Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

Doce claves sobre las bases militares de EE.UU. y el futuro de Europa

Bases militares de EE.UU. en el extranjero (Fuente: Wikimedia vía QGIS).

Ninguna potencia en la historia de la humanidad ha proyectado su poder militar de manera tan sistemática, costosa y geográficamente dispersa como los Estados Unidos de América en el siglo XXI. Lo que Roma hizo con sus legiones y Gran Bretaña con su armada, Washington lo ha replicado y multiplicado con una red de instalaciones militares que abarca todos los continentes habitados del planeta.

Según los datos del SIPRI, la Agencia Europea de Defensa (EDA), el Defense Manpower Data Center del Pentágono, el Informe del Congreso de EE.UU. sobre Bases Exteriores (julio 2024), el Quincy Institute for Responsible Statecraft, el Consejo de la UE y los presupuestos del gobierno federal alemán a fecha diciembre de 2025, el Pentágono reconoce oficialmente al menos 128 bases militares en 49 países y territorios. Esta cifra, sin embargo, es solo la punta del iceberg.

El investigador David Vine, de la American University, y el Quincy Institute estiman que si se contabilizan todas las instalaciones, puntos de apoyo logístico, bases de acceso acordado y emplazamientos de uso compartido, el número real supera los 750 enclaves militares repartidos por el mundo, de los cuales 68 son bases permanentes de pleno derecho.

El Departamento de Defensa gestiona, en conjunto, 568 000 instalaciones que cubren 27 millones de acres en 4790 emplazamientos militares repartidos por el globo, desde las instalaciones domésticas hasta los más remotos puntos de apoyo logístico en el Indo-Pacífico o el Cuerno de África.

I.  La cartografía

Hay un mapa. Está extendido sobre la mesa. Se mira. Ciento veintiocho puntos. Cuarenta y nueve países. Cada punto es una base. Cada base es una bandera. Cada bandera es un coste. El coste no figura en el mapa. Así funciona el mundo desde 1945. Así lo decidieron los hombres que ganaron la guerra. Pusieron sus soldados en los puertos, en los aeródromos, en las llanuras. Y se quedaron.

Japón tiene catorce de esas bases. Es el país que más alberga. Luego vienen Filipinas, con nueve, y Corea del Sur, con ocho. Pero hay más. Muchas más. Los académicos que estudian estas cosas dicen que la cifra real supera los setecientos cincuenta enclaves si se cuentan los puntos de apoyo, las instalaciones compartidas, los pequeños acuerdos firmados sin grandes ceremonias.

Setecientas cincuenta. Se escribe y no parece real.

II.  Los hombres y mujeres

750 bases. 221 599 almas. Así los contó el Pentágono en diciembre de 2025. Doscientos veintiún mil quinientos noventa y nueve americanos lejos de casa. 52 793 están en Japón. 34 547 en Alemania. 22 844 en Corea del Sur. Los demás se reparten por el globo: en el golfo Pérsico, en el Mediterráneo, en el Índico, en el Caribe. Son jóvenes, en su mayoría. Tienen veinte, veinticinco años. Comen en comedores que huelen a todos los comedores del mundo. Echan de menos algo. Siempre se echa de menos algo.

Además de ellos, en Europa, desde que Rusia entró en Ucrania en 2022, hay ochenta mil soldados más en rotación permanente. No están contados en esa cifra. Son aparte. Son la urgencia.

III.  Las bases-ciudades

Las bases grandes no son cuarteles. Son ciudades. Tienen hospital, escuela, cine, campo de golf. Tienen su propia economía. Su propio mundo. Irradian economía donde se ubican. Exportan e influyen bajo la marca ‘USA friendly’.

Camp Humphreys, en Corea del Sur, es la mayor base americana fuera de América. Costó once mil millones de dólares construirla. Corea del Sur pagó casi diez mil setecientos millones. Es suya y no es suya. Es decir, que no lo es. Ramstein, en Alemania, es el centro nervioso militar de Europa. Por sus hangares pasó todo el armamento enviado a Ucrania. Sin Ramstein, esa guerra se libra de otro modo. Quizás no se libra. Ni esa, ni ninguna.

