En nuestro entorno “civilizado” aumentó la protección a quien es diferente. Moda social sin revolución íntima. Porque la familia sobrevive enferma con la cada día más vacía de valores humanos y estéril educación en la escuela, pervertida por la política.
Hace apenas dos semanas, en el rebrotar de la primavera (nada es casual), el amigo de uno de mis cinco amigos auténticos a quienes por fortuna cuento con los dedos de una mano, desveló al mío y luego éste me contó: “¡Nada espero de mis hijos varones; y menos, de mi hija que acaba de ser madre!”. Honda pena sentí en la mirada triste del amigo fiel, a quien de seguido inquirí: “¿Qué sentirías tú si tus dos hijos se alejan de tu disposición y generosidad de padre?” Nada contestó. Sonrió en la felicidad del abuelo primerizo. Sin duda porque el amor verdadero, patrimonio casi en exclusiva adjudicado, injustamente, a las madres, es el ungüento que salva al padre olvidado. Porque mujeres y hombres lloramos y reímos, casi en igual medida, en las tristezas injustas y en la felicidad compartida. Qué inteligente y justo, guiado por el amor en el juicio final, se pronunció el legendario Salomón.
Vivir en el futuro
O madres y padres hemos fracasado, o sin duda nuestros hijos e hijas viven ya en el futuro que jamás nosotros (padres) y vosotras (madres) alcanzaremos con el pensamiento. Porvenir sólo accesible a través de los ojos de nuestro corazón vibrando en el amar. Nada sucede por azar. Todo es vivencias y decisiones. Ni en la naturaleza maestra con su ejemplo.
“¿Has visto el nido donde el ave empolla y da calor? ¡Observa a tu alrededor, como hizo Jorge desde niño, y aprende de la naturaleza! Fíjate en las pajitas incontables que forman un nido (sacrificios y actos en el amor de una madre y un padre). ¿Quién enseñó al pájaro tal maestría y amor?”.
De G. Taylor en krisisconk.com.
Cambios necesarios
En los cambios impuestos por el tiempo que empuja hacia el futuro a nuestros hijos, así es necesario en la vida, las madres y padres podemos cultivar valores humanos con nuestro ejemplo en la verdad. Sólo así nuestros hijos pueden, en su libre albedrío, decidir si se alimentan de lo mejor de la madre y su padre. Imposible es transmitir lo que no posees. Madres y padres cometemos errores que una hija y un hijo borrarán si con nuestros actos les contagiamos amor y verdad.
Todo ser humano desea sentirse bien consigo mismo frente a las imparables líneas de fuerza de los trapicheos mundanos vacíos de felicidad. Las modas sociales forjadas artificialmente en cada época conducen hacia el materialismo inhumano e insolidario, desterrado el valor supremo del amor o alegría compartida, no la alegría solitaria y egoísta.
Madres y padres, sin atentar la libertad de la hija o del hijo, nos implicamos si mostramos comprensión, amor, humanidad y verdad, callamos y esperamos. Pero ningún método de formación moral puede sustituir la acción del amor que por inspiración divina ilumina a cada alma (su voluntad y espíritu en acción).
Madres y padres, abuelos y abuelas en el amor vivido, podemos con la verdad en cada acción, y con amor, mostrar la belleza y felicidad cimentada gracias al amor y la bondad que se muestra si escuchas, les comprendemos y esperamos, y que es pacientemente amorosa.
Amor mudo
“El amor carece de memoria”, sentenció la sonrisa apacible del amigo. El amor posee poco de pensamiento neuronal. Siento que el amor es voluntad, compromiso, y es sentir qué y cuánto necesitas tú de mí, mis actos y silencios. Y entonces en esta vida abordamos, más pronto o más tarde, el secreto inalcanzable en una sola vida: ¿Problemas y tristezas en las relaciones humanas, de madres y de padres con hijos e hijas, son retos, dolor y alegría, pruebas de amor? Hoy, siento que sí.
Siempre en el silencio del amor incondicional, auténtico, quedan enterrados en el tiempo cada acto de amor. Siento que quien ama siempre calla. Porque cobrar el amor dado es un acto interesado. Y pedir recompensas es hipocresía. Porque del infeliz desamor sólo sanas con más amor. Vale (cervantino).














Es profundamente ilustrativo lo que dices sobre lo acertado de responder con amor incluso a los actos de desamor. Al final, el amor se sale con la suya: generar amor en el otro.
Un abrazo.