Impulso irresistible

Y ahora salgamos a reencontrarnos

Fotografía: Jackson David (Fuente: Pixabay).

Por lo que vemos y oímos, parece que la gente –en bien alta proporción- ya se ha cansado de llevar mascarillas para salir de casa, aunque tenga que ponérselas en lugares en donde se nos exige o se nos ruega. Lo que ocurre con esto es que hay que recurrir a la memoria para recordar, que hay que saber actuar en cada momento con aquello que se nos aconseja por el bien de todos. A nosotros (por ser mayores) nos gustaría que todo fuera continuidad despojándonos poco a poco de caretas y quitándonos las manías de echarles la culpa por el simple hecho de que debemos ser correctos con las instrucciones sociales recibidas. Queremos, pues, darle continuidad a la “vida de antes” de la pandemia, manteniéndonos en el efecto recuerdo que le pedimos a la memoria que nos lo haga presente, nuevo, y hasta divertido, con unos cuantos dibujos satíricos a los que también nos hemos ido acostumbrando, especialmente los que transmiten sonrisas (o mejor, carcajadas, en un par de trazos o garabatos). Todo sea para irnos recuperando, en cuyo periodo nos encontramos seguramente en estos días. A ver: hagamos continuidad, preguntémonos en qué página dejamos aquel libraco en el que nos estaba costando tanto avanzar. O sea, que podríamos decir, con cara, gestos y sonrisas, que ya estamos buenos y recuperados, y que nos encontramos dispuestos a volver a sonreír y echarle chistes a la vida cuando estamos en buena compañía: o sea, reencontrarnos con nosotros mismos, que es algo semejante a empezar de nuevo y enviar al archivo del olvido a los que nos han fastidiado en este tiempo próximo pasado. Este es el talante y el ánimo así nos acompaña.

Quizás nos parezca difícil ese reencuentro, y para remediar esa situación lo que hay que tener es ilusión e intentar humanizar aquellos momentos, dejando que la imaginación se ponga en marcha y nos transforme a la vez que nos fortalezca, porque vendrán recuerdos no sugeridos que quieran llevarnos por caminos retorcidos. No pasa nada: todo es puro desgaste, ese hueco que se ha creado para alojar –ojalá que poquísimo tiempo- a la desilusión por no ver cumplidas las expectativas, o el cansancio que es el mayor tirano que se nos pega a las piernas; el mismo cansancio que nos hace cojear y perder el equilibrio hasta hacernos caer. Pero estos tirones hacia atrás (auténticos titanes que conviven en nosotros, pegaditos a nuestras cobardías, que nos empujan hacia atrás constantemente después de recorrer nuestra ruta poniendo obstáculos en el camino) siempre han sido superados por los espíritus selectos (o sea, las ilusiones que ponemos y renovamos, así como el ansia por vencer nuestras debilidades). Pero no despreciemos estos momentos de desencanto cayendo en la desilusión, pues hasta donde hayamos llegado lo hemos conseguido, de modo particular o colectivo, con buen ánimo y buenos consejos.

Con estos argumentos hemos podido llegar muy alto, sin duda, porque siempre nos ha guiado un buen entrenamiento físico y un alto grado de autoestima. Tenemos que recordar que lo hemos conseguido, tenemos que volver al momento en que todo se nos cayó por los suelos a causa de un mal bicho que se había encarnizado con los humanos y que, al poco tiempo, se atrevió de modo bélico con la vida de las personas que habían alcanzado un alto nivel técnico y de conocimiento en la siempre complicada Europa. Una Europa que es centro neurálgico y de la historia de los dos últimos siglos, donde Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y España tuvieron un papel fundamental, que, por lo menos, ahora debe de servirnos como espejo profundo donde mirar a tantos pueblos propios y de todos los demás continentes. Todos somos vulnerables y estamos siempre expuestos a que vengan los malos bichos (que los hay, e incluso moran en el portal de enfrente, aunque sólo sea ocasionalmente, dejándolo todo manga por hombro). Pero ya es hora de que salgamos a reencontrarnos.

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Demetrio Mallebrera

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