Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Al paso

Liliana no se enfada con Dios y reza a la Virgen por los muertos

Imagen general del pabellón deportivo Carolina Marín de Huelva donde tuvo lugar la misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz (Fuente: Diócesis de Huelva).

El dicho popular tiene tres versiones: “Esto no hay dios que lo entienda”; “esto no hay quien lo entienda” y “esto no hay cerebro que lo entienda”. Ante la  gran tragedia ferroviaria en la localidad cordobesa de Adamuz; ante tantas muertes y tanto dolor, lo normal sería dirigirse a Dios y gritarle ¿cómo puedes permitir esto? Y somos incapaces de entender que Dios es el creador del universo y que culminó su obra de genial alfarero haciendo del barro a Adán y, de una costilla de éste, a Eva; que los hizo libres para que ellos y su descendencia dominaran la Tierra y que le pusieran nombre a los animales que caminaban sobre sus patas y a las aves del cielo. La tragedia de Adamuz no la produjo Dios. Los responsables son otros y en eso de descubrirlos están los que saben de ferrocarriles mientras los que no saben de ellos, pero viven de ellos, al menos en parte, se defienden como gato panza arriba para que no les alcance la onda expansiva de una bomba que la Justicia no tendrá más remedio que explosionar cuando haya atado todos los cabos ahora más enredados que sueltos.

Entre el clamor de tantos gritos como se levantan en torno a este gravísimo accidente, se ha escuchado una voz, a la vez valiente, armoniosa y cristianamente genial, de una mujer, de nombre Liliana. Sáenz de primer apellido, el paterno, y De la Torre el segundo, el heredado de su querida madre, fallecida en Adamuz, una madre que estará dando saltos de alegría en el cielo, ante Dios y la santísima Virgen María, tras el discurso que pronunció su hija en el funeral religioso de hace unos días en Huelva en nombre de todas las familias víctimas de la tragedia.

Dicen las crónicas que Liliana fue muy aplaudida “por su claridad, contundencia y emotividad”. Leo en un rotativo: “Liliana leyó, con mucha expresividad, un texto muy profundo, en el que no se dejó  nada en el tintero, tanto en los agradecimientos como en las críticas, los sentimientos propios como los colectivos, ante la terrible tragedia que les ha tocado vivir y sufrir. “Hoy, cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias. En primer lugar, gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la de Dios, que hoy, aquí, se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su madre en su advocación cinteña”.

No querían las familias, dice el periódico, otra presidencia en clara alusión al presidente Sánchez, que no acudió al funeral porque no era del agrado de las víctimas. Sí destacó Liliana la gratitud hacia la patrona onubense, la Virgen de la Cinta, que presidió el altar en el que se ofició la santa misa.

“Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que nunca olvidará, así como a la ciudad cordobesa, a los que nos sentimos unidos para siempre. Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumirse en el caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las lágrimas. Luego, Liliana dio las gracias a toda Huelva, que se ha volcado con las víctimas a todos los niveles y que las arropó abarrotando el Palacio de Deportes Carolina Marín: más de 4300 personas lo llenaron a rebosar.

No renuncian las víctimas, dijo, a saber la verdad “porque solo esta verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”. Agregó que “sabremos la verdad para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece”. Abriendo un capítulo hacia la devoción a diferentes advocaciones e imágenes de la Virgen María, por las que las familias de las víctimas sienten mucho fervor, recitó estos versos que difícilmente mejorarían ni san Juan de la Cruz, ni santa Teresa de Jesús:

“Virgencita de la Cinta,
patrona de este gran pueblo,
dales serenidad,
descanso eterno. 

Virgen bella, Virgen guapa,
no los sueltes de tu vera;
que no sientan dolor,
que no sientan la miseria;
que el amor y la verdad
los cobije para siempre
y en el abrazo de Dios
la vida venza a la muerte.

Madre de la Almudena,
Virgen que guía el camino,
llévales el beso mudo,
ese adiós que no les dimos.

Remedios, madre querida,
reina del aljaraqueño,
bríndales tus firmes manos,
y que ya nunca tengan miedo.

Madre del Amor Hermoso,
reina de la Victoria,
Dolores del negro luto,
concédeles tú la gloria,
Y guía también nuestras vidas,
humilde Virgen del Sol,
y que la misericordia lata
en nuestro corazón.

Haz que cese este dolor,
Virgen Morena del Carmen;
llévate esta cruel espada
con la espuma de los mares.

Y tú, Virgen del Rocío, 
la que alumbra mis desvelos,
la que siempre me acompaña,
cuando me rompo por dentro,
abraza sus corazones
y llévales un suspiro
con una canción de amor
por lo años compartidos.

Diles que tendremos paz
y que seremos valientes,
que el odio no nacerá
en la rabia que nos crece; 
que volverán  las sonrisas
y seguiremos viviendo
y este amor no morirá;
vivirá de sus recuerdos.

Diles tú, Blanca Paloma,
Pastora de la Rocina,
que siempre los sentiremos
con el sol o con la brisa
y que con fe esperaremos
a que llegue ese momento
en que Dios nos abrace
y así volvamos a vernos”.

No se pueden, o no se deben, añadir más palabras. Trasladárselas a ustedes es mi pequeño homenaje a las víctimas, a esas familias destrozadas por la tragedia empezando por la de la admirable Liliana. ¡Que en Dios nos abracemos todos!

Ramón Gómez Carrión

Periodista.

2 Comments

Click here to post a comment