Ramstein Air Base. Fotografía de Edgar Rimaldo (Fuente: Military.com).

Junto a Ramstein está el hospital Landstuhl. Es el mayor hospital militar americano fuera del continente. Allí llegan los heridos de todas las guerras que libra América. Allí se reparan los cuerpos. Después vuelven, o no vuelven.

IV.  El omnipoder

La potencia del despliegue exterior americano no se mide únicamente en número de soldados. El presupuesto de defensa de Estados Unidos para 2024 alcanzó los 997 000 millones de dólares. La cifra nominal más alta jamás registrada por cualquier nación en la historia. Para 2026, la administración Trump proyectó sobrepasar el billón de dólares. Una palabra que en castellano suena a distancia geológica.

En el mar, la Armada de Estados Unidos opera una flota de combate sin parangón global, con 11 superportaaviones de propulsión nuclear —la clase Nimitz y la clase Gerald R. Ford—, cada uno de los cuales constituye por sí solo el núcleo de un Grupo de Ataque de Portaaviones (CSG) capaz de proyectar poder aéreo en un radio de 800 kilómetros sin apoyo terrestre. A estos se suman más de 70 submarinos nucleares (de ataque y balísticos), cruceros, destructores y buques anfibios. En 2024, el Pentágono destinó 48 100 millones de dólares a la construcción de nuevos buques de guerra. Las bases navales extranjeras más estratégicas son Yokosuka (Japón), Rota (España), Nápoles (Italia), Diego García (Océano Índico) y Baréin, sede del US Naval Forces Central Command.

En el aire, la Fuerza Aérea americana es la más poderosa del planeta por cualquier métrica. Opera alrededor de 5500 aeronaves de combate de distintos tipos, incluyendo los invisibles B-2 Spirit, los omnipresentes F-35 Lightning II (en los que se invirtieron 61 100 millones de dólares en 2024), los F-15 y F-16, y una flota de bombarderos estratégicos B-52 Stratofortress con capacidad nuclear. Las bases aéreas clave en el exterior incluyen Ramstein (Alemania), que actúa como cuartel general del Mando de Fuerzas Aéreas en Europa y del Mando Aéreo Aliado de la OTAN; Aviano (Italia); Incirlik (Turquía), punto neurálgico en el flanco sur de la OTAN; Kadena (Japón); y Misawa (Japón). Adyacente a Ramstein se encuentra el Hospital Landstuhl, el mayor hospital militar americano fuera del territorio continental.

En tierra, los pies son de acero. El Ejército de Tierra despliega brigadas acorazadas y mecanizadas en rotación permanente en Polonia, Alemania, los países bálticos y Corea del Sur. Estas unidades operan con sistemas como el carro de combate M1A2 Abrams, el vehículo de combate M2 Bradley y la artillería autopropulsada M109 Paladin. A todo ello se añade el arsenal nuclear estratégico: 37 700 millones de dólares se destinaron en 2024 a la modernización de armas nucleares y 29 800 millones al sistema antimisiles, incluyendo los interceptores THAAD desplegados en Corea del Sur y Rumanía.

Son cifras. Grandes cifras. Muy hollywoodienses. Todo estadounidenses. Una Superbowl perpetua. Unas ‘The Finals’ constantes. Detrás de cada cifra hay un ingeniero, un soldador, un lobista, un congresista. Detrás de cada cifra hay también un pueblo que paga.

V.  El fin

La distribución de las bases no es aleatoria. Responde a una lógica estratégica coherente articulada en torno a tres grandes ejes:

  • Contención de China en el Indo-Pacífico: El arco de bases desde Japón, pasando por Guam, Filipinas, Darwin (Australia) y Diego García, forma una línea de contención capaz de bloquear cualquier proyección marítima china en caso de crisis en el estrecho de Taiwán.
  • Disuasión de Rusia en Europa: La red de bases en Alemania, el Reino Unido, Italia, España (Rota y Morón), Polonia y los países bálticos constituye el andamiaje de la disuasión convencional y nuclear contra Moscú dentro del marco OTAN.
  • Control de las rutas energéticas en Oriente Medio: La presencia en el Golfo Pérsico asegura el flujo del petróleo, disuade a Irán y proporciona la infraestructura para operaciones en el flanco sur euroasiático.

