Opinión

El coche eléctrico ¿Solución, optimismo infundado o marketing? (II)

Fotografía: Conscious design (Fuente: Unsplash).

En la primera parte de este artículo definía los híbridos enchufables actuales como una base de coche de combustión “tradicional” (lo que vamos llamando como térmicos) con una batería suficiente para alimentar un motor eléctrico en los desplazamientos diarios habituales para la mayoría de los paisanos.

¿Y si cambiamos el orden? O, como decía al final de la parte primera ¿Y si lo hiciéramos al revés?

Un coche eléctrico con una batería mediana/pequeña que nos permitiera hacer 100/150/200 km eléctricos y un pequeño motor de combustión para grandes desplazamientos o cuando para, por lo que sea, no hemos podido cargar la batería ¿Cuánta gente hace habitualmente más de 100/150 km? Muy pocos, entre los que me incluyo.

Debido a que no es posible hoy conseguir coches eléctricos mínimamente operativos a precios comparables con los térmicos (recordemos que el precio medio de los coches que compramos en España está en el orden de los 20.000 €), los fabricantes, con buen criterio, se van centrando en el sector medio/alto para que la comparación económica con sus homólogos de combustión no resulte sencillamente escandalosa.

Fotografía: Dcbel Ope (Fuente: Unsplash).

Suelen adornarlos, eso sí, con potencias estratosféricas muy fáciles de conseguir con máquinas eléctricas que, no dejemos de decirlo, ofrecen una eficiencia inalcanzable para un térmico además de una compacidad, peso y silencio (en esto último hay división de opiniones) igualmente fuera del alcance de los motores de toda la vida.

Estas potencias excesivas e inútiles para todo lo que no sea un circuito están, por supuesto, en las antípodas de cualquier criterio de ecologismo, economía y sostenibilidad con que se publicitan, por lo que se encuentran en el muy entendible campo del “a ver quién mea más lejos” tan propio de la condición humana a la que todos sucumbimos en mayor o menor medida. Realmente en la medida de lo que nos podemos permitir.

Algún amigo me ha enseñado su flamante eléctrico de 500 CV y me dice, creo que hasta de buena fe, lo ecológico y limpio que es… me da la risa floja y normalmente callo por no romper su ilusión. Creo que ya he explicado aquí lo que pienso.

No obstante, está claro que la compra de un coche no es nunca una decisión 100 % racional (y celebro que sea así). Un coche nos presenta y nos representa, de algún modo nos define y tienen una faceta lúdica, además de los aspectos de lujo y confort que hacen de esta adquisición un hecho, en general, importante en nuestras vidas. Todos conducimos un coche por encima de nuestras necesidades.

Fotografía: Photo Mix (Fuente: Pixabay).

Conducir un coche eléctrico es una experiencia realmente grata. La suavidad y silencio propia de la naturaleza de esta mecánica es una experiencia altísimamente recomendable. No hay cambio de marchas, el coche gana velocidad (y de qué manera) si se le “pisa”, casi por embrujo y el hecho de no emitir gases de escape lo hacen perfecto para ambientes urbanos. He conducido eléctricos “normales” con potencias normales y autonomías razonables (para ser eléctricos) cercanas a los 300 km. Y están muy bien pero difícilmente bajarán de los 35.000 € (menos de la mitad cuestan sus hermanos de combustión). Y ojo con los precios que se publicitan porque las más de las veces incluyen la “subvención” del engañoso plan MOVES sujeto a más de una condición no siempre sencilla de cumplir y a un calvario burocrático que hará, si no te has aburrido antes, que cobres la ayuda a la que tienes derecho más de un año después de la compra con su correspondiente mordisco para hacienda.

Sin entrar en que el precio no sea financiado con esas imaginativas fórmulas que te hacen, so pretexto de un sustancial descuento, acabar pagando unos intereses de un 300 % sobre los de mercado. Recomiendo, y esto vale para cualquier coche, preguntar al vendedor: “¿Cuánto dinero te tengo que traer para llevarme el coche?” Eso es lo que vale. Lo demás son artificios contables. Ojo, que nos pueden interesar, pero el coche vale lo que vale al contado.

Volviendo a mi propuesta de ampliar la autonomía eléctrica de los híbridos enchufables como una solución, seguramente transitoria, hacia una fórmula mejor ya se van dando pasos.

Por desgracia son las marcas más caras, pero ya se pueden encontrar autonomías eléctricas “reales” en híbridos enchufables por encima de los 100 km. Y tampoco son raros los 60/70 km siempre, eso sí sobre una base térmica con apoyo eléctrico a precios más cercanos a la media.

Fotografía: Jd Weiher (Fuente: Unsplash).

Los coches eléctricos, tal como están concebidos con la tecnología actual no son solución desde el punto de vista ecológico. Es más, su alto precio y las trabas a los demás están consiguiendo que los usuarios alarguen hasta donde puedan sus viejos coches de combustión y ésos sí que emiten.

