Balones a la olla

Por la calle del “después” se llega a la plaza del “nunca”

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

Dijo el poeta Pablo Neruda: “Esta noche puedo escribir los versos más tristes”. Parafraseando al insigne chileno, también yo este lunes puedo escribir la crónica más triste. Tan triste que no solamente no hemos subido a Segunda División A, ni hemos alcanzado el premio menor de la llamada popularmente liga Pro, sino que hemos perdido una categoría. Un compañero de la prensa local decía esta semana que sería algo así como una “película de miedo” lo de Llagostera. Cierto es que al final el miedo dejó paso a las lágrimas. Empezamos por LA MATANZA DE TEXAS y terminamos por FORREST GUMP.

Después de nadar y nadar, el Hércules finalmente murió en la orilla. En uno de los partidos más raros que hayamos podido ver últimamente pudo haber salido goleado, finalmente metió tres goles en doce minutos, para terminar empatando el encuentro, circunstancia ésta más por inercia, relajamiento del rival y avatares del propio fútbol, que por méritos propios. Al final, incluso en un último minuto, podría haber sonado la flauta, pero no fue así. Hubiera sido apoteósico, pero más por triple salto mortal con carambola incluida, que por magnánimo o apoteósico en sí mismo.  La crónica o película del partido ya estaba esbozada y contábamos con veinticinco minutos de la basura que no servirían para nada, pero por unas cosas o por otras el Hércules hizo tres goles, el primero de ellos en el minuto treinta y cinco; no fue ni celebrado de puramente anecdótico, después hasta se empató, pero fue un espejismo. Solamente valía la victoria y los hechos bien reflejan que los deberes no hay que dejarlos para el final, ni estudiar en la última evaluación. Hubiese sido tan relativamente fácil estar en la nueva categoría sumando tres o cuatro puntos más en la primera fase, y no haberse visto abocados a esta lucha desenfrenada y kamikaze en ocho partidos a casi el todo o la nada.

El partido se decantó con dos goles del Llagostera en los minutos iniciales de la primera y la segunda parte, luego llegó un penalti que lo fue y con el que certificaron su pase. A Pastorini también le hicieron otro en la primera parte, pero no lo pitó.

Seguidores del Hércules en el campo del Llagostera (Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol).

Última jornada de liga de la segunda fase. Domingo veintitrés de mayo, se jugó a mediodía, en el Camp d’Esports Municipal. Campo de césped artificial y reducidas dimensiones, 18 grados de temperatura en la localidad gerundense de poco más de ocho mil quinientos habitantes. No quiso la Federación Española retrasar el encuentro y el Hércules ha tenido que jugar cuatro partidos en veinte días; el último, el pasado miércoles. Toda una paradoja, el Hércules no ha tenido casos de coronavirus que hayan alterado el calendario y casi todos los casos de equipos rivales han alterado el calendario del Hércules, resultando a la postre, el equipo más perjudicado. La victoria del Llagostera en La Nucía a domicilio, y en casa frente al Levante, condicionaban a los de Alicante a ganar para estar en la liga Pro, o Primera División de la Real Federación Española. Así estará en la Segunda, o lo que es lo mismo ha perdido una categoría, militará en un cuarto escalón de rango, muy por debajo del fútbol profesional. Es de justicia reseñar, que en las gradas había representación alicantina. Un grupo, de quizá más de cincuenta aficionados blanquiazules, se desplazó hasta casi la frontera francesa para ver a su Hércules. ¡Qué pena, qué desencanto!

Arbitró el colegiado vasco Rezola Etxeberria. El partido le vino grande pese a su experiencia en la categoría. Siempre fue casero, escamoteó un penalti al Hércules, que al filo del descanso le hicieron a Pastorini, le faltó carácter con las pérdidas de tiempo y las marrullerías del equipo local; no administró mal, eso sí, el reparto de tarjetas, y finalmente echó al técnico local, Oriol Alsina, cuando hábilmente entró al campo para intentar perder tiempo y que no se jugara ya más; aquí todo vale. Antes del pitido final hubo unos lances, con tángana, empujones y enfrentamientos entre integrantes de ambos banquillos, que en el Rico Pérez sería impensable, o en cualquier campo de segunda o primera. Cosas de este fútbol de ciudad deportiva y campo de césped artificial, con banquillos y seguridad de risa a la que este Hércules se ha visto abocado. ¡Y ojo, el año que viene será peor!

