Reportajes

Fútbol, balompié, esferomaquia

Fotografía: Cristian Vázquez (Fuente: Pixabay).

El Museo Etnológico de Múnich conserva un texto realizado por el escritor chino Li Ju, que vivió alrededor del año 50 a. de C., en el que se narran los encuentros entre chinos y japoneses para realizar un deporte en el que se tenía que dirigir una pelota maciza, realizada en cuero y piel liado, a lo largo de una llanura. No se sabe muy bien cuál era el objeto del juego, pero parece ser que ganaba el que más tiempo tuviera la posesión de esa pelota. No se tiene constancia de que el balón se disputara solamente con los pies, lo más fácil es pensar que se hacía con cualquier parte del cuerpo por lo que posiblemente se permitiera una cierta violencia.

Jakob Johann Bachofen (Basilea, 1815-1887), historiador del derecho y filósofo suizo, impartió clases de derecho romano en su ciudad natal (1841). En sus estudios interpretó, desde una perspectiva romántica, la mitología romana y escribió el estudio histórico-etnológico El matriarcado (1861). Descubrió unas cuevas en la gran isla de Oceanía de Nueva Guinea (isla al Norte de Australia; 771.900 km² de superficie, más de 3,5 millones de habitantes; es la segunda isla más grande del mundo, después de Groenlandia), en donde se encontraban unos grabados datados en la época prehistórica en los que se reproducían escenas de la vida cotidiana. Entre estas reproducciones se podían ver hombres que impulsaban un objeto redondo con los pies.

Parece ser que los egipcios practicaban un juego de pelota, originario de la ciudad de Tebas, en el que se impulsaba un objeto esférico con los pies. Hay pinturas y grabados que así lo demuestran en un templo tebano dedicado a Amón.

También hay vestigios de este juego en los grabados de las tumbas de Menfis, Sakar y Beni Hassan.

Cuando los españoles tomaron los primeros contactos con los aztecas en el siglo XVI, pudieron ver un juego de pelota bastante peculiar, que en la muy noble Castilla se desconocía, al igual que en toda Europa.

Mural en Tepantitla (México). Fotografía: Daniel Lobo (Fuente: Wikimedia).

En este juego se enfrentaban dos equipos uniformados que tenían que introducir un balón por un aro de piedra orientado de manera vertical. Para ello podían utilizar todas las partes del cuerpo salvo las manos, aunque estas servían para empujar al contrario. Lo que más sorprendió a los españoles fue que después del juego, el capitán del equipo perdedor pagaba con su cabeza el no haber sabido dirigir hacia la victoria a sus compañeros. En ese momento, entendieron porqué las gradas de la cancha donde se desarrollaba el juego estaban llenas de cráneos, que eran de los honorados perdedores.

El origen del fútbol europeo se encuentra en un juego griego llamado Harpaste o Harpastum, en griego “agarrar”. Según diversas fuentes, se piensa que este es el nombre de una pelota con la que se practicaban diversos juegos como el Feninde (del griego “engañar” o del nombre de su inventor Fénide o Faenestius). En este juego, un jugador de uno de los equipos lanzaba la pelota y sus compañeros tenían que llevarla sin que tocara el suelo lo más lejos posible, defendiendo el otro equipo e intentando por todos los medios que la pelota cayera al suelo. Cuando el balón caía al suelo, se intercambiaban los papeles y el equipo que defendía pasaba a atacar. El juego era ganado por el equipo que había llevado la pelota más lejos. El objetivo del juego era engañar al rival sobre la dirección de la pelota, esto justificaría el nombre de este juego. Además existían modalidades diversas de esta competición, llamadas Esferomaquia –combate de la pelota–, Pelota común y Pelota de los Efebos.

