Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Caminando con la historia

Mercaderes progres de saldo (por si Javier Bardem se siente aludido)

Javier Bardem en los Premios Goya de 2018. Fotografía de Carlos Delgado (Fuente: Wikimedia).

Me van a permitir que empiece sin sutilezas, porque las sutilezas son el refugio de los cobardes y yo, afortunadamente, nunca me he caracterizado por morderme la lengua. Llevamos años soportando el espectáculo bochornoso de una élite que se viste de arrabal para la foto y que alza el puño ante el espejo donde confunde la militancia con un atuendo de fin de semana. Hablo, cómo no, esa izquierda de saldo, la del brunch y la revolución de fin de semana, mojigata y sectaria que se ha instalado en el diván de la superioridad moral para dictarnos quién merece ser víctima y quién debe ser ajusticiado en la plaza pública. Sí, hablo, cómo no, de esa izquierda modernita, la de los que se solidarizan con la misma cartera con la que pagan el sushi.

Podría poner la mirada en cualquiera de los muñecos de feria que pueblan este circo y podría señalar a esa corte de palmeros que rodean a Yolanda Díaz, los mismos que predican la dignidad laboral mientras colocan a sus amigotes en aforamientos blindados. También podría hablar de ese esperpento de Ada Colau, que pasó de expulsar el “fascismo” de los bancos a vivir del cuento en un ayuntamiento que dejaron hecho un solar. O podría detenerme en la última ocurrencia de cualquier futbolista que necesita una guerra para lavar su imagen tras una condena por defraudar a Hacienda; pero no, voy a elegir al icono, al estandarte, al actor que mejor sintetiza esta época de postureo y doble rasero, nuestro Javier Bardem, que es el producto perfecto de la hipocresía en su máximo exponente, que es el tío al que vemos en la gala con el traje firmado por el mismo diseñador que viste a las dictadoras sudamericanas, exigiendo justicia mientras su cuenta corriente descansa en paraísos fiscales y que es el  prototipo del “comprometido a tiempo parcial”.

Su compromiso, verán, tiene un mando a distancia que se activa con un botón rojo que pone “Israel”, “Estados Unidos” o el “fascismo” (palabra que les encanta mencionar a la más mínima ocasión), y que se apaga milagrosamente cuando el verdugo lleva barba larga y reza cinco veces al día mirando hacia La Meca. Este es el gran timo de nuestra época: la indignación selectiva. Podríamos haberle preguntado, con el puño cerrado y en alto, cuando Hamás hacía de las suyas en Gaza, si pensaba igual. ¡Ah, no, claro! Esos verdugos no le servían porque no eran “blancos”. En su limitada cartilla ideológica, el malo solo lleva corbata y habla inglés, porque si el tirano mezquino viste chilaba, entonces es un “luchador”, ¿verdad?

Nunca le oímos hablar de los cristianos copto-egipcios quemados vivos en sus iglesias mientras la comunidad internacional miraba hacia otro lado. Nunca le vimos en una manifestación por los kurdos, traicionados por sus propios aliados y abandonados a la furia de turcos y yihadistas. Nunca, jamás, le oímos alzar la voz por las víctimas del terrorismo yihadista en Niza, en París o en Bruselas, porque esas víctimas eran europeas y eso no encajaba en su relato de “opresores occidentales”. Para Bardem y su corte, el dolor solo es válido si el presunto agresor es judío, estadounidense o de derechas. En caso contrario, el silencio es sepulcral. Eso no es activismo, señor mío, eso es racismo ideológico y además cutre.

Me niego a llamar “progresista” ( otra de las palabras que les encanta) a alguien que necesita un manual de instrucciones para saber cuándo indignarse y cuándo callar, eso claro, es  “progresismo” o quizá puede ser ¿una enfermedad mental llamada sectarismo?. Parece que son los nuevos inquisidores, los que queman en la hoguera digital a quien no firma su manifiesto, pero son incapaces de sostener una mirada con las mujeres obligadas a esconderse bajo un burka o con los homosexuales arrojados desde los tejados en Irán, vamos, que es una izquierda de postureo, la de los mítines con botellín de kombucha, la que confunde la revolución con un like. Por eso, cuando las milicias del régimen iraní azotaban a las mujeres hasta matarlas por enseñar un mechón de pelo, el silencio de estos “progres” fue ensordecedor. No hubo flotillas, no hubo pancartas, no hubo tuits con el corazón roto.

Y eso es lo que me provoca una mezcla de asco y desprecio además de vergüenza. Estos señores se han adueñado del lenguaje de los derechos humanos para convertirlo en un arma arrojadiza contra sus enemigos ideológicos mientras se hacen los suecos ante las peores atrocidades del planeta. No son parte de la solución, porque nunca han tenido la valentía ni la inteligencia de mirar la realidad sin el filtro de su dogma, son parte del problema de una  izquierda sectaria hipócrita e inútil.

