Al paso

El Rufián de Sánchez y el Cantó de Ayuso

Toni Cantó y Gabriel Rufián. Fotografías: Marta Jara, de elDiario.es (Fuente: Wikimedia).

Estamos abrumados por los sucios tejemanejes de casi todos los políticos en cuanto tocan poder.

A mí no me gusta hablar de Pedro Sánchez. Incluso me moleta tener que sacar a relucir a Isabel Díaz Ayuso, casi tanto como a la compañera del desaparecido (por el momento) Pablo Iglesias, Irene Montero, la cateta del lenguaje inclusivo que se ha buscado un sitio en la infrahistoria de este país con uno de los variados feminismos desnortados que tanto abundan por estos lares, de lo que un día fue Hispania y ahora es España, una España menos cantonalista que la de la Primera República y casi tan desmadrada como la de la Segunda, la que terminó con el Frente Popular que ahora quieren hacer triunfar los sociocomunistas del sanchismo y del podemismo.

Hoy debería salir en defensa de Pedro Sánchez por haber tenido el valor de comparecer en el Parlamento sabiendo lo que se le venía encima con el debate sobre los indultos a los condenados por el ‘procés’. Es un valiente (o un loco), casi tanto como los separatistas, nacionalistas y bilduetarras que le apoyan para que siga (des)gobernando este país de países o nación de naciones federadas que soñaron socialistas históricos y vuelven a soñar sanchistas, zapateristas, nacionalistas, separatistas y podemitas por el derecho a decidir.

Aquí y ahora todo son derechos. Nadie tiene obligaciones. Incluso en la UE hay dirigentes insensatos que quieren hacernos comulgar con ruedas de molino: convertir en derecho humano el matar humanos en el vientre materno. Los defensores de la vida serán perseguidos por defender a los no nacidos en proceso de ser alumbrados. Ser antiabortistas será un delito. Defender la vida será un crimen. Enarbolemos la bandera con una guadaña y una calavera. Viva la muerte.

Nos estamos volviendo locos a marchas forzadas. Lo del lenguaje inclusivo y la ideología de género forma parte del desmadre generalizado antihumanista. Sánchez llama vengativos a los que defienden la justicia y quieren el perdón solo para los arrepentidos. Pero él soporta a los que le insultan tras haber traicionado a España. Y tiene que tragarse sapos y culebras que le sirven en bandeja envenenada aquellos a quienes perdona. Da indultos a los compañeros de Rufián y tolera y traga que Rufián le diga en el Parlamento que ERC no lo cree cuando dice que no habrá referéndum de autodeterminación en Cataluña “porque ya dijo que no habría indultos y los ha habido; es cuestión de tiempo”.

Pedro Sánchez, durante su intervención en la sesión del control en el Congreso, 16-6-2021 (Fuente: Congreso de los Diputados).

Los republicanos catalanes, sus grandes socios traidores para que siga gobernando, no lo creen. Y con razón. Sánchez es el ‘Gran Mentiroso’. Se lo dijo Rufián. Y Sánchez, que tiene el otro alias de ‘Gran Tragaldabas’, se tuvo que tragar las palabras rufianescas. ¿Cómo puede soportar tan enorme humillación en el lugar más sagrado de la democracia, continuamente desacralizado por separatistas, nacionalistas y bilduetarras, sin que la presidenta sanchista, Meritxell Batet, pronuncie una palabra en defensa no ya de la libertad de expresión sino de la dignidad de la Patria, palabra que no gusta mucho a sanchistas y podemitas, aunque se la apropiara Pablo Iglesias contra el PP? Un presidente vilipendiado es una humillación para todos los españoles.

Nuestra dignidad como país la ponen los políticos por los suelos. Prometen el oro y el moro y tanto derechas como izquierdas decepcionan. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, acaba de copiar a Sánchez, el creador de puestos para amigos o socios. Ayuso se inventa (según leo) una Oficina de Español y pone al frente de ella, se supone que con un sueldazo, a Toni Cantó, el ex de Ciudadanos que se pasó a las filas de Ayuso para ayudarle en la campaña electoral. Es fácil deducir que los políticos, en cuanto tocan poder, se malician y caen en tejemanejes que para nada les prestigian. ¿Que no todos son iguales? Vale. Pero algunas cosas las hacen todos igual de mal. El enchufismo de Sánchez ha sido hiperbólico, lo que inhabilita al alcalde socialista de Valladolid, Óscar Puente, para criticar a Ayuso y Cantó. PSOE y PP (los otros partidos son aún peores) son y han sido sartén y cazo. Nada (o todo) tienen que echarse en cara. Los dos tienen una viga en los ojos. No nos ven ni nos quieren a los españolitos; solo se ven a sí mismos. Estoy pensando que Antonio Machado, cuando denunció las dos Españas, no se refería a la de izquierdas y a la de derechas, sino a la de los políticos y a la del resto de ciudadanos. Sufrimos los ciudadanos; los políticos se lo pasan bomba. ¿O no?

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Ramón Gómez Carrión

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