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Sara Marín, más allá del deporte

Sara en un momento de su entrenamiento. Foto: SONIA MARCO
Sara en un momento de su entrenamiento. Foto: SONIA MARCO
Sara Marín es una gimnasta ilicitana. Su nombre es menos conocido que el de Almudena Cid o Alejandra Quereda, pero lo ha ganado todo en la rítmica, con nueve campeonatos de España y cinco medallas de oro de las recientes olimpiadas Trisome Games, celebradas el pasado mes de julio en Florencia, Italia. Pocas veces un […]

Sara Marín es una gimnasta ilicitana. Su nombre es menos conocido que el de Almudena Cid o Alejandra Quereda, pero lo ha ganado todo en la rítmica, con nueve campeonatos de España y cinco medallas de oro de las recientes olimpiadas Trisome Games, celebradas el pasado mes de julio en Florencia, Italia. Pocas veces un podio habrá visto subir a una atleta española tantas veces en una disciplina y, a pesar de no poder disfrutarla del momento en directo por la falta de cobertura mediática, su gesta se hizo viral. Nos hemos acercado al tatami donde entrena en Elche para conocerla un poco más.

Unas cincuenta chicas y algún chico de diferentes edades entrenan en el tatami del Pavellón de Deportes Toscar de Elche al ritmo de diferentes músicas acompañados por mazas, cintas, cuerdas y aros. Es una tarde de septiembre, recién comenzado el curso académico, y sus piruetas, giros y contorsiones son vigiladas de cerca por las profesoras del Club Deportivo Algar, al que pertenecen. Entre ellos, encontramos a Sara, una chica algo bajita, de complexión fuerte, con una musculatura bien definida y desarrollada y una flexibilidad increíble, que repite giros de forma constante y decidida junto a sus compañeras que, al igual que ella, preparan sus próximas competiciones.

Sara conoce bien la rutina, no en vano es campeona de España desde hace nueve años y este verano dio el paso internacional en Florencia, al quedar ganadora absoluta por aparatos e individual en la I Olimpiada para Personas con Síndrome Down, los Trisome Games. ¿Su secreto? “La constancia, el trabajo, no hay fórmulas mágicas, y eso Sara lo conoce bien”,  nos cuenta Titi Alberola, su entrenadora desde hace 17 años.

Sara y su hermana Lidia, con la que entrena. Foto: SONIA MARCOMás que una práctica de deporte

El flechazo entre Sara y la gimnasia rítmica empezó hace casi dos décadas, las que ella tiene, cuando a la edad de tres años empezó a imitar a su hermana Lidia, seis años mayor que ella, también gimnasta. “Empezó como un juego”, cuenta María José, su madre, “veía a su hermana y la imitaba, por lo que la trajimos y empezó a entrenar con Titi”. Poco a poco, tras horas de entrenamiento y constancia –“Sara no para hasta que no le sale un ejercicio, es muy tenaz”, confiesa María José- empezó a participar en exhibiciones e incluso en el programa televisivo “Veo veo”, de Teresa Arrabal, hasta que en un campeonato en Pamplona, donde participaba su hermana, la FEDDI Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales- le propuso competir. Era 2008, tenía once años y desde entonces no se ha bajado del podio de campeona de España.

Sara y su madre, Maria José, en el Centro donde entrena a diario. Foto: SONIA MARCOAl margen de los triunfos, la gimnasia rítmica ha tenido un destacado papel en el desarrollo de Sara. Como explica María José, su madre, “la necesaria coordinación entre movimiento y música que requiere la rítmica le ha venido genial en su día a día, así como la ha ayudado a conseguir su buen tono muscular, en contra de la hipotonia típica de personas con Síndrome Down”, dice con orgullo.

La práctica del deporte también ha hecho mella en su sociabilización, ya que entrena cada día con otras niñas del club, a las que imita y con quienes comparte ejercicios, a la vez que interioriza valores como el compañerismo y el trabajo en equipo por encima de la competitividad. Como señala Titi, su entrenadora, “no hay problema en su integración con otras niñas, no me cuesta montar ejercicios con ella, le explico lo mismo que a las demás y además la conozco bien, sé hasta donde puede llegar”.