Llagostera 3 – Hércules 3

Iba a exponer brevemente, algún lance de la película del partido. Aquello de los goles, las faltas, y las ocasiones. Sin embargo, no me resisto a contarles una confidencialidad, que no es tal ya que pertenece a una emisión de un programa de radio de una cadena privada a nivel nacional.

Hace unos cuantos meses, allá por el mes de septiembre o bien octubre, iba a comenzar la liga y el locutor de Madrid, conecta con el corresponsal de esa emisora en La Coruña. Se hacen unas referencias al Deportivo y alguien menciona a Carmelo del Pozo, diciendo que ha llevado al Deportivo a Segunda B y casi a la ruina. Entonces otro tertuliano reseña que esta temporada será el secretario técnico del Hércules y es entonces cuando el locutor o periodista deportivo de la emisora en La Coruña dice literalmente: “No lo sabía, lo siento por el Hércules, que me cae muy simpático, y además viste de blanquiazul, como nosotros… pero si el Hércules ha fichado a Del Pozo, no le arriendo las ganancias”. Desconozco si mal augurio, premonición o profecía, pero el buen hombre lo clavó. Blanco y en botella ha terminado siendo leche. El proyecto, entre coronavirus, lesiones desgraciadas, y decisiones desacertadas ha saltado por los aires. Técnicos, jugadores, y responsables directivos, se han cubierto de gloria. Hace diez años el Hércules jugaba contra el Barcelona en el Nou Camp, y además ganaba. El próximo año, el de su centenario, estará en la cuarta categoría del fútbol español, algo así como una Tercera División, donde se enfrentará a equipos de la provincia de Alicante, y algunos más de la Comunidad, tipo Gandía, tipo Eldense, tipo Olímpico de Játiva. 

Un breve apunte o reseña para significar que salió el Hércules a por todas y sin especulación, pero quizá sin llegar a creérselo; eran conscientes de que ganar allí era más quimera que realidad. Yo también echo “Primitiva” los jueves y me puede tocar, pero de ahí a que me toque media una eternidad. En el minuto nueve, centro por la izquierda a placer y sin ajuste en ambas marcas, cabezazo de Guiu a las mallas. Gol, era el uno a cero. El partido se embarulló y se hizo bronco. Derribo en el área a Manu Garrido, pero el vasco pita peligro, la Llagostera por delante, nada y guarda la ropa. Al saque de una falta Moisés malogra otro remate de cabeza, contundente el equipo local, balonazo y adelante. Pudo llegar el segundo a diez minutos del descanso, pero Sascha estrella en el larguero otro centro horizontal. Entonces a dos para el descanso recibe en su posición natural Pastorini, justo cuando va a rematar es desplazado y desequilibrado hábilmente por el defensor, con el portero vendido, el sutil toque podría haber sido suficiente y el penalti podría haber sido el empate.

