Opinión

Bancos vs. Cajas

Anuncio curioso de una campaña publicitaria –que fue premiada– donde aparecían los dos logotipos de CAM y BS. Pura historia. (Fuente: Toni Gil).

Un tema recurrente además de la pandemia– cuando tengo oportunidad de verme con amigos, familiares o simples conocidos, por mis antecedentes laborales, es la cuestión de los servicios bancarios. Un jefe que tuve, cuando yo era muy joven, me dijo que las Cajas de Ahorros, si no existieran habría que inventarlas, dada su peculiar orientación, y el retorno de sus beneficios, que yo definí en una ocasión como “dividendo social”. Es verdad que siempre buscaron ser competitivas y eso les llevó, en la búsqueda de mejorar su cuota, a competir desmesuradamente con la banca en el sector de las empresas y a realizar inversiones poco justificadas desde el punto de vista de su origen. Y es también cierto, que dejadas al pairo de dirigentes políticos y ambiciosos directivos, muchas tocaron fondo y ahí siguen.

Los bancos, por su parte, son poco propensos a atender a grandes multitudes de clientes, y siempre han preferido las empresas, los profesionales cualificados y poco más. Así que, desaparecidas las Cajas, y ahora concentrándose en sí mismos, la estructura de establecimientos para prestar servicios –físicamente– va a pegar un salto significativo… hacia atrás. Parece que en diez años las oficinas en el territorio nacional han disminuido de unas 43.000 a 26.000, y en el perímetro valenciano, por ejemplo, en el último quinquenio, solo el BBVA y el Sabadell –que finalmente han roto negociaciones para la absorción del uno sobre el otro– han mermado su red en 160 sucursales, en algún que otro caso dejando algún pueblo huérfano de servicios “face to face”.

La rentabilidad, ese objetivo tan recurrente, los lleva a minorar los servicios, reducir los horarios, aumentar las comisiones… y la única salida es la digitalización, esa nueva era a la que personas de ciertas edades llegan con lo justo de capacidad de adaptarse, o con ninguna.

En este panorama, el que era antaño un tercer protagonista, la banca cooperativa –Cajas Rurales, cada vez más urbanas– ahora parece asomarse a un segundo puesto. Por mi experiencia en los últimos años, siguen atendiéndote como persona que a veces les necesita. También han tenido que buscar la mejora de sus números vía fusiones; por ejemplo, el Grupo Cooperativo Cajamar es fruto de la unión de 18 entidades, y en la provincia donde sus raíces devienen de Petrer, Callosa de Ensarriá y Altea, ya dispone de 81 oficinas y, otra, la Rural Central de Orihuela cuenta con 50.

Aunque un tercio de sus clientes son asimismo cooperativistas, y eso les permite acceder a servicios en mejores condiciones, este país no ha sido nunca demasiado partidario del procomún, que diría Cela, y mientras en otros espacios europeos la banca cooperativa suma mayor importancia por ejemplo, en Holanda su cuota es la quinta parte del mercado– aquí está sólo en torno al 7 por ciento.

Además, me consta que no abandonan una población de forma drástica, y además de sucursales fijas, por ejemplo Cajamar dispone de seis oficinas móviles y agentes financieros concertados.

Así que ante el panorama que se avecina con  la gran fusión de Caixa y Bankia, y con la nuevas estrategias que a buen seguro abordaran BBVA Y BS, cada uno por su lado, probablemente dirigiendo su atención sobre otros bancos menores, yo no descartaría que allá donde dejen hueco éste lo ocupe lo que quizás se siga pareciendo algo a una antigua Caja de Ahorros.

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Toni Gil

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