Sin recortes

El carácter efímero de las noticias

Niños vendedores de periódicos en 1917. Fotografía perteneciente a la Librería del Congreso de EE. UU., de la colección del National Child Labor Comittee (Fuente: Wikimedia).

Dicen los diccionarios que efímero define aquello que es pasajero o de corta duración. Se ha hablado mucho de lo efímeras que son las palabras pronunciadas oralmente, ya que, si no son escritas, se las lleva el viento. Un canto a la validez de la escritura como una manera de perpetuar las expresiones que otros autores o autoridades en una materia han dejado para la posteridad. Este es, por ejemplo, el valor del trabajo de los grandes recopiladores de literatura oral o popular —leyendas, cuentos o rondalles, en su forma valenciana— que a finales del siglo XIX, o ya en el XX, realizaron autores como los hermanos Grimm, o más cercanos como Joan Amades o Enric Valor, entre otros.

La literatura oral nació para ser efímera, o sea, para ser transmitida a través de la palabra no escrita. De esta manera, las historias se adaptaban o se modificaban según el interés de quien las pronunciaba y del público que tenía delante. En el momento que fueron transcritas encontraron una manera de perpetuarse en el imaginario de una cultura concreta. Así, gracias al trabajo de los recopiladores anteriormente citados, han traspasado sus propias fronteras y se han convertido en historias universales desarrolladas incluso en el mundo cinematográfico.

Esta es la diferencia con el resto de la literatura, concebida a partir del documento escrito, tanto en los géneros de ficción, como la novela y el cuento, la poesía, el teatro, o los de no ficción como el ensayo. Por el contrario, la comunicación de noticias siempre tuvo la doble opción, según el canal de desarrollo y de transmisión, de la oralidad o la escritura. La radio es, sin ninguna duda, el medio principal de la transmisión oral de estos. La prensa escrita, en cualquiera de los medios actuales, sea en papel o en medios digitales, tuvo la ventaja de añadir la pervivencia del tratamiento de las noticias a través del tiempo.

En la actualidad hemos podido observar cómo la acción de estos medios de comunicación ha reducido su impacto y su pervivencia en el tiempo. Lo que era normal en un medio como la televisión, aquello denominado como fast thinking —mejor optemos por el término pensamiento rápido—, parece haberse generalizado. Hemos asumido con resignación la velocidad y la simplicidad de algunos enunciados informativos que no pueden sintetizar el resto de la información.

Si en la prensa escrita el desarrollo del enunciado representaba la ampliación de la documentación correspondiente, en los medios digitales el titular es, a menudo, el único elemento de lectura. Saltamos de un enunciado a otro en velocidad de vértigo sin preocuparnos por tener todos los datos. Realizamos nuestro propio resumen de prensa a partir de titulares, de manera que avanzamos de uno a otro sin requerir más información.

Las noticias se convierten, por lo tanto, en efímeras, en breves frases que dejan de tener interés en el momento que hemos avanzado en nuestra lectura digital. Es cierto que todos los lectores no somos iguales, que algunos nos preocupamos por ampliar el desarrollo, por obtener el resto de los factores y de consecuencias del hecho acontecido, pero una gran mayoría —especialmente de las generaciones más jóvenes— han decidido sacrificar el saludable ejercicio de leer completa una noticia.

Cierto es que la lectura digital, sobre todo en una red como Twitter, ofrece una inmediatez en el tratamiento de las novedades que favorece este incremento de velocidad en la lectura y en limitar la perennidad de la información. Unas transformaciones que, sin ninguna duda, han modificado nuestros hábitos lectores y, porqué no, el desarrollo de la información en los medios tradicionales. El tiempo nos dirá si las noticias están inexorablemente condenadas a fallecer en el mismo momento de su comunicación. Todo un reto.

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Carles Cortés

Catedrático de universidad y escritor.

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  • Interesantísimo tu artículo. Como viejo periodista de periódico tradicional, apuesto porque el papel no desaparecerá nunca ni en periódico ni en libro. Saludos cordiales.

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