Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabras

Violencia

Centro comunitario Urbanova (Fuente: Ayuntamiento de Alicante).

Hay muchos tipos de violencia. Eso lo sabemos porque de una u otra manera la hemos sufrido alguna vez. Todos hemos sido víctimas. A veces, la tenemos delante, es claramente perceptible, pero otras no tanto. Está —lo sabemos— en los conflictos políticos, religiosos —casi siempre religiosos—, pero también permanece agazapada en muchas de las palabras que usamos a diario para dirigirnos (describir) al otro, a los otros, a esa parte de la sociedad a la que vemos diferente, a las mujeres, a las personas mayores, inmigrantes, personas discapacitadas… Y en muchas ocasiones —cada vez más— en las decisiones que adoptamos como sociedad, actos que parecen inocuos pero que llevan en su seno una alarmante señal de autoritarismo y de violencia.

Siempre, siempre, está en las armas y en sus rastros de destrucción y muerte. Entonces es más fácil descifrarla, porque vemos claramente sus consecuencias, los cadáveres despanzurrados en la tierra reseca, pero otras muchas veces cuesta un poco más, tardamos en nombrarla. No es tan fácil. Cuesta enfrentarla porque nos aparece revestida de expresiones que nos confunden, palabras como ayuda, solidaridad, beneficencia, amor al prójimo, caridad… Sobre todo si ese prójimo no es igual a ti, si esa solidaridad no es horizontal y está claramente repartida de arriba hacia abajo, si esa ayuda tiene un precio. Como lo estaba en aquella terrible frase del expresidente Mariano Rajoy cuando dijo que no les hizo falta derogar La ley de Memoria Histórica que permitía la búsqueda y recuperación de restos mortales en cunetas, que les bastó con llevar a cero su dotación económica. 

La violencia está ahí, muy presente, cada vez más y la empezamos a percibir escondida en los pliegues de un neofascismo blando en ascenso que viene claramente desde EE.UU. y de la mano de su presidente Donald Trump, pero no solo. También la podemos entrever en algunas de las decisiones que están tomando ya algunos de nuestros ayuntamientos y comunidades más próximos, mayormente los cogobernados con Vox como anticipo de ese futuro que ya es presente y que conforma ese peligroso ideario de patrocinar una cierta violencia difícilmente detectable como forma de gobierno.

Un ejemplo. Esa violencia difusa empieza a estar claramente en algunas de las decisiones de la Generalitat Valenciana presidida por Juanfran Pérez Llorca  en unión temporal de empresas con Vox. Está claramente —por citar uno de esos ejemplos difusos— en el imaginario que hay detrás del titular del pasado 21 de enero publicado en el diario Información en acertada crónica firmada por Lydia Ferrándiz: “Víctimas de violencia de género denuncian el traslado (a Urbanova) del punto de encuentro familiar de Alicante: ‘Hay mujeres que comparten el autobús con su agresor’”.

Lo que ha decidido el Consell, en santa alianza con Vox, no es un gesto inocuo aunque a muchos se lo pueda parecer. Lo que ha decidido es que la mejor manera de combatir la violencia de género es con más violencia, una cierta violencia institucional, una violencia ejercida contra las propias víctimas. Como Rajoy, el gobierno de Pérez Llorca no ha tenido que hacer desaparecer el servicio, quizás porque la ley se lo impide. Le ha bastado con alejarlo varios kilómetros del casco urbano, llevarlo a tierra de nadie, esconderlo en medio de una zona turística sin casi gente como es Urbanova, sin casi transporte público. Lanzar a las mujeres el mensaje de que se lo piensen bien antes de denunciar a sus agresores. Y que si lo hacen, que se atengan a las consecuencias. No solo son negadas, olvidadas, desde ahora también estarán un poco más lejos. 

Pepe López

Periodista.

1 Comment

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  • A tu sospecha “Lanzar a las mujeres el mensaje de que se lo piensen bien antes de denunciar a sus agresores. Y que si lo hacen, que se atengan a las consecuencias”, con el debido respeto y por ser ecuánime con las mujeres le añado aquí en este comentario sincero “como sufrieron las afiliadas del PSOE empleadas en La Moncloa” que ni el respaldo de la tramitación del propio partido de una denuncia ante la Fiscalía no recibieron como obliga los Estatutos del PSOE ante toda sospecha…
    Gracias
    Feliz Navidad cada día
    Pedro