El pasado jueves, Alicante volvió a vestirse de palabra, memoria y periodismo para celebrar la XV Gala “Off The Record” de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante. No fue una noche cualquiera. Fue una de esas veladas en las que el tiempo parece detenerse entre conversaciones, miradas cómplices y el murmullo elegante de quienes creen, todavía, en la fuerza de la verdad contada. El escenario elegido fue el Palacio de Congresos del Colegio de Médicos de Alicante, que abrió sus puertas para acoger a cerca de seiscientas personas. Con Rosalía Mayor, presidenta de la APPA, y Hermann Schwarz, presidente del Colegio de Médicos, el auditorio se convirtió en punto de encuentro de representantes del mundo político, militar, cultural, social y profesional de nuestra provincia y Comunidad. Un mosaico humano que reflejaba la pluralidad de una sociedad que, pese a sus diferencias, encuentra en el periodismo un espejo común.
Desde el primer instante, la gala respiró cercanía. Joaquín Hernández y Vicente Hipólito, maestros de ceremonias, condujeron el acto con una naturalidad que solo concede la experiencia y el cariño por la profesión. Su complicidad, su humor elegante y su capacidad para mezclar solemnidad con sonrisa hicieron que el público se sintiera parte del relato. La presentación fluyó con ritmo, alternando las noticias más destacadas del Anuario con guiños cinematográficos que aportaban ligereza y, al mismo tiempo, reivindicaban el papel del periodismo como narrador de su tiempo.
Y llegó el momento estelar de la gala. El reconocimiento al Asociado de Honor recayó en José María Pallarés, mientras que el Premio Libertad de Expresión fue otorgado a Antonio Parreño. Dos nombres, dos trayectorias, dos formas de entender una profesión que nunca ha sido sencilla.
Parreño, con la serenidad de quien ha vivido la noticia desde dentro, reivindicó el valor del periodismo local. Ese periodismo que no nace en los despachos, sino en la calle; el que se construye a pie de noticia, muchas veces con escasos recursos, pero con una vocación inquebrantable. Recordó que es ese periodismo el que escucha, el que observa, el que da voz a quienes no siempre la tienen. Sin estridencias, pero con firmeza, advirtió también de los riesgos que acechan hoy a la profesión: una polarización creciente que no fomenta el debate, sino que lo fragmenta, amplificada por algoritmos y redes sociales que tienden a dividir más que a unir.
Sus palabras arrancaron un aplauso cerrado y respetuoso, de esos que no pesan, sino que invitan a pensar.
Fue entonces cuando tomó la palabra Rosalía Mayor. Agradeció la presencia de autoridades, compañeros y asistentes, pero quiso detenerse en el alma invisible de la gala. Con cariño y complicidad mencionó a sus “Pili y Mili” —Belén Carretero y Marisa Ayesta—, piezas esenciales para que, un año más, todo funcionara como un mecanismo perfecto. También un servidor quiere destacar la labor de Elvira, a la que reconoció entre bambalinas, trabajando lejos del foco, pero cerca del resultado.
La intervención de la presidenta giró en torno al concepto que daba título al anuario de este año: “tango y fango”. Con una metáfora sencilla y poderosa, describió la compleja relación entre política y periodismo. Para bailar un tango hacen falta dos; para evitar el fango, también. No hubo reproche, sino reflexión. No hubo confrontación, sino defensa clara de la libertad de expresión. Entre sus palabras, una definición que resume toda una vocación:
“No se es buen periodista por alabar, ni mal periodista por criticar; el buen periodista es el que busca la verdad”.
El auditorio respondió con un aplauso sincero. Rosalía, con fina ironía, repasó algunas frases escuchadas en la vida política durante el año, provocando sonrisas cómplices, y cerró su intervención con un ingenioso juego de palabras construido a partir de las siglas APPA, símbolo de una asociación que representa, más allá de sus letras, el compromiso con la profesión.
Y cuando parecía que la noche ya había ofrecido todo, llegó la emoción estética. Tres músicos de la Orquesta Virtuós Mediterrani tomaron el escenario. Junto a ellos, María José y Armando, de la Escuela de Baile Diego Chávez. La música comenzó a deslizarse como un susurro y el tango, elegante y preciso, llenó el espacio. No fue solo un baile; fue una metáfora viva del propio título de la gala: equilibrio, tensión, armonía, paso a paso entre belleza y realidad, entre respeto y cordialidad. El público, cautivado, despidió la actuación con un aplauso largo, sentido, agradecido.

Después, como ocurre en las buenas noches, llegó el tiempo sin reloj. El ágape reunió conversaciones cruzadas, reencuentros, risas, fotografías y confidencias. El periodismo, por unas horas, dejó de ser noticia para convertirse en convivencia. Y entre palabras, gestos y brindis, la madrugada fue llegando sin hacer ruido. Porque más allá de premios, discursos o protocolo, la XV Gala “Off the Record” volvió a demostrar algo esencial: que el periodismo no es solo una profesión, sino una forma de estar en el mundo. Una manera de mirar, de preguntar, de contar y de resistir. Entre el tango y el fango, entre la palabra y el silencio, la noche volvió a escribir su propia crónica.
Enhorabuena por una gala que ya forma parte de la memoria viva del periodismo alicantino.













Enhorabuena, Pedro, porque siempre demuestras que eres algo más que ‘eldense apasionado’, que no es poco.
Mil gracias… Gala brillante y unidad en la verdad del hecho que es nuestra fuerza desde la diversidad que nos une
en el respeto a la verdad del hecho… y la opinión con creatividad rigurosa…
Enhorabuena, Don Pedro