Al inicio de la segunda parte, minuto seis, Sascha, uno de los más destacados hace el segundo, de nuevo de cabeza, y volvieron a fallar las marcas. El Hércules poco o nada se adaptó, este partido en césped natural hubiese sido diferente. Creíamos que ahí se acababa el partido. Desajustes y precipitaciones, y por si faltaba algo el carrusel de cambios para intentar renovar algo. Entonces para hacerlo todavía más claro llegó el penalti que lo fue contra la portería de Falcón. Lo lanza Cortés y lo transforma. Tres a cero. Cuando creíamos que íbamos a asistir a presenciar, soportar y sufrir veinticinco minutos de la basura, entonces comenzaron a pasar cosas de esas que a veces, sin lógica ni previsión pasan en el fútbol. Corría el minuto treinta y uno, Borja lanza un córner, y Benja remata de cabeza a gol, ante la falta de intensidad y relajo de la Llagostera. Apenas si se celebró. A los cinco minutos, inercia, casualidad o devenir, centro raso de Abde al área, a ninguna parte, mete el pie Sidoel, y gol. Era el tres a dos. Entonces sí tuvo miedo el conjunto catalán y le temblaron las piernas temiendo perder todo el botín conseguido, y al Hércules le siguieron entrando cartas, de tal forma que con dos minutos de tiempo añadido y todavía casi cinco por disputar llegó el empate. Abde quizá uno de los pocos referentes de ayer, centra al área y Benja de nuevo a la media vuelta con cierta acrobacia hace el tercero. Quizá de haber quedado diez minutos podría haber llegado el cuarto o no. Así también pudo llegar, pero ya era demasiado. Que nadie se equivoque, el Hércules metió tres goles, porque la Llagostera ganaba de tres, de haber ido uno a cero y haberse mantenido la tensión quizá no hubiera llegado ni uno. A veinticinco para el final todo estaba dicho. Alguien pudiera pensar que hubo igualdad, y espadas en todo lo alto, de poder a poder. Nada de eso. En esa Primitiva a la que yo juego los jueves, no es lo mismo acertar tres que cuatro. Con tres es una miseria y con cuatro ya coges un pellizco, pero nunca llega el cuarto acierto. El avezado técnico de la Llagostera, Oriol Alsina, aun jugándose su expulsión, se ocupó de que no se jugaran esos últimos minutos, cambios, balones en el banderín de córner que dormían y embarullaban sus jugadores, y por si faltaba algo él mismo entró al campo y provocó una tángana entre integrantes de ambos vestuarios que solamente beneficiaba a ellos. No es la primera vez que lo hace y juega a eso, y si no que se lo digan a Borja Martínez, y a Portillo, siendo secretario técnico, y el enfrentamiento que tuvo con él, otra vez, cuando el Hércules cursó esta visita.  ¡Parece mentira, un señor tan mayor!

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

Hubiese sido relativamente llevadero conseguir plaza en la Primera Liga de la Federación Española, quedó la cosa para la segunda fase y nos quedamos en puertas. No solamente no se consigue, sino que, al crear una nueva categoría, el Hércules pierde una, respecto a cómo estaba. Al principio de estos ocho partidos, en el mes de abril dijimos: Hay que ganar seis partidos, perder uno y empatar uno. O bien, hay que ganar cinco, empatar dos y perder uno. Al final, solo ganamos cuatro, empatamos uno y perdimos tres. Las matemáticas son las matemáticas y al final no fallan. 

A las puertas del centenario, el Hércules está deportivamente peor que lo haya estado nunca. El club ha hecho público a través de su página y redes sociales un comunicado, afirmando su posicionamiento, haciendo llamamiento a la calma y asegurando que ya se trabaja en el nuevo proyecto, al tiempo que asegura el futuro. Hoy mismo no cabía otra cosa, pero alguna de las lindezas que le responden, saltan chispas.

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

En cualquier caso, Enrique Ortiz Selfa, y su propia familia, más su propio entorno y su socio Juan Carlos Ramírez, se lo deberían hacer mirar y llevar a cabo un análisis serio. Si se evalúan todos los va y viene de Ortiz en el club durante estos veinte años es para no estar muy orgulloso. Ascensos, descensos, deuda con Seguridad Social y Hacienda, embargos, impagos, aplazamientos, reconocimientos de deuda, ampliaciones de capital para camuflar otras cosas, familiares directivos, flirteo con las administraciones con clara conjunción entre lo público y lo privado, escándalos varios, anuncios de venta del club que luego nunca llega frente a cualquier interés de algún tercero.

Enrique Ortiz.

Piénsalo, Enrique. Sin salir corriendo, sin abandonar a nadie, sin dejar a nadie en la estacada. Con clase, con estilo, con caballerosidad, haciendo las cosas bien hechas. Si hay particular o empresa o proyecto interesado, quizá fuese éste el momento de dejarlo. Nadie habla de regalar o de hacerlo de cualquier forma. Pero todo tiene un final en la vida, y quizá la familia Ortiz deba pasar página ya en el Hércules, además de por lo deportivo, incluso por higiene mental, para alguien que se sumergió en este mundo por compromiso político, social y económico, e incluso sin entender la materia.

Como el poeta LOS VERSOS MÁS TRISTES y la CRÓNICA MÁS TRISTE. Pero en Primera, en Segunda, en Tercera, o en la última de las categorías del fútbol español, hoy más que nunca…

¡MACHO HÉRCULES!

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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