En el blog Voladizo de Gol Sur he encontrado referencias muy interesantes sobre esta materia, que reproduzco a continuación: El 1 de agosto de 1908, D. Mariano de Cavía sacó a la luz, como el prestidigitador de su chistera, un nuevo vocablo, no existente con anterioridad, para denominar con carácter patriótico y españolizante el sport llamado foot-ball (bajo las reglas de la association) que cada vez se hacía más popular. Lo hizo por deseo expreso de unos jóvenes sevillanos, hijos de militares, que se preparaban para la carrera militar. Y esto de que eran militares no lo digo yo, esto lo reconoce el propio Discóbolo (Gil Gómez) cuando escribe:

Año el de 1908 de exaltación del fervor patrio, D. Mariano, desde su columna de El Imparcial, luchaba con pasión por evitar cualquier fenómeno extranjero que impregnase lo español, pero si llegaba, inexorablemente, lo convertía en hijo de Castilla. Decía Cavia; “¿No ponen en los carteles de Gibraltar para anunciar una corrida de toros, en vez de plaza de toros, bullring?

Y D. Mariano propuso el término “balompié”. No tardaron otros escritores y periodistas en censurar y criticar ese vocablo, y a los pocos días podíamos leer esto;

Los más puristas dudaban incluso de esa castellanización del vocablo, dado el origen francés de la palabra balón. El mismísimo Azorín, como garante absoluto del idioma, aseveraba la existencia de otras palabras que venían a significar lo mismo, sin necesidad de forzar vocablos nuevos de dudosa procedencia etimológica.

Esferomaquia (*), o lucha por la pelota de viento. Palabra de raíz latina. Ese era el vocablo que propugnaba Azorín. Si había que cambiar foot-ball por una palabra castellana, debía sustituirse por esferomaquia.

(*) De sphaera-maquia. En la imprenta debieron comerse la h y pusieron esperomaquia en lugar de espheromaquia.

El lenguaje oral, como signo de distinción en la comunicación de la especie humana, decían que estaba hecho para eso, para comunicarse, y la gente sabía perfectamente que era el foot-ball, pero no lo que era la esferomaquia o el balompié.

Benavente, D. Jacinto (no confundan por favor), tampoco tardó en salir a la palestra y expresar su punto de vista:

Apasionante el debate como habrán observado. Las dos Españas, una vez más, enfrentadas por el léxico.

Foot-ball, balompié y esferomaquia.

Al final, don Jacinto se llevó el gato al agua, y el pueblo llano en su inmensa mayoría hizo perdurar y conservar el vocablo inglés, al igual que ocurrió en el resto del mundo. Pero no me negarán lo bello de la historia. Así es como termina esta importante investigación del blog Voladizo de Gol Sur.

Espero que hayan disfrutado.

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Ángel Mota López

Licenciado en Medicina y Cirugía en 1969, por la Universidad de Valencia; diplomado en Sanidad Pública Nacional, Gerencia de Jefes de Servicio, Estudios Clínicos Controlados y RCP; titulado en Especialista en Medicina Interna y Especialista en Medicina Intensiva y Máster en Gestión y Dirección Hospitalaria.
He realizado docencia para posgraduados en la Unidad de Cuidados Intensivos entre 1982 y 1987 en el Hospital de Elche y en la facultad de Medicina de la Universidad de Alicante y he dirigido cursos de RCP y el I Curso de Medicina de Urgencias, entre otros. Además, he sido profesor del Máster de Urgencias de la Universidad de Alicante entre 1989 y 1992.
Fui jefe de sección de UCI en el Hospital General de Elche hasta 1993, año en que pasé a ser médico jefe de Servicio de UCI, siendo también miembro de la Junta Facultativa de dicho hospital y exdirector gerente-médico del Hospital General Universitario de Alicante y fundador de la Sociedad Medicina Intensiva del País Valenciano (SMI-PV).
Fui nombrado Hijo Predilecto de Pinarejo (Cuenca) en 1998 y Alicantino de Adopción en mayo de 2019. En junio de 2019, el Colegio de Médicos de Alicante me entregó un diploma conmemorativo por haber cumplido 50 años de profesión médica.

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