Impulso irresistible

Caminar y madurar en la libertad

La catequesis del Papa Francisco centrada en la Carta a los Gálatas el año pasado ocupó quince miércoles (de junio a noviembre de 2021), con una fijación muy especial centrada con rotundidad en la hipocresía, porque:

“el hipócrita es una persona que finge, adula y engaña porque vive con una máscara en el rostro, y no tiene el valor de enfrentarse a la verdad. Por eso, no es capaz de amar de verdad –un hipócrita no sabe amar, se limita a vivir del egoísmo y no tiene la fuerza de mostrar con transparencia su corazón–”

Papa Francisco (Audiencia general, 25-VIII-2021)-.

Hoy tenemos también muchas situaciones en las que se puede dar la hipocresía: en el trabajo, en la política y también en la Iglesia. ”Obrar en contra de la verdad significa poner en peligro la unidad de la Iglesia, por la que el mismo Señor rezó”. La hipocresía es uno de los peligros de aferrarse al formalismo de preferir la antigua Ley a la nueva Ley de Cristo. El apóstol Pablo desea avisar a los Gálatas de esos peligros en que pueden caer y llega a llamarles “insensatos”, es decir, faltos de sentido. Son insensatos porque se aferran a una religiosidad basada en la observancia escrupulosa de preceptos, olvidando aquello que nos justifica: la gratuidad de la redención de Jesús y que la santidad nos viene del Espíritu Santo.

Y ahora nos invita el Papa a reflexionar a los que estamos metidos de lleno en este mundo, preguntándonos directamente cómo vivimos la fe, pues es Cristo, con su novedad, el verdadero centro de nuestra vida, ¿o es que nos conformamos con los formalismos? Aquí el Papa se pone serio cuando nos dice: “Pidamos la sabiduría de darnos cuenta siempre de esa realidad y de expulsar a los fundamentalistas que nos proponen una vida de ascesis artificial, lejos de la resurrección de Cristo. La ascesis es necesaria, pero la ascesis sabia, no la artificial”.

No se trata de un revestirse exteriormente. En la Carta a los Romanos, Pablo llegará a decir que, en el bautismo, morimos con Cristo y fuimos sepultados con Él para “poder vivir con él”. Insiste el Papa: “Cuantos lo reciben se transforman a fondo, en lo más íntimo, y poseen una vida nueva, la que permite dirigirse a Dios e invocarlo con el nombre de Abba, es decir, “papá”. Se trata, pues, de una identidad nueva, que supera las diferencias a nivel étnico y religioso. Por eso, entre los cristianos, ya no hay judío ni griego, ni tampoco esclavo o libre, varón y mujer, sino en efecto, solo hermanos, y esto –matiza el Papa Francisco- era entonces revolucionario y sigue siéndolo. Los cristianos hemos de rechazar primero entre nosotros las diferencias y discriminaciones, que tantas veces hacemos de modo inconsciente para hacer concreta y evidente la llamada a la unidad de todo el género humano. El amor a la verdad que la fe cristiana propone se transforma en sabiduría que promueve fraternidad de todos.

También en nuestra vida espiritual es esencial cumplir los mandamientos, pero tampoco en esto podemos contar sólo con nuestras fuerzas: es fundamental la gracia de Dios que recibimos de Cristo. La fuerza de la gracia necesita combinarse con nuestras obras de misericordia, que estamos llamados a vivir para manifestar lo grande que es el amor de Dios. La libertad cristiana es un don que brota de la cruz:

“Ahí es donde Jesús se ha dejado clavar, Dios ha puesto la fuente de la liberación del hombre. Esto no deja de sorprendernos: que el lugar donde somos despojados de toda libertad –la muerte– pueda convertirse en fuente de libertad. Jesús se ha entregado para obtenernos la vida verdadera. Por tanto, la libertad cristiana se funda en la verdad de la fe, que no es una teoría abstracta, sino la realidad de Cristo vivo, que ilumina el sentido de nuestra vida personal”.

Mucha gente que no ha estudiado, que ni siquiera sabe leer y escribir, pero ha entendido bien el mensaje de Cristo tiene esa sabiduría que les hace libres. En este camino, esforzado y fatigoso, que nos sostiene el amor que viene de la cruz y es un amor que nos revela la verdad, nos da la libertad y, con ella, la felicidad.

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Demetrio Mallebrera

2 Comments

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  • Son unas reflexiones maravillosas que nos llevan a reafirmar nuestra autenticidad com cristianos que nos hace a todos hermanos rechazando diferencias y discriminaciones.
    la fuerza de la Gracia de Dios combinada con las obras de misericordia es lo que realmente nos hace libres.

    Gracias por este hermoso artículo!

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