Opinión

Padres y madres hartos de pasar el verano con sus hijos

Fotografía: Tono Pérez (Fuente: Freepik).

A algunos puede parecernos increíble, pero es cierto, la llegada del verano supone un período de estrés para muchas familias en lugar de las vacaciones con las que tanto soñamos. Y es que se juntan varios factores que cambian el escenario vivido en otras épocas en las que niños y niñas jugaban por las tardes durante el curso escolar tras la salida de las clases y el verano ofrecía un tiempo para relajarse y disfrutar de mucho más juego acompañados de la madre u otro familiar y, en algunos casos, hacer alguna escapadita a la playa o el pueblo.

Ahora, en la mayoría de los hogares trabajan tanto el padre como la madre. El ritmo de vida se ha visto realmente acelerado y cada vez menos niños tienen tiempo para jugar durante el curso. Salen de clase y comienzan el paso por una extraescolar tras otra hasta que llega la hora de la cena e ir a la cama. Con este ritmo de vida no es fácil encontrar tiempo para las relaciones, para hablar tranquilamente o para gestionar cualquier tipo de necesidad o habilidad emocional; todo sucede rápido.

Así, llegamos al período estival, en el que nos encontramos con los niños durante 24 horas al día. Ellos quieren relajarse, necesitan jugar y, con toda la intensidad que la vida implica, corren, hablan, ríen, lloran, preguntan, tocan, piden, cuestionan… Y nosotros, los adultos, nos vemos a nosotros mismos sin la capacidad ni las herramientas de acompañar ese ritmo porque tampoco hemos tenido la posibilidad de acostumbrarnos a ello.

Por este motivo es por el cual una madre me dijo: “¡Pufff, qué asco de verano!” cuando se cruzó conmigo mientras mi hija estaba enfadada. Este comentario viene de una madre que empatiza con la escena que presencia, que probablemente también está viviendo situaciones similares con sus hijos y que se ve superada por las emociones que la situación le provocan.

Mi invitación en este punto es a reflexionar sobre el paso del tiempo con nuestros hijos y la calidad del mismo. He compartido con muchas madres que echan de menos la visita de sus hijos adultos y añoran la época de infancia cuando las rodeaban varios niños corriendo, gritando, riendo, peleando… El tiempo pasa, los peques crecen y los pequeños conflictos se desvanecen en el recuerdo eclipsados por la energía que habitaba esos espacios y después da paso al silencio y la añoranza.

¿Qué más da que haya algo de desorden? ¿Qué más da que coma un poco más o un poco menos? ¿Qué más da que aparte algunos alimentos si se pueden sustituir por otros? ¿Qué más dan todas esas pequeñas riñas que surgen en el compartir natural del día a día?

Disfrutemos de los años que podamos mientras crecen, ayudemos a suavizar todo momento, en lugar de aumentar la tensión, relativicemos cada situación derivada de la convivencia para crear la mejor versión posible de nuestra crianza y su infancia. Estos años pasarán, los momentos de agobio quedarán en nada, pronto crecerán y volarán, mientras los echamos de menos.

Detengámonos a vivir de manera más presente y consciente y, si sientes que no lo logras, busca ayuda; hoy en día existen un sinfín de herramientas disponibles al alcance de todos. El tiempo pasa y no vuelve, pero aún estamos a tiempo de llenarnos de inolvidables recuerdos con nuestros hijos. ¡Te deseo un verano lleno de felicidad!

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Merce Pérez

Soy Merce Pérez, trimadre, doula, asesora de crianza consciente y educación emocional, autora de los libros “CONECTADOS. El Arte olvidado de la Crianza Consciente” y “Crianza en la Naturaleza, Educación en Valores”, pero, sobre todo, inspiradora de madres que desean conectar con sus hijos y potenciar el desarrollo de su ser esencial mientras viven la crianza de manera consciente y respetuosa, basada en el amor y la comunicación. Hace trece años nació mi mayor maestro, mi hijo Marcos, un espíritu libre con el carácter de un líder nato. Acompañar su desarrollo desde la confianza y el amor me devolvió como regalo el privilegio de ser el primer testigo de verle crecer con una gran autoconfianza, seguridad y manejo de sus posibilidades. Algunos errores que cometí en el camino también me mostraron el efecto que provocaban. Ahora, con toda mi experiencia y formación, acompaño a familias para que puedan vivir el desarrollo de la mejor versión de sus hijos.

1 Comment

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  • Muy acertadas estas reflexiones
    El tiempo no vuelve y aún estamos a tiempo de compartir momentos con nuestros hijos, de compañía y escucha aunque para algunos padres nuestros hijos se hayan hecho un poco mayores
    Hermosos consejos

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