Impulso irresistible

¿Este es el tiempo de la desescalada?

Fotografía: Himsan (Fuente: Pixabay).

En el Diccionario del español actual de los profesores Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, de 1999, se nos explica magníficamente que desescalada es la disminución en la extensión, la intensidad o la magnitud de algo, especialmente de la lucha o la violencia. Nosotros, cuando lo experimentamos sabemos que se trata de una tensión que se pone a la baja, algo parecido (y muy gráfico) como una caída libre de brazos y manos, y si se quiere exagerar también creemos que podríamos decir que es un “dejarlo estar”, un “alejarse del lugar y del momento”, hasta convertirlo todo en un abandono. Pero si antes era tan fuerte como para obligarnos a protegernos y a bregar y batallar (como se ve, se trata de una auténtica lucha), ahora hay que mostrarse cautos y tranquilos, sin enfadarse siquiera por la hartura que nos come los nervios con tanta máscara que no es para jugar al “te veo y sé quién eres”, sino un arma de doble objeto: Agredir por si acaso y prepararnos una postura cómoda para disparar (en defensa propia, claro) no vaya a salirnos el tiro por la culata. Y esto es lo que creemos que es la desescalada, aunque podríamos encontrarle razones más poderosas para denigrar el uso de lo que ya es abusivo al saltarse algunos pueblos.

A ver si nos sosegamos y entramos en la estación del descanso que ya nos está esperando porque, aunque quisieras que no, en realidad hay muchos intereses creados por en medio, si bien todo anda acompañado de unos cambios climáticos bastante furibundos, que no sabemos si es otra guerra que ya se ha entrenado entre rusos y croatas (un modo de hacer un mundo más entendible, que no va a poder extenderse y ser más grande; porque no sería muy soportable controlar la vida y la paz de tanta gente con climas e idiomas que no paran de expansionarse). Habrá que recordar una vez más lo que escribió el actual Obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla:

“La fuerza que mueve el mundo es el amor, y el amor ilusiona. Cuando una persona está emocionada con su vocación, es imparable, transmite ilusión y la contagia. La ilusión madura con el tiempo pero no decrece. Se hace, incluso, más fuerte, al superar obstáculos, momentos de desaliento, bajones de ánimo y dificultades de todo tipo”.

José Ignacio Munilla, Obispo de Orihuela-Alicante

Bien sabido es que de muchos es empezar, y de pocos es llegar a término. En esta vida vence el que persevera con paciencia y fortaleza; es decir, con fidelidad, que es una virtud necesaria en los buenos y en los malos tiempos. Es importante combinar la ilusión que nace del celo ardiente con una paciencia a prueba de bomba. En esta época nuestra, en la que todo lo conseguimos enseguida, sin esperas, casi al instante, es muy importante que tengamos una guía para superar las dificultades que se nos presentan en la vida. “Lo que más me ayuda para no cansarme ni acostumbrarme es procurar vivir en presencia de Dios, ¡Dios es siempre nuevo, nunca te cansas de Él!”.

Nos parece muy necesaria para que la persona se vea reflejada en lo que aquí se intenta plasmar, porque, si uno no reconoce el mal, es imposible que ponga el remedio. Muchos tienen una visión “eficientista” de la oración. La entienden como un motor, pero un motor que movemos nosotros. Piensan que la oración sólo es el fruto de un esfuerzo personal, una especie de técnica que funciona del siguiente modo: leo, medito, escucho o veo algo que me ayuda: lo interiorizo. Hago examen de cómo lo vivo y veo cómo puedo incorporarlo a mi vida. Y como último paso, lo hago mío con un propósito de mejora. Pero la oración es mucho más. Pues la oración también es sentimiento y contemplación. Son luces, inspiraciones, metas audaces, panoramas ilusionantes. Es algo vivo, no una actividad mortecina. Es el motor del amor verdadero. Lo que nos mueve a poner corazón en las cosas y no sólo nos ayuda a mejorarlas. Es escuchar la voz de Dios que nos habla, y dejarnos querer por Él. Es asombrarnos ante la fuerza de la grandeza de Dios que actúa en mi alma o en la de otros. Es contemplación callada de la acción de Dios o simplemente de la inconmensurable maravilla de su amor. Es admirarse.

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Demetrio Mallebrera

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