Me decía un conocido dentista, muy alicantino y una de esas personas que te sorprenden no solo porque conoce a todo el mundo en la ciudad, sino porque, además, suele coincidir contigo en casi todo, que lo bueno de su trabajo es que no se lo puede llevar a casa. Me cae muy bien. Con él hablamos a menudo de personas que han hecho mucho por Alicante y de las que casi nadie sabe nada. Esa historia me resulta demasiado familiar.
Alicante se está convirtiendo —o quizá sigue siendo— una ciudad en la que todos nos conocemos, pero habitada por otros. La polémica de las pasadas Hogueras ha puesto sobre la mesa, más que nunca, una realidad evidente: muchos alicantinos huyen despavoridos de las fiestas y la ciudad vive una auténtica invasión de actos, ocupaciones de la vía pública y situaciones de caos que me hacen pensar si no sería mejor dejar todavía más a la Gestora como dueña y señora de la ciudad entre el 21 y el 24 de junio. Que fueran ellos quienes se encargaran también de resolver entuertos, conflictos y dilemas, y de devolver la ciudad al Ayuntamiento limpia y en orden. Porque, aunque a veces no lo parezca, hay gente que trabaja desde el día 25. Y también en verano.
En fin, es un tema delicado. Parece que plantear ideas para mejorar las cosas, o intentar que una empresa de tabernas ambulantes llegada de Burgos no te cobre treinta “boniatos” por unas patatas con salchicha y una cerveza en mitad de Alfonso el Sabio o de la Explanada, o sugerir que el campeonato mundial de los decibelios no tenga como sede permanente nuestra ciudad, se interpreta como un ataque a la esencia lucentina o como un agravio a José María Py.
Alicante se está convirtiendo —o quizá sigue siendo—
una ciudad en la que todos nos conocemos,
pero habitada por otros.
¡Qué chula era la Barraca Popular! Y qué buena e innovadora fue la idea de las Hogueras Experimentales. Ahora se vende a nuestra juventud una mesa en una barraca-discoteca por cien mortadelos, con cuatro botellas de alcohol incluidas. No es lo mismo. Hay muchas cosas que decir sobre esto, pero hoy no toca.
Creo que es importante no abandonar la verdadera querencia por lo nuestro, precisamente porque todavía nos faltan muchas cosas por hacer. Aunque el Hércules lleve demasiado tiempo lejos del lugar que le corresponde; aunque la horchata de Peret haya desaparecido para siempre; aunque tengamos formas distintas de entender muchas cosas, deberíamos ser capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental. Valencia ciudad nos ha ido ganando y copiando ideas y recursos desde que tengo uso de razón, y nuestra provincia debería tener en Alicante City un referente natural en todo aquello que podamos ofrecerle.
Creo que hay dos cuestiones fundamentales. La primera, hacer todo lo que esté en nuestra mano y colaborar en aquello que beneficie a nuestra ciudad. La segunda, dejar de amplificar con especial saña todo aquello que nos perjudica. Todos sabemos que existen medios casi especializados en ello. Los falsos inquisidores llevan demasiado tiempo acechando a esta ciudad. Décadas. Es difícil medir el daño que han hecho, pero nadie puede negar que ha sido importante.
El trabajo que todos sí podemos llevarnos a casa consiste en pensar, proponer y trabajar con ideas, con ilusión y con generosidad por Alicante. Seguro que eso siempre le vendrá bien.
Haciendo amigos.













Comentar