Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

La tormenta perfecta: El hambre de Europa en el altar de la geopolítica

Fuente: www.depositphotos.com.

La noticia ha caído como un mazo sobre los mercados de futuros: Indonesia dejará de importar diésel en julio para quemar su aceite de palma en los tanques de sus camiones. El país que, junto a Malasia, controla el 80 % de la producción mundial de este lípido, ha decidido que su soberanía energética vale más que el precio del cruasán o el queso crema en París o Madrid. Lo que estamos presenciando es el capítulo final de una desconexión sistémica: el momento en que la «moralidad» de las normativas occidentales choca de frente con la cruda realidad de los recursos.

Las cifras del abismo: El efecto dominó

No estamos ante un simple cambio de ingrediente. Indonesia exportó cerca de 28 millones de toneladas de aceite de palma en 2025. Al desviar una parte sustancial de este flujo hacia el biocombustible B50, el mercado global se enfrenta a un déficit que nadie puede cubrir.

La industria alimentaria occidental, desesperada, mira hacia el aceite de girasol. Pero los números no cuadran. El aceite de girasol no solo es estacional y más costoso de producir, sino que su precio ya acarrea una prima del 15-20 % sobre el de palma. Sustituir el aceite de palma —el más eficiente del planeta en términos de rendimiento por hectárea— por girasol o soja disparará la inflación alimentaria en Europa entre un 7 % y un 12 % adicional solo en el primer trimestre de la transición. Estamos hablando de una cesta de la compra que ya es inasumible para millones de familias europeas.

El tiro en el pie: Del gas ruso al aceite de palma

Resulta imposible no trazar un paralelismo con el suicidio industrial que Europa inició al renunciar, por motivos morales, al gas y petróleo rusos. Bajo la bandera de la ética geopolítica, el continente cortó su acceso a la energía barata que alimentaba el corazón de su economía.

Por una parte, supone la caída de un gigante: La industria alemana, antaño motor del continente, se encuentra en un estado de estancamiento estructural, con un PIB que apenas roza el 0,1 % de crecimiento y costes eléctricos que son cinco veces superiores a los de Estados Unidos.

Por otra, la inflación «moral»: La factura de haber sustituido el gas por tubería ruso por el costoso Gas Natural Licuado (GNL) estadounidense y catarí ha sido una transferencia masiva de riqueza que ha vaciado a la clase media europea.

Ahora, repetimos el patrón con el aceite de palma. Durante años, la Unión Europea ha asfixiado a Indonesia con normativas como el EUDR (Reglamento sobre Deforestación). Si bien el objetivo ambiental es loable, la aplicación rígida y punitiva ha empujado a Indonesia a buscar mercados internos (biocombustibles) o aliados menos exigentes (China e India). Hemos despreciado al proveedor hasta que este ha decidido que no nos necesita.

La ética de la supervivencia vs. el lujo de la norma

¿Es ético mantener normativas ambientales que, en el contexto de una crisis energética global, garantizan la desnutrición económica de tu propia población? Existe una conveniencia urgente, casi existencial, en suspender o flexibilizar las normativas verdes que hoy actúan como un torniquete en la garganta de nuestra industria alimentaria.

Mientras Europa se enorgullece de sus estándares de sostenibilidad, su industria química y láctea quiebra, y sus ciudadanos pagan precios de lujo por productos básicos. La ética no puede ser un ejercicio de vanidad que se practica mientras el barco se hunde. Si no somos capaces de asegurar la caloría barata y el vatio asequible, la «superioridad moral» de nuestras leyes será escrita en las cartillas de racionamiento del futuro.

Conclusión: Una tormenta autoinfligida

La crisis de julio no es un desastre natural; es el resultado de una geopolítica de salón que ignora la logística. Hemos renunciado a la energía de un vecino (Rusia) y ahora perdemos el alimento de un aliado comercial (Indonesia) por no saber equilibrar nuestros ideales con nuestras necesidades.

La tormenta perfecta está aquí: energía cara, industria en quiebra y, ahora, una crisis de grasas vegetales que hará que el aceite de girasol sea el nuevo «oro líquido». Europa debe decidir, y rápido, si prefiere seguir siendo el continente con las leyes más puras del mundo o el continente donde su gente aún puede permitirse comer y calentar sus casas. La historia rara vez perdona a quienes eligen la pureza sobre la supervivencia.

Reflexión final

Este análisis nos coloca ante una disyuntiva incómoda. ¿Podemos creer que la opinión pública europea aceptaría una marcha atrás en las leyes de deforestación a cambio de bajar el ticket del supermercado, o hemos llegado a un punto de no retorno ideológico?

Sergio Sachnovsky Raevsky

Argentino-ruso-español. Economista. Experto en política internacional.

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