Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Familiarizando

Disfrázate de conejito rosa

Imagen generada por Copilot.

Contado así, de golpe, parece una broma de mal gusto o una anécdota inventada después de dos copas. Pero ocurrió. Y ocurrió de verdad. Año 1998. Una importante empresa alicantina —de cuyo nombre no puedo acordarme, o quizá no debo— celebraba una de esas reuniones trimestrales donde los directivos hablan y los mandos intermedios fingen escuchar con atención profesional. Todo transcurría según el guion habitual: caras serias, café tibio, corbatas ajustadas y la inevitable colección de gráficos y previsiones. Hasta que apareció el director general. Vestido de conejito rosa. No un detalle extravagante ni una corbata llamativa. No. Un disfraz completo. Cuerpo entero cubierto de felpa, cabeza incluida, y unas orejas tan largas que parecían buscar las vigas del techo. Un conejo rosa en mitad del reino gris de las reuniones corporativas. Imaginen la escena.

Y ahora pregúntense algo: ¿se atreverían ustedes? ¿Entrarían así en una sala llena de compañeros? ¿Darían una conferencia, impartirían una clase o acudirían a una reunión importante disfrazados de conejito rosa, de Superman o de cualquier otra criatura improbable? La mayoría no lo haría. Aquel hombre sí. Porque no buscaba hacer el ridículo. Buscaba algo mucho más difícil: ser recordado. Quería romper la costra de la rutina, sacudir a quienes tenía delante y grabar un mensaje en la memoria de todos los presentes. Sabía algo que los buenos comunicadores aprenden tarde o temprano: la atención es un territorio hostil y la sorpresa es una de las pocas armas eficaces para conquistarlo. Lo inesperado tiene una fuerza extraordinaria. Nuestro cerebro está diseñado para detectar aquello que rompe el paisaje conocido. Lo raro, lo insólito, lo que no encaja. Por eso recordamos ciertos momentos durante décadas mientras olvidamos cientos de días perfectamente normales. La sorpresa abre puertas.

Y detrás de esas puertas se producen conexiones neuronales invisibles. Asociaciones, emociones, recuerdos. Una especie de cableado secreto en la cabeza que une experiencias con aprendizajes y sentimientos. Es el motivo por el que nunca olvidamos el primer beso, una humillación pública o aquella tarde que nos cambió la vida sin previo aviso. Los acontecimientos que nos conmueven, para bien o para mal, dejan huellas profundas. Claro que no toda sorpresa es buena. También existen las que hieren, incomodan o humillan. Sorprender positivamente exige algo más que ocurrencias; requiere inteligencia emocional, consideración y cierta elegancia hacia los demás. La diferencia entre una buena sorpresa y una mala suele estar en la empatía. Pero cuando se acierta, ocurre algo interesante. Un gesto inesperado, una palabra amable, un detalle oportuno o un acto de generosidad crean recuerdos que permanecen. Quizá porque, en el fondo, todos estamos cansados de lo previsible y agradecemos que alguien altere el orden de las cosas con un poco de imaginación. Por eso nadie olvidó jamás al director general vestido de conejito rosa. Y tampoco olvidaron lo que dijo aquella mañana. Han pasado muchos años desde entonces. Sin embargo, cuando cierro los ojos todavía puedo verlo entrando en aquella sala, con sus enormes orejas rozando el techo y la perplejidad dibujada en las caras de todos los presentes.

Como si hubiera sucedido ayer.

Por Guillermo Asensio García.

ASAFAN Familias Numerosas

ASAFAN es una asociación sin ánimo de lucro que pretende la mejora de la situación de las familias numerosas en general y especialmente aquellas que se encuentran en exclusión. ASAFAN pertenece a la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN)
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