Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Haciendo amigos

El zoco sigue abierto

Imagen de Pedro Picatoste.

Al lado del MUBAG y, al salir de él, ya era tarde para comer, pero pensé que en la plaza de Santa María hay un par de bares que, al ser para guiris, tendrían la cocina abierta. Y así fue.

Sentado allí, no tuve más remedio que recordar algunas historias de ese lugar tan alicantino y singular. Lo primero fue acordarme del bueno de Antonio Vivo, ese sacerdote que recogió la iglesia llena de mierda, literalmente, y la dejó convertida en una maravillosa basílica. Me siento muy orgulloso de haber contribuido con él a aquella transformación, que excavó en la cripta y en los tejados, que limpió el pequeño claustro, que restauró la fachada y las cubiertas, y que sacó a la luz bastantes maravillas, sobre todo vasijas de los siglos XV y XVI que se llevaron a Valencia y que Antonio, Pedro Romero y el mismísimo Zaplana tuvieron que reclamar varias veces para que se devolvieran. Afortunadamente, hicimos un inventario muy bien elaborado. Algunas piezas están en nuestro MARQ, aunque muchas duermen el sueño de los justos en sus sótanos.

Aprovecho aquí para pedir, una vez más, el cambio y la mejora de la sala medieval de ese museo, que ya, más que urgente, sería justa y necesaria.

También viene a mi mente la ayuda y el patrocinio de la CAM en la restauración completa del precioso coro de la iglesia, y no tengo otra que entristecerme por la pérdida que ha supuesto para todos la deshonrosa desaparición de esta entidad.

En fin, allí estaba, viendo cómo decenas de turistas de todas partes disfrutaban del lugar. Sorprendido por el hecho de que se visite la iglesia pagando entrada —¡si Antonio levantara la cabeza!— y muy contento de que esa plaza no esté desierta y tenga vida. La verdad es que la ruta MACA, MUBAG, castillo, playa y Explanada está más viva que nunca.

Imagen de Pedro Picatoste.

Que se haya incorporado esa plaza a un recorrido turístico hace justicia a ese lugar, antiguo zoco y luego mercado. Y recordé, por último, alguna de mis clases de historia medieval:

El zoco ocupaba la plaza de la mezquita y la calle del Mar.

Por ella subían los pescadores con sus trofeos de la noche anterior. En las escaleras les esperaban los mercaderes, y allí mismo les pagaban y colocaban los pescados en sus puestos con hielo y sal; algunos los cortaban y los colgaban al sol, ahumándolos con yescas de viña. El olor del pescado ahumado se mezclaba con el de las especias y con los perfumes naturales de plantas de secano, al tiempo que el humo nublaba los colores de las montañas de pimienta negra, jengibre en polvo, canela, clavo de olor, nuez moscada y cilantro.

Esa mezcla, y todo el bullicio de gente transitando, daba la noticia a toda la Villa Vella: El zoco estaba abierto.

Conozcamos lo nuestro. Haciendo amigos.

Pedro Picatoste

Empresario e historiador.

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  • Gracias por ese paseo medieval y por recordarnos a Antonio Vivo, canónigo de la concatedral y párroco de Santa María, al que conocí siendo joven secretario del obispo Pablo Barrachina, en los años sesenta y con el que hablé, casi a las puertas de San Nicolás, pocos días antes de su muerte repentina. En 2007 me dedicó su tesis doctoral ‘La Iglesia ante el nuevo milenio’ con palabras llenas de afecto y elogio generoso, propio de un gran sacerdote cultísimo, un intelectual enorme que se merece un monumento aunque sólo fuera por el legado que ensalzas, el de la restaurada iglesia basílica de Santa María.