Teatro

Pasolini, el teatro surgido de una úlcera de estómago

Escena de Calderón, 1988 (Fuente: Archivo Guillermo Heras).

De una úlcera de estómago surgió una tacada de seis obras de teatro iniciadas por Pier Paolo Pasolini en 1966. Cenando en un restaurante del barrio judío de Roma con Alberto Moravia y Dacia Maraini notó un fuerte dolor. Posiblemente se ausentó un momento porque Maraini relató que se abrió una puerta, cayó al suelo y, al tiempo que sangraba, pidió que le sujetaran. Su convalecencia la aprovechó en reposo para releer los Diálogos de Platón y algunas tragedias griegas, y en esa situación germinaron ideas que le llevaron a concebir las piezas teatrales Orgía, Pílades, Fabulación, Pocilga, Calderón y Bestia de estilo, sobre las que trabajó en los años siguientes. Conocido y considerado ya como cineasta, dotado para la provocación y el escándalo cultural, transgresor como pocos, Pasolini reanudó de pronto una experiencia como dramaturgo que solo había tanteado livianamente en su juventud. Tenidas estas obras como la parte esencial de su teatro, no ha sido hasta ahora en cambio, coincidiendo con el centenario de su nacimiento en Bolonia, cuando se han editado por primera vez reunidas en España en un mismo volumen.

Publicado por Punto de Vista Editores, el volumen titulado simplemente Teatro incluye un prólogo de Mario Colleoni y una nota de la traductora Amelia Pérez del Villar; dos textos que proporcionan una oportuna introducción a quien desee adentrarse en el conocimiento de esta versión creadora de Pasolini, un director cinematográfico que en otro campo como la literatura cultivó todos los géneros –como poeta, novelista, ensayista y articulista en el Corriere della Sera y en otros medios– y encontró buena parte de sus fuentes para el cine. Sin embargo, este ímpetu teatral que le llevó además a redactar un “Manifiesto para un nuevo teatro” finalizado en 1968, recogido completo en el volumen, no gozó del mismo reconocimiento, hasta el punto de no faltar quien lo señala como una faceta menor del artista.

Pasolini, que acometió estas obras en un verso libre muy parecido a prosa, como él mismo decía, proponía un “teatro de la palabra” donde el texto adquiría la máxima relevancia. Su manifiesto estaba lleno de enjundia y crítica a la burguesía, a sus gustos culturales, disparando a una doble diana: a la del teatro burgués sin más –el “teatro de cháchara” dado al espectáculo– y a la del teatro de protesta –el “del gesto y el grito”– que consideraba un teatro burgués antiburgués.

La ironía y su estilo críptico no ocultaban su humor con el que asedió a toda la sociedad con ánimo de incomodar, especialmente en cuestiones de moral religiosa, en política o en convencionalismos sociales, cumplidor con su sabido papel de agitador cultural que no dejaba indiferente. Las seis obras teatrales pensadas en 1966 atraviesan sus temas habituales, como previene la traductora Amelia Pérez del Villar: “La lucha de clases, el comunismo, los oprimidos (no solo en lo político, sino en todos los órdenes), la amistad y la lealtad (Pílades), la homosexualidad, la relación paterno y materno filial, con el tinte psicoanalítico freudiano que aún estaba en boga en la época (Fabulación), la discriminación del Sur por parte del Norte, el desdoblamiento de los personajes (Pocilga y Orgía), el sueño frente a la vigilia, como sucede en Calderón –y la pregunta de cuál de los dos es más real–, la guerra, el campo de concentración y exterminio, el antisemitismo, la prostitución, el suburbio, el diferente…”

El hecho de que las seis piezas aparezcan reunidas en España en 2022 no supone en cambio que no hayan sido conocidas en el país, editadas y representadas, pero sí es una valiosa oportunidad para abordar una lectura conjunta que dé medida de la zambullida teatral pasoliniana.

De hecho, la presencia de su teatro en España cuenta con varios hitos: editoriales y escénicos. Uno de ellos fue la traducción y publicación de Calderón en 1981, cuando se celebraba el tricentenario del fallecimiento del clásico del Siglo de Oro. La obra, curiosamente la única que vio su propio autor publicada en la edición italiana de 1973, con un contenido que recreaba de modo libre y contemporáneo a los personajes de La vida es sueño en el Madrid de 1967, la distribuyó en dieciséis episodios que desarrollan distintas ensoñaciones de una moderna Rosaura. Tuvo también su representación en 1988 en el Centro de Nuevas Tendencias Escénicas, en un montaje con versión y dramaturgia de Carla Matteini dirigido por Guillermo Heras, que se convirtió en el primer director de escena español en poner sobre las tablas a Pasolini, puesto que la única representación anterior en el país de una de sus obras (Fabulación) fue dirigida por Vittorio Gassman. Heras estableció entonces una afortunada definición del carácter transgresor de Pasolini como “bisturí que actúa sobre tumores ancestrales, pero a la vez imposibles de arrancar del todo”.         

Sin duda el teatro del boloñés sigue siendo una parte de su obra menos conocida para el gran público, procedente además de un creador complejo y nada convencional en su época. Pero esa resonancia menor no ha sido obstáculo para acercarse con miradas de la crítica que le conceden un valor más elevado.

La traductora de esta edición recuerda un artículo en el Corriere della Sera de principios del siglo XXI en el que su autor, Giovanni Raboni, afirmaba que las únicas contribuciones notables en el teatro italiano de décadas anteriores procedían de los outsiders, de poetas o narradores que no eran dramaturgos, citando a Pasolini como una de las evidencias.

Por otro lado, y aunque este dato no se menciona en el libro recopilatorio, el nombre del cineasta es de tanto peso en la cultura del siglo XX que ni siquiera resulta llamativo saber que los autores italianos más representados fuera de su país, como apuntó la guionista y gran conocedora de su teatro Edi Riccoli, son Pirandello, Darío Fo y el propio Pasolini, por este orden. Una constatación relevante en suma para un teatro que, como concretó Dacia Maraini en recuerdo de la accidentada cena romana que compartió con él, “nació del dolor físico y de la inmovilidad forzosa”, convirtiendo el suceso en algo más que una anécdota biográfica.   

  

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José Ferrándiz Lozano

Decano del Colegio de Politología y Sociología de la Comunitat Valenciana. Doctor y profesor universitario de Ciencia Política, miembro de la Asociación valenciana de Escritores y Críticos Literarios. Premio internacional de Periodismo Miguel Hernández. Director del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert (2015-19).

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  • Una preciosa lección sobre un Pasolini que me era desconocido. Una obra de misericordia, enseñar al que no sabe. Un fuerte abrazo.

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