Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Entrevistas

Pedro Ortiz Olivas: “Falta criterio en la gestión cultural”

Autorretrato. Óleo sobre lienzo. El autor posa con uno de sus autorretratos de estilo realista // MA.

El genial pintor albaceteño, afincado en Alicante desde 1971, cumple 60 años desde la venta de su primera obra con 15 años y pese a estar reclamado en París, Nueva York o Miami sigue siendo un gran desconocido para muchos alicantinos.

Es uno de los artistas plásticos vivos más importantes de la ciudad de Alicante. Se están cumpliendo 60 años desde la venta de su primera obra, un óleo sobre lienzo  de un paisaje con barcazas que vendió a un familiar de un amigo “por 1500 pesetas en monedas de plata”, una fortuna para la época, a la tierna edad de 15 años. Este artista albaceteño nacido en 1951 lleva desde principios de los 70 afincado en la capital alicantina y su obra, pese a estar en teoría jubilado, se reclama con insistencia en galerías de Nueva York, Miami o París. Pedro Ortiz Olivas rememora para la Hoja del Lunes toda su carrera desde sus humildes comienzos en el estudio de su tío José Olivas y lamenta que, como tantos otros, aún no ha sido profeta en su tierra. Pese a tener una obra extensísima y haber tocado casi todas las técnicas (óleo, acuarela y una de exclusiva invención, el manchismo) y numerosos estilos (realismo, figuración, abstracción) Ortiz Olivas reconoce que falta conocimiento de su obra pese a que en los últimos años la Diputación se ha echo eco de sus obras con alguna exposición importante (Pasiones, 2009; Crónicas de un mundo convulso, 2017).

Denuncia social en una obra sobre una visión vital del mundo. Técnica mixta y muestra del manchismo // MA.

Artista polifacético, conferenciante, escritor, divulgador y estudioso del arte, en la actualidad combina una intensa actividad pictórica (tiene obras en dos exposiciones abiertas y prepara una tercera) con las conferencias en su querida Asociación de Artistas Alicantinos (Arquitecto Morel, 11) en las que dos jueves al mes desgrana las características técnicas de algún cuadro de artistas de renombre (el último, Vermeer). Ortiz Olivas nació en el seno de una familia de artistas. Su padre era delineante, decorador, encuadernador de bibliófilo y dibujante. “De muy pequeño le veía hacer perspectivas y yo le iba imitando de una manera natural”, rememora. “A los 14 años me fui a pintar al estudio de mi tío materno, José Olivas, que era un pintor extraordinario, un auténtico bohemio. Con él empecé a pintar al óleo”, recuerda. “Ahí se me metió el veneno de la pintura y ya no lo puede abandonar”, reconoce. Buscando una estabilidad económica que le permitiera sobrevivir compaginándolo con su arte, el pintor encontró trabajo como técnico de empresas turísticas y más tarde como delegado de empresas farmacéuticas. En 1971 tiene lugar un hecho decisivo: se muda a Alicante, ciudad que ya no abandonaría y en la que reside en la actualidad en un céntrico piso cercano a la estación del AVE y donde mantiene un pequeño estudio abarrotado de cuadros y con varias líneas de trabajo abiertas.

Primera exposición y creación del manchismo

En 1978 y tras pasar el servicio militar en el departamento de Dibujo y Cartografía de la escuela del Estado Mayor de Madrid mientras asistía a dibujo del natural en el Círculo de Bellas Artes, alcanza otro hito en su carrera con su primera exposición en Alicante, que fue un gran éxito y en la que vendió numerosas obras. Se le presentó entonces la disyuntiva de intentar vivir sólo de su arte o continuar compaginándolo con su carrera profesional y optó por lo segundo, y no fue hasta 2008 cuando se volcó completamente en su arte, momento en el que ya había sido consagrado por los expertos y la crítica internacional, que destacaban la versatilidad de sus estilos y la originalidad del manchismo, que él define como una especie de impresionismo en relieve. “Fue una evolución natural y lógica, empiezo a manejar con la espátula y empastes fuertes”, detalla. Se trata de una “superposición de varias capas que si te acercas no ves más que una abstracción pero que al separarte ves relieves y las formas”. Admirador del figurativo Lucian Freud y del genio del abstracto Fernando Zobel, Pedro Ortiz detalla cómo es su proceso creativo: “Miro fotografías o cuadros para que me sirvan de inspiración, pero luego las pinto sin tenerlas delante, las plasmo con mi propio estilo”. Inspiración, que, como decía Picasso, siempre le pilla trabajando.

El pintor posa con su obra sobre la Rambla en el salón de otoño // MA.