Se contiene a China en el Pacífico. Se disuade a Rusia en Europa. Se vigila el petróleo en el Golfo. Esos son los tres grandes propósitos. Los académicos los llaman “teatros”. Como si fuera teatro.

Hay una economía política detrás de cada base. Siempre la hay.

El coste directo del mantenimiento exterior se estima entre ciento cincuenta mil y ciento ochenta mil millones de dólares al año. Si se suman los costes indirectos —sanidad del personal, pensiones, asistencia a aliados, investigación vinculada al posicionamiento—, los expertos del Quincy Institute calculan que desde 2001 el total acumulado supera los dos billones de dólares.

Dos billones. Se escribe y tampoco parece real. La clave de bóveda es el dólar. Siempre lo ha sido. No siempre lo será. Y si no lo es, EE.UU., este EE.UU., este mundo, no será. Desde luego igual, sí diferente. Lo dejaremos para otro lunes.

VI.  El paraguas

Toda generalización implica siempre una falsedad. La generalogía del lenguaje de Nietzsche. Discúlpeme. Hay algo que los europeos no suelen decir en voz alta. Lo piensan. Lo saben.

Durante setenta años, América les pagó la seguridad. No la regaló: obtuvo bases, mercados, influencia política. Pero la factura no llegó a las capitales europeas. Llegó a Washington. Y los europeos, con ese dinero ahorrado, construyeron sus estados del bienestar. Sus hospitales. Sus universidades. Sus pensiones generosas. Sus semanas de treinta y cinco horas. Lo que los analistas denominan el “dividendo de la paz” americano.

Ese contrato implícito está terminando. América lo dice ahora sin rodeos. Lo dijo Trump en 2017. Lo repitió en 2025. Lo dicen sus generales, sus senadores, sus analistas. Europa debe pagar su parte.

Y Europa empieza a pagar. Esa visión es americana. Seguramente. No denigre la opinión en función de donde se produce. Es una de mis máximas. No un dogma pese a su formulación imperativa.

VII.  La factura

Los miembros de la Unión Europea gastaron en defensa trescientos cuarenta y tres mil millones de euros en 2024. Fue el décimo año consecutivo de aumento. Representó el 1,9 por ciento del producto interior bruto conjunto.

En 2025 la cifra estimada ascendió a trescientos ochenta y un mil millones. Ya el 2,1 por ciento. Los miembros europeos de la OTAN, tomados en conjunto, gastaron quinientos cincuenta y nueve mil millones de dólares. Fue el mayor incremento desde 1953.

Son números grandes. Pero no son suficientes. Todavía no, según nos dicen. Europa no tiene portaaviones nucleares propios. No tiene satélites militares en número bastante. No tiene reservas de munición para sostener un conflicto de alta intensidad más de unos días. Depende de los sistemas de mando americanos para operar dentro de la OTAN. Esa dependencia tiene nombre técnico: C4ISR. Y tiene un coste político: la autonomía de Europa es, hoy por hoy, parcial.

VIII.  La soberanía

Los analistas han hecho los cálculos. Hay tres escenarios posibles.

  • El primero: sustitución parcial. Europa asume el coste del personal americano en el continente, opera las bases, mantiene los escudos antimisiles, cubre la inteligencia. El coste adicional neto sobre lo que ya se gasta sería de entre cien mil y ciento cincuenta mil millones de euros anuales. El gasto colectivo alcanzaría el 2,5 o el 3 por ciento del producto interior bruto.
  • El segundo: autonomía estratégica plena. Europa desarrolla sus propios portaaviones, su propio paraguas nuclear, sus propios satélites, su propia inteligencia independiente. El coste adicional sería de entre doscientos cincuenta mil y trescientos cincuenta mil millones de euros anuales. El gasto total llegaría al 4 o 5 por ciento del producto interior bruto. No se ha visto semejante esfuerzo desde los años cincuenta del siglo pasado.
  • El tercero: la transición lenta. Una década de ajuste gradual. Un crecimiento anual del gasto de defensa del 7 u 8 por ciento. La consultora Oliver Wyman lo ha calculado: Europa pasará de los cuatrocientos ochenta y un mil millones de euros de 2025 a más de un billón en 2035.