Así que, todos los que le siguen en este desfile de la estulticia, guárdense sus manifiestos y sus pañuelos palestinos que ya huelen a cobardía, ya que el compromiso no se viste para la alfombra roja. El compromiso duele, incomoda y no tiene horario (vamos, lo que debería ser el periodismo). La verdad es que lo suyo es un papel, un disfraz, y ya va siendo hora de que alguien les arranque la máscara a estos progres de saldo. Porque, como bien decía la lógica, si uno se acuesta con perros, amanece lleno de pulgas y ustedes, queridos compañeros periodistas, llevan años acostándose con los peores perros del planeta durante muchos años. No se quejen ahora de que el mundo les haya perdido el respeto porque con esa actitud de defensa del progre barato nunca la van a tener.

Atentamente, un periodista que no vende su pluma para comprar postureo.

Jorge Monreal

Natural de Madrid y dianense de adopción, estudié Educación Física (INEF) y toda mi vida ha estado vinculada a la nutrición y alimentación para el alto rendimiento deportivo, aunque mi vocación siempre fue el periodismo, así que con la ayuda de la Universidad de Barcelona logré tener el grado de comunicación además de otros estudios paralelos como Máster de Comunicación Empresarial y Corporativa en la Universidad Isabel I, un posgrado en Publicidad y Relaciones Públicas y un MBA en una escuela de negocios en Florida.

Lo importante es que soy una esponja para el periodismo y su historia, presente y posibles escenarios de futuro. Formar parte de la familia periodística y más concretamente de la APPA ha sido un verdadero honor al que espero poder contribuir engrandeciendo la Asociación y buscando un futuro próspero como profesionales y comunicadores, aunque tenemos que reconocer que en España nos queda un gran trabajo.

3 Comments

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  • Los ‘hijos de la mentira’ son los verdaderos nazis, no en vano la historia de las ideas confirma que nazismo y fascismo tienen origen en la izquierda liberticida. La izquierda marxista no quiere libertad. ? “Libertad ¿para qué?”, dicen que le dijo Lenin a Largo Caballero, el primer golpista contra la Segunda República (antes que Franco), junto con su compañero (y poco amigo) Indalecio Prieto. En la defensa de la verdad corres peligro de que te tilden de fascista. No hagas caso. Sigue tu camino buscando la verdad que desemboca en la ‘verdadera’ libertad. Aún a riesgo de que me llamen meapilas, diré que ‘la verdad’ está la doctrina de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Las demás religiones y todas las creencias e ideologías son más o menos verdaderas cuanto más o menos se acerquen a los que predicó un ‘loco’, que murió en la cruz y desnudo; hasta se rifaron sus vestiduras los soldados romanos. Un abrazo que hago extensivo a todos, incluso a los que nos mienten desde el poder o desde la oposición deseándoles que abjuren de la mentira. La mentira es diabólica y el diablo es ‘el padre de la mentira’.

    • Estimado Ramón.

      Recibo tus palabras con el respeto que merece un maestro. Agradezco el consejo final: “sigue tu camino buscando la verdad”. Eso, créeme, no pienso dejarlo.

      Pero permíteme disentir de tu diagnóstico, no del fondo de la cuestión (la mentira es diabólica, la verdad libera), sino de las premisas.

      Dices que el nazismo y el fascismo tienen origen en la izquierda liberticida y pones a Lenin y a Largo Caballero como ejemplo. Con respeto, Ramón, eso es una boutade histórica que ni los revisionistas más osados se atreven ya a defender. El fascismo es hijo del nacionalismo autoritario, de la decepción y del miedo a la revolución bolchevique, no de Marx. Pero no voy a ganar nada discutiendo sobre si el huevo o la gallina eran de izquierdas o derechas.

      Mi artículo habla de algo más modesto y más cercano: la hipocresía de una izquierda de saldo que se llena la boca de justicia mientras aplaude a verdugos con chilaba o calla ante las mujeres azotadas en Irán. Ahí no hay Lenin, ni Largo Caballero, ni Cristo. Hay simples cobardes con cuenta corriente en paraísos fiscales.

      Tú me dices que la verdad está en Jesucristo. Lo respeto, aunque no lo comparto como dogma periodístico. Yo creo que la verdad, en nuestro oficio, se construye con datos, con coherencia y con la misma vara de medir para todos. Y eso es precisamente lo que denuncio: que Bardem y su corte miden con dos varas. Y eso no es fascismo, ni comunismo, ni pecado. Es simple indignación selectiva.

      Así que, con tu permiso, seguiré tu consejo: buscaré la verdad. Pero sin necesidad de llamarla Dios ni de demonizar a toda una tradición de pensamiento aunque muchas veces sea errónea. La verdad que yo busco es más terrena (que un actor no nos dé lecciones desde su hipocresía). Que una izquierda sectaria deje de secuestrar el dolor ajeno.

      Si por eso me llaman fascista o meapilas, que me lo llamen. Prefiero ser mal llamado a ser bien representado por esa panda de trileros de la solidaridad.

      Un abrazo fuerte, y gracias por leerme maestro

      • De acuerdo con tus brillantes razonamientos, pero matizando que, en un principio, nazismo y fascismo tenían matices socialistas para ganarse a las masas obreras. Un abrazo.