Sostengo que compro en Mercadona porque es una experiencia sociológica única, aunque en verdad lo hago porque parece más barato; o, por lo menos, sales con esa sensación. El truco está claro: no hay marcas donde picar y arruinarse, por lo que controlas un poco la compra impulsiva. Si tienes cuidado y no caes en trampas como la hamburguesa a “siete mortadelos” o la coca amb tonyina a guit, puedes salir con una compra semanal medianamente asumible.
Pero el miércoles por la noche no queda Bimbo ni jamón, solo un blíster de pavo y el resto de la cuerda de la llonganissa del payés. Esa, otrora gorda y larga cual espada láser de Jedi, es ahora una triste, corta —aunque aún gorda— pistolita de soldado imperial. Me viene a la cabeza esa frase de Obi-Wan: “Este es el arma de un caballero jedi. Un arma elegante para una época más civilizada”. Vivimos una época donde la manipulación empieza en la TV y termina en el súper. Todo es más pequeño: los litros tienen 750 ml, las docenas de huevos son de diez y la llonganissa es más corta que las mangas de un chaleco.
Por si no hubiera bastante con la manipulación de los llamados “números mágicos”, nos enfrentamos a otra peor: esa que hace que ir a Mercadona sea ya un acto semi-ideológico. La extrema izquierda —salvadores de la decencia (siempre que no sea la de ellos mismos) y guardianes de la transparencia— ha decidido que Juan Roig es un explotador o algo así. Comprar en Mercadona será, a partir de ahora, como ir a los toros: si vas, eres un “facha de Vox” y punto. Nos saltamos a Belmonte y su biografía escrita magistralmente por Manuel Chaves; nos olvidamos de Goya y del arte y memoria de un país entero. Eso sí, seguimos en el “buenismo” de matar terneros de un añito, o de meses, para hacernos el estofado, el filete o el pepito con mantequilla (el antiguo manolín de Plaza de España).
Con el mismo razonamiento irracional encumbramos a la ignorante presidenta de México porque se ha dignado a venir al país que “masacró a su raza”, cuando, en realidad, sin los españoles ella simplemente no existiría. Es increíble que seamos tan topos ciegos, tan pusilánimes y cobardes, que prefiramos el absoluto desconocimiento de la historia antes que defender lo nuestro, nuestro pasado y a nuestros ancestros, que deberíamos llevar con la cabeza muy alta. No sigo por aquí, que me enciendo.
Es mejor verlo como el viejo Obi-Wan de nuevo: “Si me golpeas, me volveré más poderoso de lo que puedas imaginar”. En política y en la vida, creo que las mentiras te pueden llevar muy lejos, pero no te permiten volver.
Ah, también está lo de Amancio Ortega que es un empresario, lo peor que se puede decir de una persona para esta gente que, por guardarse su poltrona y un puñado de votos manipulados y pobres, es capaz de afirmar que su donación contra el cáncer es una manera de limpiar sus mierdas como emprendedor y empresario. ¡Qué vergüenza de gente! Amancio sabe que ante la estupidez lo mejor es callarse, esto parece que Roig no lo tiene tan claro, la verdad. Pero no soy nadie para criticar a tan altas instancias (aunque no le he perdonado todavía lo de la llonganissa menguante). Haciendo amigos.













Divertido y profundo.
Gracias
Un abrazo