Un billón. De nuevo esa palabra. De nuevo esa distancia.

Von der Leyen lo cifró de otra manera, más política. Si los Estados miembros aumentaran su gasto en un 1,5 por ciento del producto interior bruto en promedio, se generaría un margen fiscal de seiscientos cincuenta mil millones de euros en cuatro años. A eso se sumaría un programa de préstamos de ciento cincuenta mil millones. El plan se llamó REARM Europe. Se presentó en marzo de 2025.

IX.  La recaudación

El dinero no sale de ningún sitio. Hay que crearlo, quitarlo de algún sitio, o pedirlo prestado. Hay cuatro caminos. El primero: endeudarse. Reformar las normas constitucionales que limitan el déficit. Crear fondos especiales al margen del presupuesto ordinario. Así lo ha hecho Alemania. El segundo: recortar el estado del bienestar. Reducir las prestaciones por desempleo. Subir la edad de jubilación. Congelar las pensiones. Aumentar los copagos en la sanidad. Reducir las ayudas a los más vulnerables. El tercero: subir los impuestos. Al consumo, a las rentas altas, a las empresas. Es el camino más honesto. También el más impopular. El cuarto: redirigir el gasto europeo común. Quitar fondos de cohesión, de política agraria, de desarrollo regional. Dárselos a la defensa. Requiere reformar los tratados. Requiere que veintisiete países se pongan de acuerdo.

Ningún camino es fácil. Todos tienen su coste. El coste lo pagaremos todos. Todos los de hoy. Sí, también todos los de mañana. Y pasado mañana hasta nuestros bisnietos. Literalmente.

X.  Merz, el freno y el recorte.

Hay un hombre en cuyo espejo nos miraremos. Se llama Friedrich Merz. Es el canciller de Alemania. Dirige el país más poblado y más rico de la Unión Europea.

Friedrich Merz. Fotografía de Sandro Halank (Fuente: Wikimedia).

Merz llegó al poder en 2025. Llegó con una idea clara. Alemania tiene que rearmarse. Tiene que asumir su papel en la seguridad de Europa. No puede seguir escondiéndose detrás de su historia para no gastar en defensa. Así que gastó.

En 2024, antes de Merz, Alemania ya había elevado su presupuesto de defensa a ochenta y ocho mil quinientos millones de dólares. Un 28 por ciento más que el año anterior. El mayor gasto de Europa occidental. El cuarto del mundo.

En 2025, con Merz ya en la cancillería, el gasto llegó a ciento catorce mil millones de dólares. Un 24 por ciento más. La primera vez desde 1990 que Alemania superaba el umbral del 2 por ciento del producto interior bruto exigido por la OTAN.

El freno

Alemania tenía una norma. Se llamaba Schuldenbremse, el freno al endeudamiento. Era de rango constitucional. Limitaba el déficit estructural al 0,35 por ciento del producto interior bruto.

Merz la reformó. Con los votos de la CDU, el SPD y los Verdes. Se crearon dos grandes fondos especiales al margen del presupuesto ordinario: uno de infraestructuras, de quinientos mil millones de euros a diez años; y otro de rearme militar, de dimensiones sin precedentes.

El presupuesto para 2027 que presentó el ministro de Finanzas Lars Klingbeil contempla un gasto total de quinientos cuarenta y tres mil trescientos millones de euros. Los ingresos serán de trescientos noventa y ocho mil cuatrocientos millones. La diferencia —ciento diez mil ochocientos millones de deuda nueva— se financia con esos fondos especiales.

