Narrativa

Desde mi ventana

Fuente: Pixabay.

Desde mi ventana, en este día nublado de invierno, observo con mirada melancólica el paisaje gris después de la lluvia recientemente caída, añorando con mucha nostalgia la primavera y el verano, que dicho sea de paso para mí son las estaciones con las que mejor me identifico.

Desde mi ventana sentado en mi silla de ruedas sin poder salir a la calle por el mal tiempo y por mi impedimento, aunque afortunadamente este sea temporal, miro, veo, observo y voy interpretando los símbolos que esta vista panorámica pone frente a mis ojos.

Desde mi ventana esos símbolos se transforman en positivos poco a poco por la necesidad de que ello sea así, por la necesidad de darle la vuelta a lo que ven de negativo mis ojos, por la necesidad de no acordarme de mi temporal disminución física.

Por eso desde mi ventana este día gris empiezo a verlo hermoso, la falta de sol que hoy está tapado por unas nubes pendencieras que amenazan con agua, lo reemplazo por la luz, esa luz que nosotros vemos tan hermosa porque lo es, y que otras personas por ser invidentes no pueden contemplar.

Fotografía: StockSnap (Fuente: Pixabay).

Desde mi ventana veo la tierra mojada oscurecida por la reciente lluvia, triste para quien no sepa ver que en la tierra mojada también hay poesía; pues eso, yo procuro ver esa poesía en la tierra mojada porque sin esa lluvia que la ha empapado, la tierra no daría frutos ni sería cultivable… ¡he ahí la poesía!… la poesía del misterio creador que hace posibles estas transformaciones.

Desde mi ventana veo las plantas sin flores en esta época del año, pero me empiezo a imaginar cómo serán de hermosas dentro de unos meses cuando empiecen a florecer llegada la primavera, gracias a esta beneficiosa lluvia que ahora les ha caído como una maná fructífero y vivificador.

Desde mi ventana en mi casa de campo al lado de la ciudad, contemplo este día gris y pienso en las personas que no pueden contemplar la hermosura y la magnificencia que representa el poder disfrutar de esta contemplación que yo disfruto, por vivir ellas en la ciudad en un piso entremezclado de un bloque de apartamentos donde casi nunca llega el sol. Este privilegio no todo el mundo lo tiene, por eso aunque no me guste este día de invierno triste y lluvioso, debo transformar en positivo este bienestar que Dios me ha dado de poder vivir cerca de la gran ciudad pero alejado de ella, de poder disfrutar con esta visión de campo a medio transformar en bloques de cemento, que con el tiempo… ¡todo se andará!

Desde mi ventana, ese cuadrado que parece una televisión a lo grande, observo los pajaritos como al cesar la lluvia salen a picotear los insectos que también han salido de su encierro bajo tierra… ¡es ley de vida! Ahora se acerca dando pequeños saltos una “pajarita de las nieves”, la verdad es que no sé el nombre real de este tipo de pájaros, pero desde que era un niño mis mayores me dijeron que se llamaba así, porque siempre se les veía en invierno cuando las nieves estaban cerca… ¡cosas de mayores!, diríamos ahora. Y vuelvo a transformar mi pensamiento negativo en positivo, ¿o es que no es positivo e incluso pura poesía el ver esos y otros pájaros revolotear en este día gris, después de la lluvia caída?

Imagen: Free Photos (Fuente: Pixabay).

Desde mi ventana veo las pocas casas que hay desperdigadas en el entorno que alcanza mi vista, es el día triste y gris, pero qué bonitas veo ahora estas casas solitarias, sin la aglomeración de la capital; hasta me parecen preparadas para reflejarlas en una postal, aunque sea de invierno.

Desde mi ventana en este encierro obligado, afortunadamente insisto para mí no por mucho tiempo, pienso en las personas que por desgracia esta u otra disminución física, les obliga a estar siempre postrados y condenados a mirar desde su ventana; y el día gris de nuevo se transforma en resplandeciente y hermoso, diciéndome a mí mismo… ¡¡tranquilo, solo son unos pocos días o meses!!

Desde mi ventana, veo lo hermoso que es vivir, lo bueno que es llegar a estar conforme con lo que Dios nos manda, y hacer que nuestra vida se transforme en positiva dentro de lo negativo que pueda haber en ella, siempre pensado en que hay personas que están peor que tú y luchan por vivir como verdaderos superdotados.


Nota. Este escrito-poema-reflexión lo plasmé en papel, en un momento en que por un accidente estuve postrado en una silla de ruedas durante unos meses.

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Francisco Carrión Galera

Paco Carrión (Galecar), nacido en El Daimuz (Oria-Almería), es ya un hombre maduro con intensas “cicatrices” en sus vivencias de todo tipo y a todos los niveles, pero es en esta madurez cuando se pone a escribir un poco más seriamente de cómo lo hacía en su juventud, desgranando en algunos de sus libros, su experiencia en la historia y la vida de España. Desde entonces ha publicado 12 libros de distintos temas, varias obras de teatro y múltiples relatos cortos y poemas, además de tener tres libros pendientes de ser publicados.
Personaje inquieto, aventurero, polifacético, investigador de vivencias, y un largo etcétera. Ello le llevó a trabajar en el cine, en teatro, televisión, salas de fiestas, compañías de revistas y en cualquier faceta que tuviese algo de innovador y bohemio, cultural, festivo o artístico a la vez.

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