Opinión

Periodistas cancerberos

Fotografía: Konstantin Evdokimov (Fuente: Pixabay).

Permítaseme la licencia de utilizar este sustantivo, en esta ocasión, como adjetivo. La palabra proviene de la unión de can (perro) y cerbero (el de Hades, dios del inframundo en la mitología de la Grecia antigua, de tres cabezas). Y se define inicialmente como “portero o guarda severo de bruscos modales” y más recientemente como “portero, jugador que defiende la portería”.

Este segundo significado se aplica sobre todo a los guardametas, especialmente los de fútbol y aunque en España no es muy utilizado por los colegas de televisión, radio y prensa, sí lo es en algunos países sudamericanos. Tan singular que se utilice como lo era antes que los porteros jugaran tanto con los pies como lo hacen ahora, tal que parecen un defensa más en el equipo. Es tan frecuente que un balón que se esté disputando en el centro del campo acabe retrasándose, pase a pase, hasta la propia área y que sea el portero quien reinicie el juego de ataque casi desde la línea bajo el larguero.

Ha proliferado, y lo vemos partido a partido, la ausencia de responsabilidad en la creación del juego, y se puede observar un exceso de pases, justitos, al pie, con el que parece buscarse más que avanzar hacia el área contraria no fallar en la jugada, no arriesgarse en pasar el balón hacia delante. Llegan, a menudo, a aburrirnos, y en esta nueva filosofía futbolera, se incluye también a los cancerberos, antaño exclusivamente dedicados a parar y, acaso, despejar.

Algo parecido me parece que ocurría y ocurre con colegas profesionales de gabinetes de prensa, relaciones institucionales o asimilados. Yo fui uno de ellos en los 80 y los 90 –¡hemos cambiado de siglo, lo sé!– y tuve que “sufrir” las preguntas incómodas, las peticiones de datos, las confirmaciones de pseudonoticias, etcétera, etcétera. Y aún más, tuve que padecer que algunos directivos superiores de mi empresa estuvieran más por la labor de minusvalorar la situación que hacer de una ocasión presuntamente negativa una oportunidad de éxito. Lejos de la teoría de “la casa de cristal” que debe presidir a empresas, administración pública e instituciones, dotándolas de transparencia, a menudo se prefiere la opacidad y/o el silencio atronador.

Para realizar mi modesta aportación al Anuario de esta Asociación hace un par de semanas establecí contacto con responsables de prensa para recabar un par de datos y una confirmación. Una excusa injustificable –no se dispone de datos informatizados de 2011… ¡en una administración pública!–, un “te lo veo” –del que aun espero noticia– y un ¡vuelva Vd. otro día…!

Entiendo a los colegas que han de hacer equilibrios constantes entre las dos partes del cable en el que andan como acróbatas: de un lado, los que preguntamos, y de otro, sus jefes o quizás ellos mismos, que no quieren responder sobre cuestiones que les parecen incómodas. Lamento escribirlo: creo que han olvidado su función básica y se han convertido en cancerberos. Y les clavarán goles por entre sus piernas.

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Toni Gil

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