Sara, primera por la izquierda, entrena con otras niñas a diario. Foto: SONIA MARCO

La Escuela de integración se creó a raíz de los buenos resultados de la rítmica en el desarrollo de Sara

A raíz de esta experiencia, Titi decidió dar un paso más y en 2006 puso en marcha la Escuela de Integración, proyecto que nació con la idea de ayudar a más chicos y chicas como Sara a través de la práctica de este deporte. Como señala Titi: “vendría fenomenal que pudieran empezar cuanto antes en la gimnasia, ya que hay mucha diferencia entre los pequeños y los más mayores, a los que conseguir una buena musculatura les resulta muy difícil”. La escuela cuenta en la actualidad con 20 alumnos discapacitados que cada martes y jueves practican este deporte junto a otros niños y niñas, que después pasan a formar parte del Club. En total, son unos 80 los deportistas con los que cuenta el Club Algar, cuya fuente de ingresos principal proviene de las cuotas de los asociados.

Sara Marín y Titi Alberola, deportista y entrenadora. Foto: SONIA MARCOEl coste económico de la práctica del deporte que tantos beneficios ha supuesto en la vida de Sara es otro de los aspectos que hablamos con Maria José y Titi. “¿Se cuenta con ayudas para ello?”, preguntamos. “Sara es deportista de élite y como tal recibe la misma beca que el resto de su categoría, la B: unos 240 euros anuales. Con este dinero le compro el mallot. Luego la FEDDI nos ayuda en los gastos que conlleva competir fuera de nuestra provincia, y para el equipamiento y los aparatos, conseguimos el dinero a través de patrocinadores privados. Titi se mueve mucho entre los empresarios locales”, comenta María José.

“Hay patrocinadores que año tras año nos apoyan porque ven resultados y así nos lo reconoce. Para sacar adelante el club necesitamos de 15.000 a 20.000 euros anuales, entre el equipamiento y los viajes para competir”, nos cuenta Titi.

-¿Y las clases, el trabajo de los entrenadores?, preguntamos.

“Eso no está pagado, lo hacemos por amor al arte, pero lo tengo super asumido, esto no es fútbol”, sentencia la entrenadora.

Sara al término de uno de sus ejercicios en competición. Foto: facebook Sara MarínÉxito y difusión

Sara entrena cinco días de la semana, dos horas cada uno, y tres cuando hay competición. Fruto de este esfuerzo y dedicación son las medallas que adornan su casa, las más recientes obtenidas en el pasado campeonato olímpico celebrado en Florencia, Italia, donde se midió con otras once gimnastas de Brasil, Australia e Italia, y donde su superioridad quedó demostrada. “Las jueces admiraron su nivel, vinieron a felicitarnos, estaban bastante sorprendidas”, rememora Titi.

Sara con las medallas de oro al ganar en los Trisomes Games de Florencia. Foto: facebook Sara Marín

Ahora, tras el buen resultado obtenido y en lo alto de su carrera deportiva, Sara afronta nuevos retos y compromisos. El próximo 2 de octubre participará en una exhibición deportiva en Sevilla donde compartirá tatami con Alejandra Quereda, también medallista olímpica de los recientes campeonatos de Río, y en Valencia participará en unas jornadas sobre la diversidad como ejemplo de superación. Poco a poco su ejemplo despierta admiración y su historia se hace viral, con página propia en Facebook que cuenta con 1.375 seguidores,  y cuya gesta compartieron miles de usuarios, entre ellos Almudena Cid.

Sin duda, la suya es una buena historia, una historia que merece no morir en titulares de un día sino quedarse en la memoria colectiva como ejemplo de superación a través de un deporte de los llamados “minoritarios” como es la gimnasia rítmica, una práctica que puede ayudar a miles de personas a despertar sus capacidades en pro de una mayor calidad de vida e integración en la sociedad.

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Sonia Marco

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