Impulso irresistible

Juan Benet, Generación del medio siglo

Juan Benet en el programa Autorretrato, 1984 (Fuente: RTVE).

“Levantó el ancla una mañana despejada, pero excesivamente cálida para tales fechas, de finales de octubre. Con el aire saturado del pronóstico de posibles turbonadas y tormentas, el Garray en cuanto cruzó los bajos de Cayo Sal puso rumbo hacia el SE a fin de enfrentarse con las temidas borrascas lejos de los bancos de las Bahamas y de cruzar el archipiélago entre el Cayo de Santo Domingo y el paso de Mayaguana, con el favor de las corrientes. Al elegir tal derrota el capitán Basterra sabía que encontraría cierta oposición por parte de su primero, partidario de abandonar el golfo –incluso en aquellas fechas– por los estrechos de Florida que conocía a la perfección. Pero la decisión del capitán no estaba tomada tan sólo en aras de las condiciones de navegación, sino también en consideración a la seguridad de una misión que no quería ver alterada o entorpecida por un encuentro fortuito en unas rutas muy frecuentadas. Al menos era ése un pretexto que no podía ser puesto a discusión. Así se lo dijo a sus oficiales –en una reunión en la cámara, convocada la tarde del primer día, para darles cuenta de sus intenciones- con el propósito de excluir desde el primer momento cualquier clase de malentendido que pudiera dar lugar a ulteriores discrepancias y antagonismos de mayor alcance”.

Juan Benet: Sub rosa, capítulo IV

La aparición y buena acogida en 1967 de la novela Volverás a Región, escrita por Juan Benet (1927-1993), fue considerada como una importante contribución a la renovación de la narrativa española de posguerra, aunque perteneció a la llamada “generación del medio siglo”, también llamada “de los 50”. Se dan en este escritor unas excelentes cualidades por escribir relatos breves, de muy cuidadas descripciones. La idea del compromiso social es compartida por la mayor parte de los escritores, sin embargo, no todos creen que deba adoptar una expresión literaria extremada, de clara denuncia social o de postulados políticos; desde luego, en la literatura de Benet ése no es ni fundamento ni intención. Al contrario, este grupo comparte los supuestos éticos anunciados, los lleva a cabo mediante unos planteamientos fundamentalmente humanitarios, que no políticos, de la situación del hombre contemporáneo. Plantean el problema de la injusticia social, descubren los sentimientos de soledad y frustración de la persona, pero no llegan a desarrollar una concepción de la lucha social, sino que ofrecen un sentimiento solidario con el sufrimiento humano, sobre todo con los pobres. Esta sería la corriente neorrealista dentro de la gran diversidad de estilos, modos y maneras de autores.

Las principales características literarias de Benet, según la crítica y otros comentarios que hemos recogido, se pueden centrar en la inspiración y el estilo, que también son el resultado de las abundantes y fructíferas lecturas que sirven a nuestro autor para rechazar parte de los escritores que considera censurables desde el punto de vista estilístico. Ya pasaba eso con la destacada figura de Voltaire, tiempo atrás, que será el más duramente criticado por la ausencia de esta voluntad de estilo, así como la mayoría de los ilustrados. El siglo XIX español no saldrá mejor parado, y será Flaubert el que reinicie este trabajo de búsqueda de una voz personal, ajena a la inspiración, el que se identifique en mayor medida con el autor Juan Benet. Por ello, las reglas o la búsqueda de una novela fundamentada en reglas que determinen el desarrollo de la obra no aseguran la consecución de la obra personal: “Cuando el escritor, en cambio, no acepta ese acto de fascinación y exige de sí mismo que en todos sus juicios se  hallen presentes los agentes de control de la razón, no hace sino expulsar de la fiesta a la única persona que en un momento puede animarla…”, pues es el estilo lo que diferencia a una gran obra de arte de un resultado secundario. Frente a la “narratividad”, Benet expone el encuentro con un estilo subjetivo que realce la personalidad del escritor en la obra y ello le conduce a hablar de lo cotidiano y de lo ordinario, de manera que el escritor debería alejarse de las grandes gestas. Es ahí donde Benet encuentra las extraordinarias obras, desde El Quijote de Cervantes hasta Luz de agosto de Faulkner. En definitiva, Benet nos ofrece un texto interesante en donde se nos alcanza una invitación a la reflexión sobre la tarea del buen escritor. Tras sus sabias palabras se esconden ponderados juicios de lo que es la novela y de lo que, a la luz de sus lecturas, debe ser una historia o unos hechos.

“Nada preocuparía tanto al capitán Basterra como el fuerte balanceo y la súbitas arribadas de sotavento y aquella tercera noche, en previsión de una borrasca mañanera, primer aviso del temporal, dio orden a la guardia de estribor de arrizar la jarcia fija. Pero la noche transcurrió en calma, tan sólo alterada por los quejumbrosos lamentos de la madera sometida a constantes guiñadas y cabeceos, aullando como el perro que percibe más allá de las serenas tinieblas de los anómalos signos que le advierten de la proximidad de la amenaza. En la cuarta noche de travesía poca gente había de dormir tranquila en el castillo de popa del Garray; aquella tensa y susurrante calma, como si todos los elementos templaran sus cuerdas y afilaran sus cuchillas, estirando hasta su límite extremo…”

Juan Benet: Sub rosa, capítulo IV

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Demetrio Mallebrera

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