Las ciudades serían más limpias (y antes) sustituyendo los coches viejos por modernos (con las tecnologías de reducción de emisiones actuales y con los apoyos eléctricos que ya están generalizadas). Mucho más limpias que gracias a los pocos que se pueden permitir un eléctrico (un escaso 3 % en España a pesar de la masiva propaganda, y ayudas de todo pelaje que, por supuesto, desaparecerán más pronto que tarde).  Cifra perfectamente entendible por todo lo explicado. Y no dejan de ser unos “valientes”.

Mi idea, como decía, es un coche eléctrico con batería suficiente para los usos cotidianos con apoyo térmico.

Hubo un precursor de esta solución hace años, el Chevrolet Volt/0pel Ampera. Adelantado a su tiempo no tuvo el éxito que merecía en un mercado todavía inmaduro. Algo parecido con el ya extinto i3 Rex de BMW pero en este caso por lo modesto de la apuesta de su fabricante.     Alguno más se me escapará, pero, en su día, abrieron un camino que no ha tenido continuidad por la mentalidad “Pure Electric”, como si aquí lo de “puro” tuviera la connotación positiva que se le supone al término.

Les propongo una reflexión. Un vehículo medio con la aerodinámica actual no necesita más de 2 decenas de CV (15 kw) a 90 km/h. Unos 50 CV a 120 km (menos de 40 kw) siempre como aproximaciones y en llano. No se necesita muchísimo más para el uso normal. No quiere decir esto que tengamos que limitar la potencia de los motores, sólo dejar claro cuánto de ese potencial usamos realmente en cada circunstancia. La velocidad en autopista limitada, en carreteras ordinaria limitadísima y, el adelantamiento es prácticamente una maniobra del pasado.

Fotografía: Chuttersnap (Fuente: Unsplash).

Un vehículo con baterías para 150 km eléctricos con la posibilidad de tirar eventualmente de un motor térmica que le permita completar cualquier viaje sería una combinación válida para todo uso (no olvidemos para qué queremos un coche) y no sería tan cara (ni limitada) como es hoy un vehículo eléctrico. Y siempre (casi) iría eléctrico, sería más económico de producir y más ecológico por lo relativa pequeñez de su batería. Las proporciones de la ecuación eléctrico/térmico las irá determinando el mercado y no tiene por qué ser una, ni fija.

A principios de año ya hubo una marca que ha hecho una propuesta en esta línea.

Minoritaria pero siempre disruptiva, Mazda va a equipar su modelo eléctrico (con una autonomía ciertamente escasa por debajo de los 200 km) con un pequeño motor de gasolina que funcionará como generador para extender su autonomía y rotativo (ciclo Wankel) lo que garantiza compacidad y suavidad (ya veremos si consumo y fiabilidad) sin renunciar a unas prestaciones excelentes.

Es, para mí, un paso en la dirección correcta. Dejar que la tecnología se ajuste, que las infraestructuras se completen, que los precios de las baterías bajen, pero por su curso natural. El ecologismo estúpido, abrazado aún más estúpidamente por políticos celosos de su asiento y ajenos al interés de sus administrados, ha hecho, hace y hará mucho daño, aunque ya se escuchan ecos de sensatez contra los dogmas de lo políticamente correcto.

Cerramos nucleares, demolemos térmicas, y lo fiamos todo a renovables (no gestionables) y al gas (del que no disponemos) que nos deja a merced de terceros poco “fiables”, indefensos y sin planes alternativos.

Fotografía: Michael Fousert (Fuente: Unsplash).

Las consecuencias ya las estamos padeciendo y posiblemente empeorarán a corto plazo.

El vehículo eléctrico es una máquina conceptualmente simple por la propia simplicidad del motor eléctrico. Es la batería y la electrónica que lo gestiona, lo que le da valor y hace ya años que dejamos estos menesteres molestos en manos orientales, principalmente chinas, donde el cuidado por el medio ambiente es perfectamente descriptible y los derechos de los trabajadores también.

Además, buena parte de los componentes y materiales necesarios para estas nuevas tecnologías son de producción casi exclusiva de ellos. Pero no porque sean los únicos que tienen esos recursos, es porque ellos los han puesto en explotación. La extracción y refinado de las llamadas “tierras raras” (que no lo son tanto) requieren de una minería “puñetera”, como la del cobalto (cuya obtención merecería más de un artículo) imprescindible para las baterías.

Más del 60 % de estos materiales, tan exóticos como imprescindibles para las nuevas tecnologías se producen en una sola explotación, la de Bayan Obo, en Mongolia Central, China. Y allí se fue el presidente chino cuando Estados Unidos empezó a vetar y a colocar en listas negras (a tocarles las narices, vamos) a buena parte de las tecnológicas chinas (entre ellos su buque insignia Huawei) en un mensaje nada sutil de demostración sobre quién tiene el mango de la sartén.

Hemos decidido (como en la fabricación de placas solares) que se ensucien ellos. Ahora ellos, y los comprendo, han decidido cuánto nos van a cobrar por ensuciarse para que nosotros podamos presumir de ecológicos.

Fotografía: David Mark (Fuente: Pixabay).

