Impulso irresistible

A hombros de gigantes

Superior: Paulina Jaricot y Charles Forbin-Janson e inferior: Juana Bigard y Paolo Manna (Fuente: Obras Misionales Pontificias).

Escribe José María Calderón, que es director de Obras Misionales Pontificias de España, que la expresión “a hombros de gigantes” puede parecer graciosa y curiosa y nos la saltamos sin darnos cuenta de lo mucho que explica. Todo lo que el hombre es capaz de descubrir hoy es gracias a lo que otros, anteriores a nosotros en el tiempo, fueron capaces de hacer. Esto ocurre en la tarea evangelizadora, que a veces es sumamente silenciosa. Y así pasan los años y los siglos que acumulan sabiduría. Es bueno agradecer las muchas tareas que realizaron cuantos nos precedieron realizando obras que hoy nos dan ejemplo y enseñanza. Si somos capaces de ver más allá que ellos, no es porque seamos mejores o tengamos más capacidades, no: “¡es que nos apoyamos firmemente!”. Es decir, que estamos subidos a sus hombros que son hombros de gigantes. Hay que reconocerlo.

Esto es lo que ocurre en la tarea evangelizadora de la Iglesia. Todo lo que seamos capaces de vivir y de avanzar es porque antes que nosotros ha habido personas que hicieron un gran trabajo sobre el que hoy nos apoyamos. Si podemos ver, como expresaba más arriba, más allá de lo que ellos vieron no es porque seamos mejores o tengamos más capacidades: ¡es que nos apoyamos en ellos como subidos a sus hombros!, hombros que son de gigantes. En el ámbito de la misión y de la animación misionera no podríamos hacer lo que estamos haciendo si antes no hubieran estado personas como San Francisco Javier, Pauline Jaricot, Gregorio XV, el beato Paolo Manna o el papa Pío XII. Ellos han sido esos gigantes en su celo por la evangelización y por sus iniciativas misioneras. Obras Misionales Pontificias, de España y del mundo entero, son lo que son gracias a ellos.

Fuente: Obras Misionales Pontificias.

Este año celebramos muchos acontecimientos que nos recuerdan a estos gigantes: hace 400 años que Gregorio XV creó la Congregación de Propagación de la Fe, luego llamada “Evangelización de los Pueblos”, recordando que la evangelización es tarea de la Iglesia entera, y no de particulares. Este Papa, el mismo año, canonizó al Patrono de las Misiones, Francisco Javier, junto a Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Isidro Labrador y Felipe Neri. También hace doscientos años que Pauline Jaricot “concibió” la Asociación de Propagación de la Fe, que daría origen al DOMUND, Asociación que en 1922 fue elevada por el Papa Pío XI a Obra Misional Pontificia, junto a la Obra de san Pedro Apóstol, fundada por Juana Bigard y la Obra de la Infancia Misionera fundada por el obispo Forbin-Janson.

Como se ve son muchos los gigantes que sustentan las misiones en el mundo, y otras muchas iniciativas que han ido creciendo a causa de las guerras, que siempre acuden a incrementar las injustas incomprensiones, que en vez de compactar más y mejor a las personas respetándolas en sus singularidades, desean seguir dominándolas como si se tratara de obsesiones o del ansia de mantener culturas a base de doblegar las voluntades y creencias de los demás.

Misiones en África (Fuente: Vatican News).

No hay manera de hacer comprender a los que se creen como dioses y dueños del porvenir de los pueblos que ya dominan, que la gente sencilla no tiene ninguna obligación de serles fieles, y seguir con las humillaciones que eso implica en la inteligencia y el poderío de las “armas informáticas”. Los poderes tecnológicos que atraen a sus seguidores con el atractivo, que igualmente pasa por la dedicación de inversiones monstruosas, que son la medida por la que parece que ha de pasar este mundo; un mundo donde nunca resalta la liberación, el bien o la bondad, tareas y objetivos en los que ahora no vemos incentivadas las inmensas probabilidades humanas de alto rendimiento, que ha sido preferido a la buena voluntad, pero que bien sabemos todos que llegaremos a buen puerto en donde poder empezar de nuevo.

Los gigantes de los tiempos actuales sólo se han preocupado de mantener un estado de tensión con el que dominar sentimientos y voluntades a base de reclusiones, de sufrimientos, de pobreza, de insoportable incomprensión y de poner innumerables trabas al progreso y al respeto debido a la libertad de pensamiento y creencia.

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Demetrio Mallebrera

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  • Demetrio: Me encantan tus prédicas y me sumo a ellas. Es preciso evangelizar oportuna e importunamente. Hay muchas cosas buenas de las que hablar. Siempre en modo constructivo. Debemos ser humanistas siempre y siempre ‘teologistas’. Los gigantes santos fueron antes (o a la vez) gigantes puramente humanos. Un abrazo.

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