Opinión

La evolución del botellón

Fuente: Informativos Telecinco (https://www.telecinco.es/informativos/).

No ha transcurrido mucho tiempo desde que algunos jóvenes se ponían de acuerdo para reunirse en algún sitio, que previamente habían elegido, para pasar una velada en la que charlaban y tomaban unas copas. Comentaban que lo hacían así porque en los bares salía más caro. Aquello surgió espontáneamente y molestaba a algunos de los vecinos de las cercanías porque no les dejaban conciliar el sueño, por los restos de envases de las bebidas, las colillas de los cigarrillos y algún que otro trozo de pizza o de bocadillo que aparecía al día siguiente y ensuciaba los lugares utilizados. Fue algo a lo que se unieron muchos más “botelleros”, que hizo que las reuniones fuesen cada vez con más participantes y por tanto también aumentaron los inconvenientes, sobre todo las molestias. No sólo aumentaron los asistentes, sino que se introdujeron también las drogas. Ya no eran los clásicos “porros” sino también drogas de orígenes naturales o las que se hacían en laboratorios. A partir de estos tiempos ya no sólo eran jóvenes los que asistían a los botellones, también acudían personas que habían pasado ya por los treinta años de su vida. 

Con el transcurrir de la época, el botellón fue evolucionando a peor y aparecieron las violaciones de las jóvenes por bandas de canallas, incluso entre menores. Después aparecieron los grupos que, cuando habían llenado sus cuerpos de alcohol y drogas, se dedicaban a quemar contenedores, a hacer frente a la policía, a crear disputas entre ellos y a dejarse la vida en las carreteras cuando regresaban de vuelta a sus domicilios conduciendo sus vehículos.

Pero tampoco esto ha sido el último añadido a los botellones; recientemente han aparecido los navajeros que utilizan navajas y cuchillos en sus riñas produciendo la muerte o heridas graves a los que se enfrentan. También han aparecido nuevas drogas que venden los suministradores a pie de botellón, como el gas de la risa en globos que al inhalarlo produce no solo euforia sino también otros estados de la mente, como casi todas las drogas. Su composición química está formada por óxido de nitrógeno que, al expirarlo, irrita los ojos, la nariz y la garganta por falta de aire. En dosis grandes, y las que se venden lo son, pueden producir la muerte. En Francia, el Senado, ha vetado su consumo a los menores y mayores.

La Policía ha tenido que desalojar un botellón de más de 4.000 personas en las fiestas de Sants de Barcelona (Fuente: Informativos Telecinco).

Y por último han aparecido los pirómanos que inicialmente se dedicaban a quemar los contenedores de basuras pero que últimamente lo que más les satisface es incendiar vehículos policiales. A estos se han añadido los ladrones que rompen los escaparates y los asaltan para llevarse, en la mayoría de los casos, lo mejor que hay en las tiendas saqueadas.

Esta ha sido la evolución que han sufrido los botellones, de ser una charla acompañada de unas copas con los amigos porque eran más caras en los bares, a convertirse en verdaderas reuniones de canallas, matones y ladrones.

Cuando alguien, bien sea en televisión, radio o prensa, entrevista a uno de estos delincuentes y se justifica respondiendo que ya es hora de divertirse porque su libertad ha sido violada por el confinamiento de la pandemia, se revuelve mi estómago y, si tuviera a esa persona frente a frente, le contestaría que lo que él hace lo hacían aquellos gánsteres que aparecían en las películas norteamericanas.  

Toda esta situación me preocupa y a la vez me entristece porque ¿qué va a ser en el futuro de mi querida España si esto sigue con este ritmo de añadidos al botellón? A veces pienso en lo que ha sido nuestra patria y lo que puede ser el día de mañana. Pero el problema también lo es de muchas naciones de la UE y eso me preocupa todavía más que lo que nos pueda pasar a nosotros. Porque como dijo un gran escritor, Jaime Gil de Biedma, en uno de sus poemas: “Los demonios siempre se manifiestan tarde o temprano”.

Luis Cernuda también dejó escrito: “no es esa España obscena y deprimente En la que regentea hoy la canalla, Sino esta España viva y siempre noble”.

Nuestro escritor Miguel Hernández, también escribió un poema que cuando lo leo es como si yo mismo me preguntara si alguna medida va a tomar el gobierno, las leyes y nosotros mismos para que este vandalismo sea controlado y, si es necesario, castigarlo de acuerdo con la justicia. Es el Rayo que no cesa: “No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras…”  

También me aflige, y es doloroso, contemplar que junto a algunos de estos delincuentes están menores de edad, que podrían ser nuestros hijos.

Los padres debemos de ser cautos y, si es necesario, estar pendientes de nuestros hijos.

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Joaquín Ñeco

Alférez de navío.

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