Polarización, dicen. No, de eso nada. Hooliganismo. Puro y duro. La futbolización de la vida política. Lo mío lo mejor, ra ra ra. Es que en mi familia hemos sido del Betis de toda la vida. Del Hércules desde chiquitito. Pues nada, mejor no quedarse con medias tintas. Ha llegado el momento de que en esta España que va como un cohete se haga una reforma constitucional y salgamos por la puerta grande. Sí, los presidentes —dueños— de equipos de fútbol deberían dirigir las instituciones. Hala, ya está dicho.
Se coge al equipo con más abonados por circunscripción y se le coloca al frente. Que en realidad no es cuestión de que lo hagan mejor o peor que los que votamos ahora, pero es por nosotros mismos. Y me explico. A lo mejor nos daba por juzgarlo con los mismos ojos. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando suben el precio de los abonos? Pues que nos quejamos. Y con razón, a veces. Con los impuestos igual, que sería el equivalente. Que aquí nos suben IRPF, tasa de basuras, impuesto de sucesiones, impuesto a ser pelirrojo, impuesto contra apagones… Y no pasa nada.
Pero hay más. Vale, acepo que me subas los abonos, ¿me ficharás jugadores buenos? No, te traigo tres paquetes que no conoce nadie. ¿Cómo? Directiva, dimisión. Chorizos. Que no sé, el equivalente sería tener mejores servicios públicos. Ir a una administración sin necesidad de pedir cita previa con meses de antelación, poder ir al médico de cabecera en un par de días, que la ciudad esté limpia, que haya Policía en las calles y sean seguras… Esas cosas. Así, a lo loco. Que funcione algo.
O imaginemos que el dueño de tu equipo de fútbol contrata a un familiar. De primer grado, el hijo o algo así. Ya no voy a hablar de “sobrinas”, válgame el Señor. No. Que fiche a su hijo para el cuerpo técnico o para estar sentado en el palco los domingos. ¿No? Buah, la que liaríamos en ese caso, la prensa los primeros. Que al fin y al cabo sería como tener un millar de asesores, en el mejor de los casos, cuando no meter a amigos, familiares y queridas (o queridos) en puestos de responsabilidad en ministerios y empresas públicas. Menos mal que eso no pasa y está controladísimo. ¿Verdad?
O no sé, a lo mejor sale el tesorero del club a decir que estamos ante el mayor ingreso de capital en el club desde que se fundó. Abonos, publi, derechos televisivos… más pasta que nunca, socios. Ahí es nada. Que si no vemos en lo que se lo gastan es nuestro problema, que no queremos al club. O puede que el dinero se haya ido en comisiones, que la mujer de un directivo salga del club con bolsas de efectivo. Pero claro, eso no se podría consentir. Vaaaaleeeee, sí, hay dos antiguos directivos en la cárcel por eso, pero eso es todo falso, una inventada. Es más, me da a mí en la nariz que el juez es del equipo rival y le tiene tirria a los míos. Así que todo bulos y fango.
O más ideas locas. Que lo mismo llega el día del partido y empieza tarde porque… no sé, porque se ha ido la luz en el estadio. Bah, tampoco es para tanto ni se va a explicar qué pasó o por qué o si se han puesto medidas para que no vuelva a ocurrir. O sí que hay luz pero no hay puertas abiertas, o no hay porteros suficientes y entramos con el partido empezado. Vamos, menudo escándalo.
O llegamos un día al estadio y no funciona el marcador. Eso sí que no puede ser. Ni que fuese el ascensor del Castillo de Santa Bárbara. O si me prometen todos los años una ciudad deportiva. Ni que estuvieran hablando de un parque central, una ampliación de un aeropuerto o 28 000 VPO en Campamento. Total, eso se puede prometer durante años que nadie va a reclamar.
O llega un día que, tras el partido, la rueda de prensa se hace con tele de plasma. O esta es sin preguntas (que una rueda de prensa sin preguntas no es ni rueda ni de prensa), o se niegan a contestar a un periodista por ser del equipo rival. O, mejor aún, le dice un “a ti que te importa”. ¡Qué mal!, ¿verdad?
O peor aún. Imaginad que, por lo que sea, por falta de mantenimiento anunciada, denunciada y avisada, se cae una grada, o una parte de ella y mueren 50 personas. Ahí al presidente, a su familia, al utillero y a cualquiera que pase por ahí o un directivo tenga su número en la agenda del móvil, les faltaría campo para correr. La cárcel sería lo mínimo exigible. Eso porque somos un país civilizado y no haríamos la de Ceaucescu ni un Piazzale Loreto.

Pero en realidad da igual, ¿no? Ya lo dijimos con eso de “el pueblo salva al pueblo” hace no tanto. ¿Para qué le voy a pedir al dirigente que haga las cosas que le competen si ya puede hacerlo un vecino? Aquí mientras gobiernen los míos me da igual. De hecho, lo que más nos gusta es decirle al otro “que se hoda”. Por rico, por facha o por rojo. Total, yo siempre he votado al Partido Tradicionalista de la Unidad Carlista. Si cada vez que salen nos meten en una guerra civil a mí no me preocupa, peor sería que gobernasen los otros. Y por eso sí que no paso. Eso sí, como mi equipo de fútbol no suba voy a pedir que dimita hasta el Tato.
Y si has llegado hasta aquí sospechando que esto no va de fútbol y sí de política. Y si a medida que leías te has enfadado porque sospechosamente todos los ejemplos se parecían a un partido concreto pero no al de enfrente, o has sonreído justo por eso… ¡Enhorabuena!, has caído en la trampa. A ti no te importa el qué sino el quién y estás hooliganizado para defender a los tuyos.













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