de la república de Azaña, que era una república de cultura. La II República se basó mucho en la educación. Por eso les educaron con ese patrón y muchos terminaron ejerciendo como profesores.

Las familias se integraron en la vida francesa, pero es curioso porque son los nietos los que indagan en los archivos de las universidades para encontrar la huella de sus abuelos.

Los hijos tenían relaciones difíciles con los padres porque eran muy exigentes. Ellos querían que se integraran en Francia, que no los trataran como les habían tratado a ellos en los campos de concentración. Se sintieron humillados allí porque consideraban que, después de haber luchado por la República, habían sido humillados por otra república. Exigían a sus hijos que hablaran perfecto francés.

—Ellos llegaban de perder en la Guerra Civil, después se sintieron humillados en los campos de refugiados. ¿De dónde sacaron las fuerzas para combatir y ganar?

—EM: Son héroes. Hacen la Guerra de España y continúan en Francia con la II Guerra Mundial. Allí se enfrentan en Túnez contra Rommel y ganan, llegan a París y hasta el nido de águilas de Hitler. Estando allí se enteran de que Alemania se ha rendido y allí, junto al general Leclerc, se beben el champagne de Hitler.

Yo no los considero héroes porque son gente sencilla, pero lo que me hacía respetarlos y admirarlos es que ellos sufrieron muchas decepciones. Hay cuatro traiciones: la primera, que Francia no ayudó a España en la Guerra Civil; la segunda, cómo fueron recibidos en los campos; la tercera, tras ganar la II Guerra Mundial los aliados no liberaron España; la última es el olvido.

Pese a estas cuatro traiciones, cuando yo les preguntaba si volverían a hacerlo, todos decían: “Si fuera por lo mismo, lo haríamos”. Tenían unos valores que les daban fuerza. Muchos de ellos tenían 17 años, pero si se dieran las mismas razones, volverían a combatir.

—Hasta ahora solo hemos hablado de hombres, ¿cuál fue el papel de las mujeres?

—EM: No aceptaron a las mujeres en el ejército. De hecho, cuando ellas llegan, la mujer francesa no votaba. Las españolas se ofrecieron para el combate, pero no las aceptaron. Solo sé que algunas fueron requeridas por servicios secretos ingleses y americanos.

Sí formaron parte de la resistencia. Lo he escrito en el capítulo ‘Ignoradas’. No hubo ninguna red que no tuviera mujeres españolas. Tuvieron un papel muy importante. Ellas iban en bicicleta de una punta a la otra de Francia sabiendo que si las cogían las podían torturar, pero pasara lo que pasara no podían hablar.

Tuvieron fuerza y lucharon hasta el final. Fueron nueve años, entre 1936 y 1945. Después llegó el silencio.

En 2014 conseguimos que el Gobierno francés reconociera el papel de los soldados españoles. Hasta entonces, solo lo hacía la alcaldía de París gracias a Anne Hidalgo. El ministro de Defensa de Francia dijo: “Hace 70 años, los primeros soldados que entraron en esta plaza eran españoles”. Fue la primera vez que lo reconocieron.

Anne Hidalgo, alcaldesa de París, en el reconocimiento de los soldados españoles de la Nueve.

—Teniendo en cuenta la historia y la visión que pueda tener desde Francia, ¿cómo ve la situación actual española?

—EM: Tengo problemas para comprender ciertas cosas. Tal vez España tenga que pasar por lo que está pasando para llegar a una serenidad que no tiene. 

El otro día me preguntaron qué dirían estos hombres de España. Yo que hablé con ellos: ven una España por la que ellos han luchado y con muchas posibilidades. Si a ellos les hubieran dicho monarquía o república, hubieran elegido república, pero consideraban que España ha evolucionado.

—¿Cuál es la importancia de conocer la historia personal de cada uno de ellos?

—EM: El libro de La Nueve está dividido en tres capítulos y uno de ellos es ‘Paisaje de hombres en guerra’. Esto me permitió entrar en ellos. Yo considero esencial esta parte porque doy los esquemas sobre quiénes eran y qué es lo que pasaba para que se comprenda qué ocurría en estos momentos, cómo llegan aquellos hombres. Lo  interesante es que cada uno de ellos llega de un lugar diferente y cuentan su infancia, cómo vivieron la República, que recordaban… Es muy interesante porque así encuentras a los hombres con su historia, sus sentimientos, sus familias abandonadas… Uno de ellos, al terminar la Guerra, quería volver y le dijeron que no lo hiciera porque todos sus amigos habían sido fusilados.

En el segundo libro es distinto, pero incluso los personajes podrían ser intercambiables. Estoy segura de que Pinocho, en la resistencia, podría haber sido Granell. Son todos personajes con valores intensos y mucho coraje. Si fueran americanos, veríamos películas sobre ellos.

—¿Podría contarnos alguna de las historias del libro?

—EM: El general Leclerc era militar, aristócrata y creyente y curiosamente los españoles me hablaban con mucho respeto de él. Leclerc era nacionalista y tenía una visión de que se quemaban iglesias y estaban violando monjas, por lo que estaba contento con el golpe de estado, veía a los republicanos como diablos.

El general Leclerc es el primero que se presenta a De Gaulle, a sus órdenes. De Gaulle lo envía al Chad. Los diablos españoles lucharon con él y cruzaron toda África, hasta Túnez. Esa lucha los une porque Leclerc se da cuenta de que los alemanes han invadido su país, igual que hicieron junto a los italianos en España.

Después de todas las peripecias que han vivido juntos, al llegar a París, el general Leclerc le dijo al general Puig que eran esos españoles los que debían ir al lado del general De Gaulle para que lo defendieran y para que recibieran el aplauso de los franceses.

La Nueve entrando a París. Fotografía: www.mve2gm.es (Fuente: Wikimedia).

Manuel Fernández cuenta que de vez en cuando iba Leclerc a fumar un cigarrillo con ellos y les decía que realmente eran combatientes por la libertad, que era lo que hacían en ese momento, combatir por la libertad de Francia.

—¿Quedan historias por contar?

—EM: La historia necesaria, que estaban en esa lucha y estuvieron entre 1936 y 1945, siempre con noción de libertad, ya está contada. Pero ahora hay muchos personajes que merecen un libro. Estoy escribiendo sobre un psiquiatra catalán de la Resistencia.

Luego está el coronel Puig, de la Nueve, que es un personaje esencial porque es el que reúne a los españoles y los mete en la Segunda División Blindada. La historia de España y de estos republicanos se refleja en él.

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Miguel A. Sánchez

Periodista y alicantino, no necesariamente en ese orden. También soy graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, aunque lo mío es juntar letras. El mundo es una constante de idas y venidas. Alguien tiene que contar lo que ocurre.

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