Impulso irresistible

El medio ambiente y la dignidad humana

Es de dominio público creer que la verdadera gran lacra de la humanidad en una sociedad ya de este lado del siglo veintiuno y contemplando la actitud generalizada de la población, es el hambre existente en los países pobres y la enorme brecha que separa ese mundo “de muerte” que pasa ya holgadamente de 820 millones de personas, según datos de la FAO (que divulgó la organización Manos Unidas y que ya se habrán desfasado por lo deprisa que corre esa ola dejando caer cada día a miles de hambrientos en la gran mancha del mapamundi, que lleva mucho tiempo sin cambiar a color positivo). Y esto, para algunos responsables políticos o de organizaciones internacionales no puede seguir siendo considerado durante tanto tiempo como un “fenómeno coyuntural”. Ahora se enreda más la madeja cuando lo que proponen es cambiarle el nombre y decir “cambio estructural”, pues las causas más sobresalientes, y en pleno desarrollo del conflicto social se basa en las confrontaciones armadas (guerras, independencias, autodefensa) y el cambio climático, en donde colocar el llamado “grito de la tierra” y el grito de los pobres como las dos caras de una misma realidad observándolo todo. Es, en efecto, el clamor que resuena en todo el planeta y el eco de la indigencia y de la degradación humanas.

La organización internacional Manos Unidas no deja de recordarnos que la crisis medioambiental arrebata la dignidad y conculca los derechos más básicos de hombres y mujeres a lo largo y ancho de nuestro mundo en los siguientes asuntos claves para subsistir: el derecho a la salud por encima de todo, a la alimentación, al agua, al desarrollo, a la búsqueda de una vida digna. Pero no se puede olvidar la extremada, en ocasiones, vulneración ambiental a causa de la contaminación del aire, del suelo y del agua, polución por fertilizantes, producción textil, desforestación, quema de arboledas con intenciones siniestras donde hay tanto que hacer referente a los residuos (aguas fecales, plásticos, productos químicos…), sin hablar del cambio climático que tanto está influyendo en las grandes producciones y en los puestos de trabajo temporeros). Es importante recordar que Manos Unidas tiene su misión en luchar contra el hambre y la pobreza, y sus causas, para que toda persona se convierta en auténtico agente de su propio desarrollo. Su quehacer descansa sobre su fe en la creación con la creencia de que la tierra nos precede y es un don que hemos recibido en herencia y, por tanto, que debemos cultivar y cuidar, proteger, defender y preservar. No somos dueños sino custodios en el presente.

Es muy importante considerar el postulado universal, pues Manos Unidas tiene la misión de luchar contra el hambre, la pobreza y sus causas, de manera que la persona se convierta en auténtico agente de su propio desarrollo. El quehacer de esta institución descansa en hacer con eficacia sus fines, que nos llevan, por tener ámbito tan grande, en pretender vivir una fraternidad universal verdaderamente encomiable, que vela porque todo lo que se ha creado está destinado a todos, con una visión de futuro inacabable, pensando en los que ahora vivimos y en los que vendrán y heredarán una nueva tierra, limpia, sana, productiva, cuyos frutos sean para el bien y bienestar de todos. Hay herencias del pasado, principalmente las que derivan de las propiedades y la extensión ambiciosa, así como la diferencia de las clases humanas, cuya reparación nos toca de frente a todos los países más desarrollados. El Papa Francisco hablaba de “la existencia de una deuda ecológica, particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales y con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países”. A nosotros nos puede parecer inalcanzable hacer cosas en bien de los habitantes del planeta, pero es “el nuestro” y hay que cuidarlo.

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Demetrio Mallebrera

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