Tras realizar más de 25 exposiciones en solitario y colaborar en más de 150 colectivas, y pese a estar teóricamente jubilado, Ortiz muestra una lucidez y una energía impropia de su edad. De verbo fácil y conversación agradabilísima, exhibe sin esfuerzo una erudición propia de un doctor en bellas artes o en historia, pese a no haber cursado más allá de una diplomatura en turismo. “Yo nunca he terminado bellas artes, pero me he pasado la vida estudiando a los pintores, sus técnicas, sus vidas y trabajando sin descansar” recuerda, lo que le ha llevado a ser reconocido internacionalmente y a que algunas de sus obras hayan sido adquiridas por la Diputación, el Museo Taurino -disciplina la del toreo a la que es aficionado- o el Museo Julio Quesada de Crevillente, entre muchas otras instituciones, amén de estar muy cotizado internacionalmente entre los grandes coleccionistas privados.

Otoñal, acuarela sobre papel // MA.

Esta vitalidad le lleva a mantener varias líneas de trabajo donde alterna el manchismo, técnica de gran complejidad, con otras como la abstracción o la figuración, y con técnicas diversas entre las que predominan la acuarela o el óleo sobre lienzo. Su profunda erudición, que le ha llevado a ofrecer centenares de conferencias, muchas de ellas de forma altruista, le permite exponer una visión muy crítica de la situación del arte en la provincia de Alicante. Sobra talento “y hay muchísima cantera”, asegura. El problema es la implicación de los gobiernos autonómicos y locales en el fomento del arte, especialmente de la pintura. “Mientras existen numerosos premios literarios, es inaudito que no haya un gran concurso o un premio en la ciudad dedicado en exclusiva a la pintura, cuando esto existe en numerosos pueblos más pequeños”, lamenta.

Ignorancia y “falta de criterio”

Ortiz centra sus críticas en la clase política de cualquier signo. “Hay una falta total de criterio”, señala, opinión que según él comparten importantes doctores en bellas artes. “No existe apenas promoción, hay pocas exposiciones y no hay premios de altura”, asegura. “El gran público desconoce mi obra por ejemplo, mientras que las galerías de Nueva York, París o Miami no paran de reclamar mis obras”, detalla. Para paliar este déficit cultural el pintor cree que haría falta “voluntad política y un asesoramiento que permita impulsar el arte”. “Los gestores culturales no tienen criterio propio, y se limitan a seguir lo que dictan los libros o las modas, lo que lleva a cometer muchos errores o injusticias”, revela, poniendo como ejemplo cómo se ha eliminado la asignatura de dibujo en algunas facultades. “Yo tardé 25 años en dominar el abstracto porque es una de las técnicas más difíciles”, afirma, mientras que muchos gestores no han tocado un pincel en su vida y solo se guían por los libros de historia. “Vivimos un momento de degradación artística”, advierte, poniendo como ejemplo el arte conceptual “que lo da todo por bueno”. “Es un reflejo de la degradación que se vive en la sociedad, donde parece que todo vale”.

Paisaje, óleo sobre lienzo // MA.

Sin embargo, no se puede decir que el artista se rinda a este fatalismo, sino que lo combate con energía en sus conferencias, la próximo el jueves 11 de diciembre en la citada Asociación de Artistas Alicantinos de la que fue vicepresidente y en cuya sala de exposiciones ha expuesto una acuarela sobre la Rambla en los años 60 dentro de la segunda fase del Salón de Otoño. Una colaboración que continuará el próximo lunes 8 de diciembre con varias obras en el salón del mini cuadro, para lienzos de no más de 30 cm y que, asegura, podrá atraer a numerosos compradores debido a la calidad y el tamaño de las obras. Él aportará a la exposición tres acrílicos sobre lienzo y tabla, que ahora guarda en su estudio junto a un tesoro de obras sin exponer. También y hasta el día 12 en la sala del Club Información puede verse otra de sus acuarelas dentro de la muestra “32 formas de agua”, compuesta sólo de acuarelistas. “Yo no puedo vivir sin pintar”, concluye la entrevista a modo de resumen. Hay que destacar también su labor de mecenazgo, ya que algunas de sus obras ya figuran como parte del Patrimonio histórico artístico de la Generalitat Valenciana. Ortiz nos desvela que planea crear una fundación que le permita exponer una parte de su ingente obra junto a la de otros artistas de su colección privada. Una pasión por la vida y la pintura de la que deberían disfrutar los alicantinos que aún no conozcan la obra de este artista, cercano y amable, del que nos despedimos con la promesa de futuras colaboraciones para hacer llegar a los lectores de la Hoja del Lunes las claves para poder entender y disfrutar de la pintura. Empezando por la suya propia.

Manuel Álvarez

Periodista.

Comentar

Click here to post a comment