El ministerio de Defensa, solo en 2027, dispondrá de ciento treinta y tres mil trescientos millones de euros. Una cifra sin precedentes para el país que perdió dos guerras mundiales y durante décadas ejerció una contenida prudencia estratégica.

El objetivo es llegar al 3,5 por ciento del producto interior bruto en gasto militar puro para 2029. Eso serían ciento cincuenta y tres mil millones de euros. En 2030, uno de cada tres euros del presupuesto federal alemán irá a defensa o al servicio de la deuda generada por el rearme.

El recorte

Merz lo dijo. No con estas palabras exactas, pero lo dijo: ya no podemos permitirnos el estado del bienestar tal como lo conocemos.

La renta básica ciudadana —el Bürgergeld— fue abolida. La beneficiaban millones de alemanes en situación de precariedad. La reemplaza un sistema más restrictivo llamado “Nueva Seguridad Básica”. El ahorro: cinco mil millones de euros al año.

Los servicios para personas con discapacidad fueron recortados en más del cuarenta por ciento. Las partidas de inclusión social cayeron un 21,7 por ciento.

La sanidad. La reforma del seguro médico obligatorio reducirá el gasto de los fondos de enfermedad en dieciséis mil trescientos millones de euros ya en 2026. Menos cobertura. Más copago. Hospitales con objetivos de ahorro obligatorios.

Las pensiones. Los seguros de dependencia. Las escuelas públicas. El apoyo a los solicitantes de asilo. Todo se recorta. Se recorta para que los cazas vuelen, para que los barcos naveguen, para que los tanques rueden.

El gasto en intereses de la deuda pasará de treinta mil trescientos millones de euros hoy a setenta y ocho mil setecientos millones en 2030. El 12,5 por ciento del presupuesto federal. Solo en intereses.

XI.  La bola de cristal

Alemania no es un caso excepcional. Es el espejo. Esa puerta de la realidad, o no, donde veíamos antes al canciller.

España aumentó su gasto de defensa un cincuenta por ciento en 2025, hasta los cuarenta mil doscientos millones de dólares. Fue la primera vez que superaba el umbral del 2 por ciento del producto interior bruto desde que ese objetivo se acordó en 1994.

Polonia dedica ya más del 4 por ciento de su producto interior bruto a defensa. Los países bálticos compiten en porcentajes. Toda Europa mira el mapa y ve lo que hay al este.

Si cada Estado miembro de la Unión aumentara su gasto en ese 1,5 por ciento adicional del que habló Von der Leyen, el coste agregado superaría los doscientos mil millones de euros anuales adicionales. Doscientos mil millones que habrán de salir de algún sitio.

Ya se sabe de dónde saldrán.

XII.  El interrogante

Hay una pregunta. Nadie la formula con claridad suficiente.

No es si Europa debe gastar más en defensa. La respuesta está dada. La pregunta es otra.

Quién paga. Cómo se decide. Qué sociedad emerge al otro lado de esta transformación. Y qué economía. Qué grupos y qué intereses. Qué influencias.

Nótese la descripción. Adviértase la interrogación. No la opinión.

EE.UU. no retirará. Tal vez sí, replegará. Europa aportará. Pero no dominará.

Ambos sí controlarán. Más aún. Uno de ellos, sin dólar, recortará. Más aún.

Tendremos un mayor complejo militar industrial made in USA. O dos a cada lado del Atlántico.

La paradoja, en forma de pregunta, se despejará. ¿Opinarás o contemplarás?

El mapa sigue sobre la mesa. Los ciento veintiocho puntos siguen ahí. Se miran. Y se pasa la página. Al pie de ella, esta semana el BCE, en boca de Luis de Guindos avisaba que el aumento del gasto en Defensa obligará a subir impuestos y recortar el Estado del Bienestar.

En la siguiente, Alternativa por Alemania lidera las encuestas.

Lorenzo Lorenzo Silvestre

Politólogo. Holístico. Amante del aprendizaje, la reflexión y las preguntas frecuentes en mi mente. Cualquier evento diario me llama poderosa y portentosamente la atención. Propio o ajeno. Natural o artificial. Cotidiano o extraordinario.

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