No puedo dejar de mencionar aquí el curioso caso de Noruega, país con una sociedad avanzada, ciertamente concienciada y que marca el máximo de electrificación mundial de su parque móvil cuyas ventas ya superan el 50 %. Obviamente su nivel de vida no es el nuestro pero lo que riza el rizo es que buena parte de sus ingresos proviene de la explotación de sus yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte que alimenta el fondo soberano noruego, el más capitalizado del mundo. Y de allí, del Mar del Norte, no sale Tofu.

Volviendo a los recursos mineros hay un país que hasta ha prohibido desde la prospección hasta la explotación de sus propios recursos relacionados con estos elementos (Ley 7/2021), que ya es ir de sobrados ecológicos. Y también se han retirado las licencias de prospección para petróleo y gas que potencialmente encierra la plataforma afro-canaria, ya se encargarán nuestros vecinos. Sí, se llama España. Ya lo pagaremos.

Estamos penalizando las tecnologías en las que somos líderes (motores eficientes, cajas de cambios y demás relacionado con las mecánicas térmicas tradicionales) que tienen todavía un enorme recorrido, para abrazar otras que dependen de recursos que no tenemos y en un plazo que hace imposible que nuevas tecnologías (que aparecerán) reviertan esta dependencia ¿No les suena? ¿Se necesitan conocimientos de geoestrategia avanzada para vislumbrar en qué posición nos deja?

No está esculpido en piedra que haya que dejar de fabricar coches con motor de combustión a partir de 2.035. Está escrito en las leyes que redacta gente que no las sufre y, además, o mucho cambian las cosas o no se van a cumplir.

Pero están poniendo en un brete a miles de empresas y millones de trabajadores que viven de uno de los sectores económicos que más ha contribuido a nuestro bienestar.

Fotografía: Tim Meyer (Fuente: Unsplash).

No se trata de cercenar el progreso, lo dije al principio. El futuro será eléctrico o mayoritariamente eléctrico bajo distintas tecnologías. Y además lo deseo, pero mirando que las transiciones sean digeribles, defendiendo nuestros intereses, esperando que las infraestructuras se vayan desarrollando y, sobre todo, siendo realistas.

Vamos camino de que las ciudades sean coto para ricos curiosamente propiciado por los que proclaman que hacen las leyes para los más desfavorecidos.

¡Que viva el coche eléctrico! En la medida que sea accesible y realmente ecológico en comparación con lo que tenemos y no por imposiciones poco meditadas de políticos que anteponen lo que piensan que les es más rentable electoralmente bajo la etiqueta (dudosísima) de “verde” o que no atienda al interés general de sus administrados.

Y hablamos de HOY porque todo lo aquí expuesto va referido al estado de las cosas en este momento. El futuro no está escrito y lo que nos están escribiendo no será el futuro en el plazo que contemplan agendas irreales que nombran ministerios.

Dejar la llave de nuestro bienestar y hasta de nuestra supervivencia en manos de terceros nos somete a ellos y siempre hay que tener un plan “B” y hasta un “C”. En la energía, en la tecnología y por supuesto en la movilidad que van indisolublemente unidas.

El coche eléctrico lleva el camino de las anteriores con las nefastas consecuencias que apenas empezamos a sufrir. Pero estamos a tiempo de reencauzarlo con decisiones responsables que hagan de la tan manoseada “transición ecológica” una transición a alguna parte que nos podamos permitir y que nos interese.

Fotografía: Samuele Errico Piccarini (Fuente: Unsplash).

Tenemos, especialmente nuestros gobernantes, las prioridades confundidas. Lo primero es comer y después, comer rico, comer sano, comer de recursos sostenibles y ecológicos. Pero lo primero es comer.

La prioridad (para la mayoría de nosotros en el tema que nos ocupa) es tener un coche. Nuestra concienciación y la legislación deben propiciar que sea lo más seguro, limpio, sostenible y reciclable posible. Pero lo primero es…  ¡¡COMER!!, independientemente (o con la máxima independencia posible) de lo más o menos cabreados que con nosotros estén nuestros proveedores que, en buena praxis empresarial, nunca deben ser únicos.

Para acabar, si han tenido la inmensa paciencia de llega hasta aquí defiendo que hay que fomentar la movilidad eléctrica en las ciudades, y sólo en las ciudades, si queremos hablar, con rigor, de movilidad sostenible con el actual estado de la tecnología.

Los nuevos vehículos híbridos enchufables son hoy la mejor opción si se puede asumir su precio.

Y, claro está, tender a que los materiales que se necesitan hoy en día para esta movilidad sean sustituidos por otros más ecológicos (en todo su ciclo) y, sobre todo, más disponibles y no tener que depender de posibles chantajes que la cambiante geoestrategia nos deparará.

Y siempre dejarse puertas abiertas…

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Juan José Martínez Valero

Nacido y criado en Melilla y afincado en San Pedro del Pinatar (Murcia) desde los 15 años. Dejé los estudios para desarrollar la empresa familiar de la que todavía vivimos. Muy aficionado desde siempre a temas científicos y de actualidad.

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