Opinión

La decisión de Suzanne, la resurrección del PSOE

Antonio Hernando, portavoz socialista, en la sesión de investidura de Mariano Rajoy del pasado 27 de octubre. Foto: CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
Antonio Hernando, portavoz socialista, en la sesión de investidura de Mariano Rajoy del pasado 27 de octubre. Foto: CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El PSOE siempre ha presumido de ser un partido del pueblo. Más popular que el Partido Popular, entendiéndose tal concepto por el de más de la gente llana. Y ha predicado con el ejemplo poniendo a su frente a dirigentes llamados González, Rodríguez, Pérez, Sánchez, Fernández, y puede que Díaz. Menos Almunia, todos los que […]

El PSOE siempre ha presumido de ser un partido del pueblo. Más popular que el Partido Popular, entendiéndose tal concepto por el de más de la gente llana. Y ha predicado con el ejemplo poniendo a su frente a dirigentes llamados González, Rodríguez, Pérez, Sánchez, Fernández, y puede que Díaz. Menos Almunia, todos los que ha tenido desde la Transición. No como la derecha, siempre elitista a ojos de la izquierda incluso en los apellidos escogidos de sus presidentes. Hasta el punto de la duda de si los elegía por su filiación civil inequívocamente original: Fraga, Aznar, Rajoy. Hernández fue su excepción.

En lo del escrutinio electoral la cosa cambia. Ahí el PSOE no está siendo el partido del pueblo, el más popular, desde hace algún tiempo, desde hace demasiado tiempo. Y las perspectivas para un futuro cercano no eran ni son mejores que las certezas actuales. Por eso a los socialistas no les convenía, ni conviene, ni convendrá acudir de nuevo a las urnas dentro de mes y medio ni hasta muchos meses más que transcurran. Por lo tanto, y en la actual coyuntura política española, sólo le cabían dos opciones: una, la de formar gobierno contando con los principales enemigos del gobierno que iba a formar, o sea los independentistas, más los principales enemigos del partido que pretendía apuntalar de esta manera su líder de entonces, es decir, un Podemos que sólo puede crecer a su costa; o dos, la de abstenerse y dejar gobernar al más votado, que resulta que es el PP con Rajoy. No había más.

Cohabitar con Podemos y coexistir con ERC era suicidarse ellos y suicidarnos todosCohabitar con Podemos y coexistir con ERC era suicidarse ellos y suicidarnos todos. Por eso llama la atención la cerrazón de quienes aún ahora abogan por ello. Cargarse un partido centenario y un país milenario por no ayudar a Rajoy me parece una de las mayores estupideces que imaginarse pueda uno en el terreno de la política. Y diría lo mismo si la cosa fuera al revés y el PP en minoría no mayoritaria prefiriera pactar con una Fuerza Nueva rediviva para no permitir que un constitucionalista y vencedor PSOE gobernara. Hay cosas con las que no se puede jugar.

Así lo entiende, entre otros, el Íbex-35, a quien los resistentes noístas pro-Sánchez culpan de torcer el brazo a su Comité Federal y de doblegar la voluntad de las bases socialistas. Pero a lo mejor resulta que no ha hecho falta, y que los levantiscos barones -a quienes los más osados llaman “golpistas”- lo vieron claro desde el principio sin necesidad de que el CNI, Obama o Alierta lo susurraran a sus oídos. Coincidir con alguien en un diagnóstico no significa sucumbir a la voluntad del coincidido. Porque, ¿cómo demostrar quién fue el inspirador y quién el inspirado?, ¿cómo decidir a qué investigador le damos el Nobel si un japonés y un canadiense llegan a la vez al mismo descubrimiento? Dejemos la autoría de la idea de la abstención en custodia compartida.

Mariano Rajoy en la segunda sesión de su investidura en el Congreso el 27 de octubre. Foto: CONGRESO DE LOS DIPUTADOS Otra cosa bien distinta es llevar la bandera de la no obstrucción al país de Rajoy al frente de la manifestación, cosa que, por ejemplo, algunos veíamos claro que no iba a hacer nunca el valenciano Ximo Puig, de los pocos que están demostrando en este suelo patrio que saben de qué va esto de la política. Abstencionista como el que más, lo que no podía de ninguna manera para no descoser su Consell era significarse en exceso. De ahí su paso a segunda fila, y sus menos numerosas intervenciones en los telediarios nacionales desde que se conoció La Decisión de Suzanne. A partir de ese momento, otra vez ante las cámaras pegadito a Mónica Oltra.

¿Qué consigue el PSOE con este razonable cambio de actitud? Sobrevivir¿Qué consigue el PSOE con este razonable cambio de actitud, que mantengo que tenía que haber encabezado Pedro Sánchez cuando su partido aún podía exigir leoninas partidas a Mariano Rajoy? Sobrevivir. Porque como el gallego diga cualquier mes de estos (a partir de mayo, miren si tiene tiempo para caldear el ambiente) que así no se puede gobernar, las urnas hundirán más a su histórico rival. Ahora es el PSOE el primer interesado en que no haya elecciones. Bueno, antes también. Y cuanto más tarden, mejor. Es la única manera de intentar sacar rédito a su papel simultáneo de embridador de ministros populares y opositor al resto de la oposición (vulgo segador de hierbas podemitas), que son los dos personajes que, a la vez, ha de interpretar a partir de ahora y a poder ser durante cuatro años preciosos para resucitar social y popularmente de una vez por todas.

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Vicente Climent

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