Esto es la “emoción” según la definición de un niño: llorar de pena, de felicidad, de amor, por recordar; por presencias o ausencias. La emoción tiene la misma consecuencia que la tristeza: llorar. Pero llorar de emoción, emocionarse, es placentero, singular y único. Con los años nos emocionan más cosas y más sencillas. Yo no puedo ver la peli Billy Elliot sin tragar saliva y con los ojos húmedos cuando ese padre se da cuenta de que sus grandes problemas no le han dejado ver a su hijo, lo que hace, lo que quiere, el genio que lleva dentro.
Un reel de una inesperada interpretación de Hier encore, de Charles Aznavour, en un pub cualquiera me emocionó, y no por la preciosa canción, sino por un momento en el que una pareja mayor se mira y se abraza recordando quién sabe qué, pero hermoso.
Me emociona ver álbumes de fotos de mis hijos de pequeños; no me pregunten por qué. Ver gente haciendo cosas por los demás también me pone tontarras. En fin, estar triste por haber sido feliz.
Y ahora ese sentimiento colectivo con lo del Mundial también es emocionante y alucinante al tiempo. El otro día estuve comprobándolo en directo: un asesor de un banco, en lugar de achucharme, me achuchó en sentido positivo. «No te preocupes, cuando puedas». Hacía milenios que no escuchaba esas palabras de entidad alguna. Campeones del Mundo y, encima, con el 95 % de la humanidad a favor. Aunque, en realidad, no es eso: es el 95 % en contra de Argentina, por sus formas, su fanatismo, sus trampas y su forma de ganar por lo civil o por lo criminal. Una pena para la buena gente de ese país, que no se va a recuperar fácilmente de este sanbenito que les ha caído y que, en parte, se han buscado por ser tan pesados y tan intensos en los deportes. Un infierno un partido de Davis contra los argentinos; contra ellos en fútbol ni lo cuento, y en cualquier deporte donde tengan posibilidades.
Pero lo que más llama la atención es que el Sr. Lionel Messi no haya escuchado la canción del Mundial y el consejo de Shakira: «Olvídate de lo que vales y juega a lo que sabes». Messi ha demostrado mucha estupidez, tal vez más de lo normal para la poca falta que le hace. «Vivís en un country, tenés el mejor auto, te cogés las mejores minas». No te hace falta ser un tramposo, bobo. La vida te ha permitido ser un señor y has elegido ser un tuercebotas, un mentecato. Triste.
Y no le pasa solo a él; Nole igual, con el viejo rollo de que le duele algo en el segundo set para despistar al contrario. Pide al fisio y parece estar para la extremaunción; acto seguido gana tres sets seguidos y ni se acuerda de lo que le dolía. Lo hemos visto tantas veces que da pereza. Teniendo cerca a Nadal y a Federer es increíble que no aprenda, por mucho que gane. El deporte es algo más que ganar; cuesta aprenderlo.
Pero mejor terminar con lo bueno de la emoción: esos millones de españoles con su bandera y cantando. Como el himno no tiene letra (ni hace falta inventarla, que cada vez nos sale más ñoña), Un beso y una flor como canción que promete volver a triunfar, a unirnos, a sentirnos orgullosos, unidos y contentos, aunque sea en este verano tórrido y fogoso que no olvidaremos. Cantando lo de Nino Bravo a pulmón, juntos, sin director… emoción nacional, llorar por ser feliz.
Haciendo amigos.













Comentar